El PSOE contra el Estado
Por si no era suficiente con crear una cloaca destinada a entorpecer procesos judiciales y a chantajear a fiscales, jueces y empresarios; por si no era suficiente con utilizar la SEPI para financiar esa cloaca y al CIS o a RTVE para afianzar su poder sobre espacios que deberían permanecer al margen de la lucha partidista; por si no era suficiente con enfrentar a la opinión pública con el poder judicial –con la propia idea de separación de poderes–, de modo irresponsable y posiblemente irreversible; por si no era suficiente con poner a la Fiscalía General del Estado a destruir a un rival político; por si no fuera suficiente con haber puesto a la directora general de la Guardia Civil a trabajar para obstaculizar el trabajo del cuerpo y a perseguir a sus propios agentes; por si no fuera suficiente con haber convertido el Congreso en la escobilla del baño de Sánchez; por si no fuera bastante con erosionar, una tras otra, las costuras institucionales que sostienen una democracia liberal, ahora nos enteramos que desde la jefatura del Mando de Operaciones de la Guardia Civil se ordenó al máximo responsable jefe de la zona de Madrid que se pusiera al servicio del PSOE, despreciando así no solo a la propia Comunidad de Madrid sino, sobre todo, a los ciudadanos a los que representa.
Es decir, al pueblo. «Es una orden», dijo el teniente general Del Castillo.
No es un consejo ni una idea, sino algo peor: pasar de 'el PSOE contra el PP' a 'la Guardia Civil contra el pueblo y sus representantes'.El PSOE es ya una enfermedad autoinmune, un proceso patológico a través del cual las instituciones se destrozan a sí mismas.
El partido que ayudó a crear el sistema es hoy el principal partido antisistema, una organización mórbida que opera desde el Estado contra el Estado y, por lo tanto, contra la nación a la que representa.
Pese a lo que algunos puedan pensar, la democracia no se limita a votar cada cuatro años; de hecho, la democracia no solo no es sinónimo de que «el pueblo decida» sino, muy al contrario, de que existan instituciones que impidan al pueblo hacer lo que quiere si lo que quiere es contrario a derecho.
Y, de paso, que limiten, fiscalicen y controlen la acción de los gobiernos, que, como vemos, siempre y sin excepción tienden a abusar de su poder.Pero el pueblo, según vemos, sigue confiando en el PSOE, que no se ve especialmente afectado por los escándalos.
Nada de esto es nuevo, es el «vivan las 'caenas'» de siempre.
El pueblo es fácilmente manipulable y la historia se encarga de repetirnos que, si te liberas de los escrúpulos, no es complicado llevarle de la mano hasta el precipicio.
Por eso se espera de los políticos que usen su inmenso poder con responsabilidad y celo extremo.
Pero nada de esto sirve ya de nada.
España tendrá exactamente lo que pidió.
Y ese será su castigo. ...
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