Esta es la primera señal de que tu hijo tiene un problema con las pantallas

Hay una escena que se repite en miles de hogares.
Un adolescente pasa la tarde encerrado en su habitación con el móvil.
Los padres creen que está hablando con sus amigos, viendo vídeos o jugando, y piensan que forma parte de la normalidad de su generación.
Sin embargo, detrás de esa pantalla puede estar ocurriendo algo más profundo: una pérdida progresiva de las relaciones cara a cara, de la capacidad para gestionar emociones y de habilidades sociales esenciales para su desarrollo.No se trata únicamente de una percepción.
Diversas investigaciones ya relacionan el uso intensivo de dispositivos digitales con un mayor aislamiento social, problemas de atención, dificultades de comunicación e incluso un incremento del riesgo de ansiedad y depresión.
Según alerta la Copa COVAP junto al Consejo Andaluz de Colegios de Enfermería, dedicar cuatro o más horas diarias a las pantallas favorece el retraimiento y reduce la calidad de las relaciones de amistad, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
Pero, ¿cómo saber cuándo el móvil ha dejado de ser una herramienta para convertirse en un problema?
El verdadero aviso no está en el número de horas.
Para Cristina Polo Sevilla, psicóloga y responsable asistencial de Yees!, el error más frecuente es fijarse únicamente en el tiempo que un menor pasa delante de una pantalla. «La primera señal no suele ser el tiempo que pasa con el móvil, sino lo que deja de hacer», explica.
Es decir, el deporte que abandona, el amigo al que deja de llamar, la actividad que antes disfrutaba y ahora ha desaparecido de su rutina.Noticia relacionada general No No Marcos Llorente, sobre la crianza de su hija: «Quiero hacer un colegio para protegerla de los campos electromagnéticos» Inés RomeroA esos cambios se suman otros indicadores que conviene observar: irritabilidad cuando no puede acceder al dispositivo, alteraciones del sueño, un descenso del rendimiento escolar o cambios bruscos de humor .
Sin embargo, la experta destaca una señal especialmente preocupante. «Cuando la pantalla se convierte en la única forma que tiene el menor de gestionar el aburrimiento, la tristeza o la ansiedad ya no estamos hablando solo de un uso excesivo, sino de una función de escape que debe ser atendida».
Ese uso como refugio emocional explica por qué limitar simplemente el tiempo frente a las pantallas no siempre resuelve el problema.Mucho más que un exceso de móvilLas pantallas no sustituyen automáticamente a los amigos, pero sí están modificando la manera en la que niños y adolescentes aprenden a relacionarse .
La comunicación digital facilita mantener el contacto, especialmente durante la adolescencia, pero no ofrece las mismas oportunidades que el encuentro presencial.
Según Polo Sevilla, es precisamente en las conversaciones cara a cara donde los menores desarrollan la empatía, aprenden a interpretar el lenguaje no verbal, resuelven conflictos y gestionan emociones complejas. «El problema aparece cuando las relaciones online desplazan de forma habitual los encuentros en persona o reducen el tiempo dedicado a otras actividades sociales».El problema aparece cuando las relaciones online desplazan de forma habitual los encuentros en persona Cristina Polo SevillaLa psicóloga recuerda además que el aislamiento rara vez tiene una única explicación.
En ocasiones, el exceso de pantallas favorece el retraimiento, pero también sucede el proceso contrario: un niño que ya se siente solo o atraviesa un mal momento emocional encuentra en el entorno digital un lugar donde refugiarse.
Por eso insiste en que el objetivo no debe limitarse a controlar el móvil, sino comprender qué necesidad está cubriendo esa pantalla y qué está ocurriendo en la vida del menor.
La preocupación coincide con la expresada por profesionales sanitarios.
Desde el Consejo Andaluz de Enfermería recuerdan que el abuso de dispositivos reduce la interacción cara a cara y dificulta el desarrollo de habilidades como la empatía, la escucha o la comunicación emocional, además de favorecer el aislamiento social.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que muchas habilidades sociales solo pueden desarrollarse fuera de la pantalla.«La vida digital permite evitar lo incómodo», explica Polo Sevilla.
Basta con dejar un mensaje sin responder, abandonar una conversación o bloquear un contacto.
En cambio, en la vida presencial es necesario afrontar desacuerdos, interpretar gestos, negociar y tolerar la frustración.
Precisamente ahí es donde se aprende a construir relaciones sanas y duraderas.
Por ello, los expertos recomiendan que el uso de la tecnología no sustituya experiencias esenciales como el deporte, el juego libre, las actividades al aire libre o las conversaciones familiares.Muchos padres se preguntan si existe un número exacto de horas aceptable.
Para la psicóloga, la respuesta es más compleja.
El tiempo importa, especialmente cuando desplaza el descanso, el ejercicio físico, los estudios o la convivencia familiar.
Pero también es importante el tipo de contenido que consumen los menores y el propósito con el que utilizan la tecnología.
No es lo mismo emplear una pantalla para aprender o comunicarse con amigos que hacerlo para consumir de manera pasiva contenidos durante horas.
La especialista recomienda acordar normas antes de que aparezcan los conflictos, establecer espacios libres de pantallas —como las comidas o la hora previa al sueño— y ofrecer alternativas atractivas de ocio.
Todo ello acompañado de un ingrediente imprescindible: el ejemplo de los propios adultos.MÁS INFORMACIÓN noticia No Lo que le ocurre al cerebro de tu hijo si abusa del móvil: el límite que debes ponerle en verano noticia Si Uno de cada diez escolares en Castilla-La Mancha usa más de cinco horas diarias las redes sociales noticia No Arantxa Ybarra Otín, psicóloga: «No podemos decirles a los niños que no cojan el móvil si los padres estamos todo el día con él en la mano» noticia Si La Junta oferta más de 5.800 plazas en campamentos y actividades juveniles este verano«Resulta difícil pedir a un hijo que reduzca el uso del móvil si los padres están constantemente pendientes del suyo», recuerda.
Además, mantener horarios regulares de descanso, fomentar la actividad física diaria, reservar tiempo para el juego y las relaciones presenciales y conversar en familia sin dispositivos ayudan a construir una relación más saludable con la tecnología.
La clave, concluye Polo Sevilla, no está en demonizar las pantallas, sino en observar el conjunto de la vida del menor.
Si duerme bien, mantiene amistades, disfruta de actividades fuera del entorno digital y puede desconectar del móvil sin un gran malestar, probablemente existe un equilibrio saludable.
Porque el objetivo no es criar niños alejados de la tecnología, sino enseñarles a convivir con ella sin que termine ocupando el lugar que corresponde a la vida real. ...
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