El crimen sin respuesta de Manuela Barbosa: la familia se rebela contra el archivo del caso

La tarde del 13 de julio de 2021, Manuela Barbosa, de 66 años, salió de su casa, en Redondela (Pontevedra), cogió un taxi para ir a casa de una de sus hijas y visitar a su única nieta.
Ya nunca volvieron a verla.
Se le perdió el rastro hasta que, casi tres años después, apareció su cuerpo con evidentes signos de violencia en una finca privada a escasos metros de la vivienda de la hija a la que iba a visitar.
La jueza ha dado recientemente carpetazo a la causa.
Sus familiares, más que decepcionados, están «indignados» con la decisión judicial.
Creen que quedaban diligencias por practicar y testigos a los que escuchar.
Pero, al menos por ahora, el caso de Manuela Barbosa pasa a engrosar la lista de los crímenes gallegos sin resolver.«Nadie está preparado psicológicamente para la experiencia de tener un ser querido desaparecido y asesinado.
Necesitamos una página final para poder continuar», lamenta en conversación con este diario Raquel, una de las dos hijas de Manuela.
Para ella, para su hermana Ana y para José Antonio, marido de la víctima y padre de ambas, desde que Manuela falta su día a día «consiste en aprender a sobrevivir».Ninguno de ellos pensó jamás que detrás de la desaparición de Manuela, a quien cariñosamente llamaban 'Lela', pudiera esconderse una muerte violenta.
Durante mucho tiempo achacaron su ausencia a su delicado estado de salud: quizá se había desorientado, quizá había sufrido una caída...
Nunca se les pasó por la cabeza que, casi tres años después, la autopsia iba a revelar que «el origen médico-legal más probable de la muerte» era «homicida».
Tenía al menos tres golpes en la cabeza, uno de ellos muy severo, con «signos de violencia sospechosos de criminalidad».El archivoPero no aparecieron restos de ADN que pudieran arrojar luz sobre la autoría del crimen.
Tampoco quienes encontraron el cadáver aportaron pistas relevantes.
Y con unos atestados en los que no se apreciaba ningún avance en la investigación, el Tribunal de Instancia de Redondela decretó el archivo provisional de la causa, una decisión que la Audiencia Provincial de Pontevedra acabaría avalando hace apenas un par de meses.
La familia, sin embargo, cree que ni el juzgado ni la Guardia Civil agotaron todas las posibilidades antes de dar el caso por cerrado.
Considera que todavía hay «hilos de donde tirar» y, al menos, «17 testigos a los que escuchar».«Nadie está preparado para tener un ser querido desaparecido y asesinado.
Necesitamos una página final para poder continuar» Raquel Hija de ManuelaManuela estaba ilusionadísima con su única nieta; se le caía la baba con ella.
Su marido le propuso llevarla en coche después de comer, pero ella estaba impaciente y decidió coger un taxi hasta la casa de su hija Ana.
Se acercó a la parada, en el centro de Redondela, y se subió al vehículo de un taxista al que ya conocían para recorrer los ocho o diez kilómetros que separan la localidad de Arcade, en el municipio de Soutomaior (Pontevedra).Noticia relacionada general No No Crónica negra El crimen del autobús de Verín: un encargo familiar entre celos y herencia Jesús HierroEl taxista, sin embargo, no la dejó en la puerta del edificio de su hija, sino unos metros antes.
Fue la propia Manuela quien se lo pidió porque prefería recorrer el último tramo caminando.
El conductor recuerda algo que le llamó la atención.
Era 13 de julio, hacía calor y todavía era obligatorio llevar mascarilla por la pandemia.
Cuando Manuela fue a pagar, el taxista vio cómo sobresalían varios billetes de su cartera.
Le pareció que llevaba demasiado dinero, quizá unos cien euros, y le hizo una recomendación: «Ten cuidado».Se le pierde la pistaEn todo caso, el taxista no fue la última persona que la vio con vida.
Un conocido de la familia se cruzó con ella en Arcade y, poco después, las cámaras de seguridad de una entidad bancaria la grabaron mientras pasaba por delante.
Eran alrededor de las cuatro de la tarde y Manuela parecía estar perfectamente.
Fue ahí donde se le perdió definitivamente la pista.
No hay constancia de que llegara a llamar al telefonillo de la vivienda de Ana, que estaba apagado porque la nieta dormía la siesta.
Además, su hija ni siquiera sabía que pensaba ir esa tarde.
