Las proteínas de los dientes reescriben la historia evolutiva de los osos de las cavernas de Atapuerca
La investigación se basa en el análisis de proteínas del esmalte dental, unas moléculas mucho más resistentes al paso del tiempo que el ADN
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Las proteínas conservadas durante cientos de miles de años en el esmalte de los dientes han permitido a un equipo liderado por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) reconstruir con un nivel de detalle sin precedentes la historia evolutiva de los osos de las cavernas. El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, representa el mayor conjunto de datos paleoproteómicos conseguido hasta la fecha sobre estos animales y demuestra el enorme potencial que tiene este tipo de conservacion para investigar especies demasiado antiguas como para tener ADN utilizable.
La investigación se basa en el análisis de proteínas presentes en el esmalte dental, unas moléculas mucho más resistentes al paso del tiempo que el material genético. Gracias a esta característica, los científicos han podido recuperar información molecular de animales que vivieron durante el Pleistoceno medio e inferior, un periodo que hasta ahora permanecía prácticamente fuera del alcance de las técnicas genéticas convencionales. De este modo, la paleoproteómica, la disciplina científica que estudia las proteínas antiguas conservadas en restos fósiles y arqueológicos, se consolida como una herramienta capaz de abrir nuevas vías de estudio de la evolución.
Atapuerca, clave para reconstruir un millón de años de evolución
Para llevar a cabo el trabajo, los investigadores analizaron restos dentales de 55 osos procedentes de yacimientos de España, Portugal e Italia. Sin embargo, el peso del estudio recae especialmente sobre los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), cuyos fósiles han permitido seguir la evolución de este grupo de mamíferos durante un periodo cercano al millón de años.
El yacimiento Gran Dolina es uno de los más fructíferos de la Sierra de Atapuerca
Los restos recuperados en Gran Dolina, Sima de los Huesos y Cueva Fantasma constituyen el núcleo temporal de la investigación. La excepcional conservación de estos yacimientos ha permitido a los científicos reconstruir la evolución de varias especies de osos que habitaron Europa mucho antes de la aparición del oso de las cavernas clásico, aportando una perspectiva mucho más completa sobre cómo fue cambiando este linaje a lo largo del tiempo.
Uno de los resultados más destacados del estudio afecta a Ursus dolinensis, una especie extinta descrita a partir de fósiles encontrados en el nivel TD4 de Gran Dolina y cuya posición dentro del árbol evolutivo de los osos llevaba décadas siendo objeto de debate entre los especialistas. Los análisis proteómicos indican ahora que esta especie ocupó una posición basal dentro del grupo, reforzando la hipótesis de que representó una de las primeras formas evolutivas que acabarían dando lugar a Ursus deningeri y, posteriormente, a Ursus spelaeus, el conocido oso de las cavernas.
Hay vida más allá de los restos de ADN
El trabajo pone también de manifiesto cómo las proteínas pueden convertirse en una alternativa fundamental cuando el ADN ha desaparecido debido al paso del tiempo. Mientras el material genético suele degradarse con relativa rapidez en escalas geológicas, determinadas proteínas del esmalte dental permanecen estables durante cientos de miles e incluso millones de años, permitiendo recuperar información evolutiva imposible de obtener por otras vías.
Esta investigación refleja además la apuesta del CENIEH por la paleoproteómica, una línea científica reforzada con la puesta en marcha, a comienzos de 2026, de su Laboratorio de Paleobiología Molecular. La combinación entre un registro fósil excepcional como el de Atapuerca y estas nuevas herramientas de análisis molecular sitúa a los yacimientos burgaleses como un referente internacional para comprender la evolución de los grandes mamíferos del Pleistoceno. El estudio no solo ayuda a aclarar el origen de los osos de las cavernas, sino que abre la puerta a resolver otras muchas incógnitas sobre especies prehistóricas cuyo ADN tampoco ha podido sobrevivir al paso del tiempo. ...
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