Luto en el corazón de Sierra Cabrera: «Nuestros vecinos han muerto, no puede ser verdad»

En la parte alta de un risco, en el paraje de La Cerca, a unos tres kilómetros de Bédar, destaca una pequeña casa blanca con zócalo de piedras que ha quedado totalmente a salvo de las llamas.
Es una isla, en medio de ese gris denso, de una tristeza oscura, que ha tiznado de forma indeleble la Sierra Cabrera.
El azulejo con la caricatura de Cuasimodo –el jorobado de Notre Dame– que invita a tocar la campana nos habla del origen francés de sus moradores.
El aspa de cinta americana negra sobre el número ocho, apostilla que el lugar ha sido revisado por la Guardia Civil y no se ha encontrado ningún fallecido.Una certeza a medias, porque una de sus habitantes, Stéphanie, falleció el jueves a apenas ciento cincuenta metros cuando trataba de huir de las llamas junto a otra pareja francesa, vecinas de la casa de al lado.
Tal como narró el viernes ABC, Jérôme, su marido, pudo salvarse saltando la línea de fuego y atravesando el monte bajo.
Le dejó las piernas llenas de heridas, con quemaduras y arañazos.
Pero lo que realmente quedó dañado fue su ánimo y su fuerza, cuando, tras gritarle a su mujer que siguiera sus pasos y perderla de vista cuando quedó engullida por una bola de fuego.Noticia relacionada general No No La mala fortuna de Jérôme y Stéphanie: «Llegaron dos días antes del incendio» José Ramón Navarro-ParejaCompungido, con los ojos todavía vidriosos, Jérôme ha sido uno de los primeros vecinos en volver a sus casas en la zona del siniestro, acompañado por su primo que reside en Los Gallardos.
Es de origen español, sus abuelos emigraron a Francia antes de la Guerra Civil y junto a su mujer, ambos son profesores, volvía cada año a pasar el verano a la tierra de sus ancestros.
Jérôme se encuentra abrumado por la situación y por la difusión mediática de su historia, que ha narrado al canal TF1 francés.
Tal como adelantó a este diario, el hombre ha recordado que acababa de llegar a su residencia veraniega dos días antes y que se sorprendieron al escuchar las campanas de la cercana iglesia a destiempo.
No supieron interpretar que sonaba a rebato y sólo comprendieron su significado cuando vieron el fuego.
Junto a una pareja, también francesa, que vivía en la casa de al lado, decidieron salir huyendo, sin ser conscientes de que ya era tarde.La casa se encuentra en una zona de difícil acceso, comunicada por un pequeño carril que apenas permite cruzarse con otro coche, sin quitamiedos y con curvas muy pronunciadas.
La caravana de huida la encabezaban las otras dos francesas, a bordo de una furgoneta, seguidas de Jérôme, que conducía una motocicleta con la que se movían por la zona cada verano, y su mujer, en el coche con los perros.
Pero el fuego cortó su única vía de escape.
La furgoneta trató de maniobrar y volver atrás, pero ya era tarde.
Jérôme abandonó la moto y salió corriendo. «'Sal de ahí rápido, deja todo atrás.
Sal de ahí rápido'.
Y para cuando dije eso, estaba rodeado por una bola de fuego.
Solo pude huir», explicaba a la televisión francesa, con lágrimas en los ojos.
Fue entonces cuando perdió contacto con su mujer y toda esperanza de volver a verla.
En esas circunstancias, que se salvara «ha sido un milagro», comenta Francisco, su primo, que le acompaña en este trance y trata de consolarle.Víctor RodríguezJérôme ha explicado también que no recibió ninguna orden oficial de evacuación. «Ni el ayuntamiento, ni la policía municipal, ni la policía local vinieron a avisarnos.
Nos encontramos atrapados», y por esa razón, cuando vieron el fuego «ya era demasiado tarde».
Ahora, Jérôme observa desde lejos su casa, mientras su primo cierra la puerta.
