El meteorito que acabó con los dinosaurios era uno de los más raros del Sistema Solar

Hace 66 millones de años, una gigantesca roca de más de 10 kilómetros de diámetro rasgó el cielo a 64.000 kilómetros por hora y se estrelló contra la Tierra.
Todos sabemos cómo terminó aquella historia: el descomunal impacto en lo que hoy es la península de Yucatán, en México, formó el cráter de Chicxulub, de 200 km de diámetro, y fue el máximo responsable de la aniquilación total de los dinosaurios no aviares y del 75 por ciento de toda la vida en nuestro planeta.
Sin embargo, la identidad exacta del 'asesino' seguía siendo un misterio.
Fue un meteorito, sí, ¿pero de dónde vino , y de qué clase era?Hasta ahora, la evidencia científica apuntaba a que el impactador era un asteroide similar a las condritas carbonáceas.
Pero esa, la de las condritas, es una gran familia de rocas espaciales muy diversas, una especie de enorme cajón de sastre en el que hay prácticamente de todo, lo que ha impedido conocer la naturaleza exacta del mortífero proyectil.
Pero ahora se ha conseguido.
Y ha sido gracias a una nueva investigación recién publicada en 'Science Advances' y llevada a cabo por un equipo internacional que incluye a investigadores de la Universidad de Columbia Británica, el Instituto de Física del Globo de la Universidad de París, y las universidades de Bruselas y Viena.
La conclusión es clara y abrumadora: la roca que casi acabó con la vida del planeta hace 66 millones de años fue una 'condrita CO', una clase de meteorito excepcionalmente rara.Un código de barras en el polvo estelarDesde que en 1980 los físicos Luis y Walter Álvarez plantearon por primera vez la teoría del impacto basándose en el estrato rico en iridio que, en distintos lugares del mundo, separa el límite Cretácico-Paleógeno (K/Pg), la ciencia ha tratado de recomponer el puzle.
El iridio es un material muy raro en la Tierra, pero abunda en la composición de muchas rocas espaciales.
Y si en un momento concreto de la historia (el límite Cretácico-Paleógeno) se depositó en todo el planeta una capa rica en ese material, lo más lógico es pensar que vino de fuera, a bordo de un meteorito de gran tamaño.Aunque la roca volara por los aires, las proporciones de las variantes atómicas de níquel delatan irremediablemente el lugar del Universo donde se formóPara hacernos una idea de las proporciones de la catástrofe, la energía liberada en aquella colisión fue miles de millones de veces más destructiva que cualquier bomba atómica moderna, desencadenando tsunamis globales e incendios a escala continental.Pero, ¿cómo se analiza la composición de una roca que, literalmente, dejó de existir?
Para responder a la pregunta, los investigadores realizaron mediciones de isótopos de níquel de altísima precisión.
Estas muestras fueron recogidas durante años de esa fina capa global de arcilla rica en iridio generada por el impacto.
Para entenderlo, los isótopos funcionan como un 'código de barras' o una 'huella dactilar' inalterable; aunque la roca vuele por los aires, las proporciones de esas variantes atómicas delatan irremediablemente el lugar exacto del Universo donde se formó.Una aguja en el pajar planetarioDar con esta firma química fue un desafío técnico enorme, una verdadera labor de arqueología planetaria. «Este es un trabajo de gran dificultad -explica Philippe Claeys, coautor de la investigación-.
Solo una fracción minúscula del proyectil se conserva en la capa de arcilla del límite K/Pg del planeta porque el meteorito entero se vaporizó tras el impacto».El asteroide no traía tanto azufre como creíamos; fue la corteza terrestre triturada y lanzada a la estratosfera la que asfixió a los dinosauriosLos resultados revelaron que esa huella isotópica coincidía al milímetro con un grupo de rocas cósmicas marginal.
Poniendo los datos en perspectiva, de todos los meteoritos de los que hemos tomado muestras en la Tierra, más de un 90% son condritas, pero apenas un 5% son condritas carbonáceas.
Y dentro de esa minoría, las condritas carbonáceas de clase Ornans, conocidas como 'condritas CO', constituyen una fracción minúscula.
Se trata, por tanto, de algunos de los materiales más primitivos e inalterados que existen en todo el Sistema Solar.Adiós a la teoría del azufre letalEl hallazgo obliga a matizar el mecanismo exacto de la catástrofe climatológica que oscureció el cielo durante años tras el impacto. «Las condritas carbonáceas de la clase Ornans -subraya Claeys - definitivamente no son como los meteoritos típicos que encuentras en las colecciones de los museos».Durante años se barajó la idea de que gran parte del azufre atmosférico procedía de la propia roca.
Sin embargo, el nuevo 'retrato robot' indica lo contrario. «Una condrita CO contiene muchos menos elementos volátiles (como carbono, zinc, agua y particularmente azufre) que otras clases de meteoritos que hemos descubierto hasta ahora en la Tierra», explica el investigador.Un objeto improbable cruzando el vacío para acertar en la peor diana posible: la mala suerte de los dinosaurios fue totalEsto no disculpa al meteorito del evento de extinción, pero redirige la mirada hacia otra 'arma homicida'.
Como aclara Claeys, el descubrimiento «no altera nuestra teoría sobre lo que causó el evento de extinción, pero hace menos probable que el azufre contenido en el impactador fuera la causa definitiva.
En vez de eso, los escombros finos lanzados a la atmósfera habrían sido el factor principal».
Es decir: fue el polvo sulfuroso de la propia corteza terrestre pulverizada del Golfo de México el que tapó la luz del Sol y asfixió a los dinosaurios.Mala suerte cósmicaAunque aún quedan interrogantes sobre el largo viaje del asteroide, todo apunta a que se originó en rincones helados y lejanos de nuestro sistema planetario.
Sus fuentes potenciales incluyen zonas ricas en escombros en los confines del Sistema Solar exterior, o quizá el borde más alejado del cinturón de asteroides, cerca de Júpiter.Lo que llegó a la Tierra aquél funesto día de hace 66 millones de años fue, en definitiva, un objeto improbable, originario de las zonas más despobladas y oscuras de nuestra vecindad cósmica, que cruzó el vacío durante milenios para estrellarse precisamente en la peor diana posible de la Tierra.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Detectan, por primera vez, una atmósfera en un planeta similar a la Tierra, potencialmente habitable noticia Si Esclavos de Santa Elena fueron trasladados a miles de kilómetros hasta los barcos negrerosComo bien sentencia el propio Claeys: «Ser impactados por un proyectil tan raro y distante subraya realmente la mala suerte que tuvieron los dinosaurios».
Un funesto juego de lotería planetaria en el que los grandes saurios, que fueron los amos del mundo durante más de 160 millones de años, sacaron el peor boleto posible.
Aunque, eso sí, su desaparición abrió el telón para que los mamíferos, entre ellos nosotros, pudieran salir de sus madrigueras y heredar el mundo. ...
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