Como no esperaba la visita de su madre, cuando la niña se despertó salió de compras con ella a Pontevedra.Tampoco Raquel, la otra hija, que vive en Soutomaior, sabía que aquella tarde su madre se dirigía a casa de Ana.
Lo descubrió sobre las ocho de la tarde, cuando su padre la llamó para preguntarle si Manuela estaba con ella o con su hermana.
Raquel telefoneó entonces a Ana, que le confirmó que su madre no había aparecido y que tampoco sabía que tenía previsto ir. «Fue entonces cuando se nos encendieron todas las alarmas», recuerda Raquel.
La familia localizó al taxista, que les relató el recorrido que había hecho con Manuela aquella tarde.
Al día siguiente presentaron la denuncia.
Los restos de Manuela aparecieron el 18 de junio de 2024 en una finca privada, a unos 200 metros de la vivienda de su hija.
Conservaba las joyas que llevaba puestas y también la cartera con dinero, de modo que la hipótesis del robo perdía fuerza. ¿Por qué alguien querría acabar con la vida de una mujer de la que no constaba que tuviera conflictos con nadie?
Los investigadores se encontraron en un callejón sin salida y el juzgado decretó el sobreseimiento provisional.La Guardia Civil tomó declaración a los familiares más próximos, al taxista que la llevó a Arcade, al conocido que la vio por última vez en la calle, a los agentes instructores del caso y analizó también los movimientos de la cuenta bancaria de la víctima durante los días previos, sin encontrar nada extraño.
No apareció ningún hilo del que tirar.
Sin embargo, para la familia, «todo el caso es una chapuza, una negligencia tras otra y poniendo el foco donde no debían hasta el archivo», lamenta Raquel ahora que la Audiencia Provincial ha avalado el carpetazo.Los recursos de la familiaEl abogado de la familia, Luciano Prado, trató de evitar el archivo al considerar que todavía quedaban diligencias relevantes por practicar. «Decretar el archivo en este punto, cuando existen vías relevantes sin explorar, supone una renuncia a la búsqueda de la verdad», alegaba en su recurso ante la Audiencia Provincial de Pontevedra.
Y ponía sobre la mesa varias cuestiones que, a su juicio, justificaban continuar con la investigación.El recurso de la familia «Decretar el archivo en este punto, cuando existen vías relevantes sin explorar, supone renunciar a buscar la verdad»Por un lado, sostenía que prácticamente toda la instrucción se había desarrollado bajo secreto de sumario, de modo que la familia y su abogado no pudieron conocer el contenido de las diligencias ni realizar aportaciones a la investigación.
Además, entendía que los interrogatorios practicados por la Guardia Civil no eran suficientes y consideraba imprescindible que varios testigos declarasen también en sede judicial, ya que esas declaraciones «ofrecen unas garantías y un valor probatorio muy superiores» a los de un atestado policial.
A su juicio, no serían diligencias reiterativas, «sino esenciales para contrastar, ampliar y dotar de solidez probatoria a los indicios recabados».En concreto, el letrado proponía escuchar en sede judicial a 16 testigos, además de a los investigadores.
Entre ellos figuraban la familia de Manuela, el taxista que la llevó a Arcade y el conocido que la vio por última vez.
También los propietarios de la finca en la que apareció el cadáver, varios vecinos de parcelas colindantes y la persona que estaba desbrozando el terreno cuando se encontró el cuerpo de la vecina de Redondela.Esos argumentos no convencieron a la Audiencia Provincial de Pontevedra, que dio la razón a la jueza instructora al entender que esas declaraciones «no pueden considerarse relevantes a efectos de la instrucción».
Repetirlas ahora en sede judicial, sostiene el tribunal, supondría actuar de forma «prospectiva para ver si en algún momento puede surgir algún hilo novedoso», cuando la instructora ya había analizado los atestados «sin haber podido encontrarlo».La familia no comparte esa explicación y tienen preguntas a las que siguen sin encontrarles respuesta.
Les cuesta entender cómo el cadáver de Manuela permaneció durante casi tres años en una finca privada sin que nadie reparara en él.
Y Raquel recuerda un episodio ocurrido el año pasado.
Su hermana y una amiga se acercaron a la finca y, de repente, aparecieron unos vecinos recriminándoles que las hubieran «metido en un lío».
Uno de ellos, asegura, llegó incluso a amenazarlas con un palo.
Las dos mujeres no entendían qué estaba pasando. ...
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