Monsieur Pedro disfraza a los demócratas

¿Y cómo viste un joven demócrata?
Hoy, por obra y (des)gracia del laboratorio de ocurrencias monclovitas, resulta que ser demócrata ya no es solo una convicción, ni la manera que nos hemos dado de regular y ejercer la libertad.
Chorradas, para el 'atelier' de Pedro es algo muuuuucho más importante: estética, uniformidad.
Ahora, los demócratas deben reconocerse entre ellos, como los babuinos en la sabana, y sobre todo poder advertir por su aspecto a quienes claramente no lo son: todos los demás.En mis tiempos, allá por el Cretácico, reconocíamos media docena de tribus: los punkis, los heavis, los mods, los rockers, los bakalas.
Cada uno llevaba encima una música, una pose y una forma de estar en el mundo.
La ropa era una declaración de intenciones.
Pero incluso entonces nadie era tan sopazas, o tendencioso, como para repartir carnés de demócrata en función de si venerabas a Elvis o tu peli de culto era 'Quadrophenia'.Incluso asistimos a evoluciones de la especie.
Al pijo le sucedió el cayetano, su evolución natural.
El aspecto del perroflauta, como su ideología, sigue sin evolucionar.Porque eso hemos hecho siempre: mirar y clasificar.
Dime cómo vistes y te diré quién eres.
Dime qué música escuchas y te diré qué votas.
Dime dónde compras la ropa y te diré a qué tertulia perteneces.
El problema es que casi siempre nos equivocamos.
Porque una apariencia puede sugerir, pero nunca demuestra.
El prejuicio empieza cuando convertimos una sospecha en una certeza.Lo verdaderamente sorprendente es que ahora haya aparecido un uniforme de la democracia.
Una indumentaria oficial del ciudadano correcto.
Una estética que, según la propaganda de turno, identifica al joven demócrata frente a los demás.
Y acojona. porque es sacralizar un estigma, busca un señalamiento, algo tribal para dar un sentido de pertenencia a algo que no debería tenerlo.Si el 'look' dictaminado desde Moncloa en una patética campaña es vestir a dos 'influencers' de motomamis poligoneras, ¿qué son los que abjuran de esos ropajes?
Si la democracia se viste de una manera concreta, ¿qué ocurre con quien lleva otra ropa, escucha otra música o simplemente no encaja en la foto?La democracia no debería tener uniforme.
No debería necesitar unas zapatillas determinadas, una gorra concreta ni una estética de catálogo.
La democracia consiste precisamente en que quepan todos: el que lleva americana y el que lleva sudadera, el que escucha rock y el que escucha reguetón, el que vota una cosa y el que vota la contraria.Las personas no se juzgan por el disfraz que llevan, sino por las ideas que defienden y, sobre todo, por los actos que realizan.
Por eso, por sus ridículos actos de mercadotecnia , me parece que el Ejecutivo que padecemos trata a los jóvenes como gilipollas: les dice cómo vestir pero es incapaz de ayudarles a tener una vivienda donde poder colgar la ropa. ...
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