El verano que nadie cogió vacaciones

Al principio, Germán Silva pensó que se trataba de una coincidencia.
Le habían entrado tres mails con asunto idéntico: «Renuncia voluntaria a las vacaciones de verano».
Los abriría después.
Subió el aire acondicionado de su despacho –«todo el verano es ola de calor», se quejó- y bajó a por un café.-¿Qué tal, Silva? ¿Te vas de vacaciones o te lo vas a pensar? - le preguntó el de Marketing en el ascensor.«Pensarse las vacaciones, qué obsesión con la productividad», pensó.-Claro, Carlos, me quedan tres días y cierro el chiringuito-, contestó.Fue en la máquina de café donde se empezó a preocupar.-Nosotros vamos a renunciar los dos- escuchó decir a una compañera, bajito, en un grupo.
Cambiaron de tema al verlo.Germán Silva sacó de la máquina su primer café del día.
Mucha azúcar, «maldita sea, no hay hielo en la oficina».
Y volvió a subir a su despacho.En su buzón, cinco mails más con el mismo asunto. «Renuncia de vacaciones de verano». ¿Qué broma era ésta?
El calendario le saltaría por los aires.
No podría cuadrar equipos si se le iba la gente más adelante. ¿Sería el calor?
En el trabajo uno tiene aire acondicionado gratis, y estaban los altísimos precios de la gasolina, de los hoteles, de cualquier viaje… Sería por eso.
Pero no.
Al menos no era eso lo que decían los mail.
De repente, sus compañeros tenían una persona mayor que cuidar, una pareja que detestaba la playa… Argumentos diferentes, aunque, aquellos mails… ¿no tenían algo en común?
Estaban redactados con la misma estructura, con el mismo vocabulario...
Como por la misma persona, o la misma IA.
Voilà.
Germán pensó en entrar en Chat GPT y averiguarlo él mismo, a ver qué le recomendaba.
No lo hizo.
En la empresa nadie abría una IA desde el ordenador corporativo.
Ni siquiera desde el móvil.
No estaba prohibido.
Sólo era una de esas normas no dicha ni escrita.
Probablemente, siguió pensando Silva, se trataba de una reacción al último despido.
El viernes anterior él mismo comunicó su salida a Cristina Villanueva, jefa del equipo de Localizaciones.
Cierto que era la primera vez que en la productora despedían a alguien sin tener un sustituto.
Pero eso no lo sabía la plantilla.
Y cierto que la IA podía hacer muchas de sus funciones… Pero en la productora, puntera en tecnología, casi todos los empleados dominaban su manejo.
Si los despedían de aquí, encontrarían trabajo rápido en el gremio… Claro que, en la competencia, seguro que estaban siguiendo la misma línea.
Sí, a Villanueva él ya no se había atrevido a decirle, como hacía otra veces, que le sería fácil recolocarse en el sector.Al mediodía su buzón sumaba otros 20 mails similares.
Casi la mitad de la plantilla.
La sequedad de la garganta le nubló también la cabeza.
Decidió bajar de nuevo a la cafetería.
Preguntó por las vacaciones a un par de empleados.
Lugares comunes por respuesta.
Vaguedades.
Todos esquivos.Él era el director de Recursos Humanos y estaba pasando algo que no sabía.
No podía preguntarle a la IA, tampoco directamente a sus compañeros.
Parecería un desinformado.
Abrió los periódicos en su móvil.
No encontró nada.Necesitaba más café.
Iría a la cafetería de la esquina, donde a veces realizaba las entrevistas más informales, cuando no quería rumores sobre nuevos fichajes.Los camareros lo conocían.
El resto de gente, no.
Afinó el oído en la barra.-Tres semanas.- Justo mis vacaciones.- Pero no es por eso, es por las bajas.
Hay muchas.- Dicen que el Gobierno va a subvencionar el entrenamiento de las IA.
Para que hagan nuestro trabajo.
En tres semanas pueden sustituirte perfectamente.
Han empezado con Hacienda.Contuvo la risa.
Imposible.
Sólo podía ser un bulo.
Abrió las redes y efectivamente ahí estaban, los vídeos de los influencers neoluditas.
El mensaje era claro: la IA te robará el trabajo con el amparo del Gobierno.
Pagó su café, esta vez con hielo, y subió a la oficina.Respiró tranquilo mientras contestaba, sí, sí, sí, a todos los mails.
En tres días, como tantas otras oleadas de 'fake news', todo pasaría.
Los empleados volverían a pedirle las vacaciones.
Para tranquilizarse, reservó un curso de golf para sus vacaciones.
Este año, sí, por fin.Llegaron más mails de renuncia por la tarde.
También les dio salida mecánicamente.
A las 19.00 cerró el ordenador.
Como de costumbre.En el coche, la radio advirtió del falso rumor.
Corría por las redes. «Decenas de miles de empleados están renunciado en tromba a sus vacaciones por un bulo de origen desconocido.
El Gobierno reitera que no va a permitir que la IA ocupe plazas de empleados ausentes, ni por baja, ni por vacaciones», explicó la locutora.Ya en casa, entró en Chat GPT para preguntarle por el resumen del jaleo del día.
Antes de cerrar, no pudo evitarlo: ¿Puede la IA aprender cualquier trabajo en tres semanas?«Depende de la naturaleza del trabajo.Muchas tareas rutinarias pueden automatizarse si existen ejemplos suficientes.La sustitución de un puesto depende de decisiones empresariales y políticas».¿Más tranquilo, Germán?«Pasaría, en unos días pasaría», se repitió.
Pero algo comenzó a apretarle entre el estómago y el pecho. Él sabía que no hacía falta ninguna ley.
Su empresa tenía un plan.
Menos sustituciones.
Menos contrataciones.
Cinco años -había indicado la consultora- para reducir plantilla sin hacer ruido.
Tiempo suficiente, en cualquier caso, para que el mercado laboral se fuera recolocando. ¿O no? ¿Por qué renunciar mientras a las vacaciones?¿Por qué?A medianoche, desde el móvil, en la cama, anuló la reserva del apartamento en la playa y el curso de golf.
Envió un mail:Destinatario: Germán Silva, RRHH director.Asunto: Renuncia voluntaria a las vacaciones estivales.Él mismo se autocontestaría mañana.
Por si acaso. ...
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