King África: «¿Qué música escucho? Miles Davis y The Clash»

Nadie sabe cuándo nació el «rey de los veranos», como se califica Alan Duffy varias veces a lo largo de la entrevista, aunque cientos de millones de personas hayan escuchado y bailado su famosa canción: «Nací en 1742 a.
C.
Luego mordí a Drácula y ya no me acuerdo de nada». ¿Pero eres de Buenos Aires? «Eso dicen», responde, haciéndose el misterioso.
Sorprende todavía más que casi nadie en España sepa que King África existía mucho antes de que él fuera King África, y que el King África anterior ya había conseguido varios discos de oro e incluso había grabado algunos de sus temas con Los Del Río.«Es cierto.
King África antes era otra persona.
Yo trabajaba como informático en una fábrica de muebles de Argentina y, al mismo tiempo, colaboraba componiendo sintonías de radio y televisión para la discográfica Oíd Mortales, que luego propuso reflotar el proyecto de King África en 1996, ya que se había estancado [su primer solista fue el rapero argentino Martín Laacré ].
Acepté y aquí sigo.
Justo antes había trabajado en una campaña publicitaria de una conocida marca de ron, cuyo 'jingle' interpretaba en discotecas rodeado de las modelos más conocidas de mi país», asegura el músico.
Duffy contesta a la llamada de ABC desde su casa en Valladolid, la ciudad en la que se refugió hace ya unos años tras haber vivido en Nueva York, Los Ángeles, São Paulo y Buenos Aires. «Me cansé, esos sitios tan grandes son un manicomio.
Si entras a trabajar a las diez, te tienes que levantar a las siete porque te esperan dos horas de atasco.
Ya lo sufrí durante mucho tiempo, ahora puedo darme el gusto de estar en Madrid en 55 minutos con el AVE», reconoce.Aquel primer King África al que Duffy nunca conoció publicó su debut, 'El Africano', en 1993.
Fue disco de oro en Argentina.
Un año después editó 'Al Palo', situándose entre el reggae y el hip hop.
Su fama se extendió por toda Latinoamérica y Laacré llegó a actuar en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.
Todo parecía ir bien y, de repente, abandonó el proyecto por diferencias con los productores.
En ese momento, Duffy lo sustituyó y llevó la marca a niveles nunca vistos con canciones como 'El Camaleón', 'El Humahuaqueño' y, sobre todo, 'La Bomba' , una versión de la banda boliviana Azul Azul. «La grabamos de casualidad porque nos faltaban cuatro temas para un disco.
Lo canté leyendo la letra porque ni siquiera me la sabía.
Después nos fuimos a Estados Unidos y, en Dallas, me llamó mi discográfica para decirme que tenía que regresar a España rápidamente.
'¡Esto es la bomba!' repetían.
Yo no sabía de qué hablaban.
Al aterrizar, hasta el policía del aeropuerto me dijo de broma: '¡Hombre, esto es la bomba!'.
El presidente de la compañía y todo su equipo me esperaban.
El tema había explotado y no sabíamos por qué.
Dos días después fuimos al programa 'Música sí' y tuve que tirarme al suelo, haciéndome el muerto, para que el público la cantara por mí.
Todavía no me sabía la letra.
Imagínate si fue inesperado», recuerda.250.000 copiasEl disco, titulado 'Grandes éxitos' (Numuzik, 2000), fue número uno en Los 40 Principales y conquistó Europa.
Duffy realizó una gira de más de 150 conciertos por España, Portugal, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Suiza, Rumania y Holanda y se convirtió en disco de oro de varios de esos países, actuando en sus principales programas de televisión.
Un año después, el sencillo superó las 250.000 copias vendidas en Francia y llegó al número tres de Japón, donde realizó otra gira de más de un mes y medio.
Una locura.
Duffy se convirtió en el rey mundial de la pachanga, aunque entre sus influencias de la infancia cite a Vivaldi, Chaikovski y Mozart.
De adolescente estudió en un colegio militar, pero fue un punk de los de Sex Pistols, The Clash y Ramones, grupos que aún escucha.
Luego vino el rock. «Me encantan Genesis, Supertramp y The Alan Parsons Project.
Tengo una colección enorme de discos de los 70 y 80», asegura.
Incluso formó una banda tributo a Police.
Y trabajó como ayudante de técnico de sonido de artistas como Javier Calamaro, hermano de Andrés Calamaro. «Si ahora miras mi reproductor, de hecho, lo que más escucho es a Miles Davis y a otros músicos de jazz como Wynton y Branford Marsalis», subraya.Hoy en día King África dedica su tiempo a actuar en festivales para nostálgicos, verbenas de pueblos y, desde hace tres años, en bodas.
Acaba de llegar de una en Toledo.
Un mercado que, según cuenta, se disparó después de que se presentara por sorpresa en la ceremonia nupcial de la hermana de María Pombo: «Esa misma noche, cuando volvíamos al hotel, mi mánager me dijo: 'Me han entrado sesenta correos preguntando por tus servicios'.
La noticia salió en la revista '¡Hola!' y se disparó». ¿Nunca le afectó tocar en bodas? «Jamás. ¿De qué sirve creerse Dios?
Hay artistas que piensan que actuar en determinados sitios es un desprestigio, pero yo no.
Yo hago pachanga y canciones del verano y me dedico a sacar sonrisas y hacer bailar a la gente.
En 2000 actué en el Festival Son Latino de Canarias delante de 250.000 personas y aquí me ves.
Soy igual de feliz cantando para esa multitud que en una boda.
Cuanto más te creas por encima de los demás, más dura será la caída cuando todo termine.
Hay que mantener los pies en la tierra», justifica. ¿Y cuánto me cuesta que actúe en mi boda? «Yo solo canto.
Para hablar de dinero está mi oficina».
Por si se lo está pensando, clientes recientes nos hablan de entre tres mil y diez mil euros. ...
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