Pero en realidad su mirada parece perdida, o quizás enfocada sólo para dentro, Han recogido algunos enseres, lo necesario para pasar los próximos días, y se vuelven Los Gallardos.
Allí espera la llegada de sus dos hijas y la identificación del cuerpo de Stéphanie a través de las muestras de ADN.
La casa queda ahí, incólume, rodeada por la destrucción, y entre sus pensamientos seguro que ronda las dudas de si la decisión del jueves por la tarde fue la correcta.
Pero ya no es posible rectificar.
Jérôme y su primo han sido unos más de los vecinos que han vuelto a sus casas después de que la Junta de Andalucía declarara estabilizado el incendio de Los Gallardos (Almería) poco después de las diez y media de la mañana de este domingo y ha autorizado a las mil personas desalojadas de sus casas desde el pasado jueves a regresar a ellas.
Lo están haciendo poco a poco, como ha podido comprobar 'ABC', el primer medio de comunicación que ha penetrado a la zona cero del fuego forestal tras levantarse el cordón de seguridad.Víctor RodríguezPara acceder a los núcleos de población diseminados de la pedanía de Bédar es preciso conducir a una velocidad más que moderada por carreteras secundarias sin apenas quitamiedos ni cunetas que serpentean entre la arboleda baja abrasada y los montes romos que ya no son pardos sino negros.
A veces el camino se vuelve terrizo, peligroso e inestable con cortados a uno y otro lado: a ambos flancos de esos senderos más que precarios se esparcen, lejanas, casas bien construidas y bien amuebladas, con extensas terrazas cuyas vistas son ahora desoladoras. «Hemos vuelto, gracias a Dios», explica a los periodistas de este diario un matrimonio belga que ha madrugado para retornar a su domicilio.
Han llegado a la puerta exterior de la casa en un todoterreno y no se atreven a entrar: no saben qué se van a encontrar y lo que ven es indicativo de que no será de su agrado; los muros exteriores están tiznados y el terreno que le rodea ha adquirido una cualidad cenicienta, tétrica.Ya no se escuchan hidroaviones ni helicópteros, sino las sirenas de los vehículos ligeros de la Guardia Civil y de la Policía Local.
En Bédar, la pedanía de Los Gallardos más afectada por las llamas, no está permitida la entrada a nadie que no sea vecino -de hecho, los periodistas hemos sido invitados amablemente por la autoridad a abandonar el casco urbano-.
A primera hora de la tarde se espera que los propietarios de las viviendas lleguen en masa.
Hasta que no comprueben cómo están sus casas tienen el alma encogida.El pueblo con acceso restringidoLa sobremesa es la hora indicada para que los propietarios de los inmuebles puedan llegar a ellas: el control de la Guardia Civil se sitúa en la glorieta que separa Los Gallardos de Bédar: los agentes les piden la documentación a los interesados y tras comprobarla les franquean el paso.
Nadie más que ellos, los vecinos, pueden seguir adelante.
Los reporteros han de conformarse con sus declaraciones en ese punto a no ser que se decidan a ganar Bédar por el norte haciendo al menos cuarenta kilómetros y pasando por Antas tras dejar la A-7.Desde esa localidad hacia adelante el paisaje va tornándose funesto: pronto aparecen los montes calcinados, los troncos de los árboles abrasados, la vegetación baja reducida casi a la nada.
Los Raimundos, Los Matreros y luego el paraje de Las Majadas: en él hay varias casas generosas, no muchas, copando la cima de las montañas.
Son viviendas bien costeadas, amplias por dentro y por fuera, con balconadas que en condiciones normales serían envidiables.
Hoy no.
Una mujer inglesa entrada en años limpia la puerta de su cochera -de una de las que dispone su propiedad- y cuando ve a los periodistas dice que no quiere hablar porque está muy triste. «Acabamos de llegar, llevábamos fuera desde que la Policía nos dijo que teníamos que irnos.
Nuestros vecinos de enfrente han muerto.
Cogieron el coche para huir del fuego y...
Esto no puede ser verdad», confiesa la británica, que mira a su alrededor con la mirada quien no encuentra palabras para describir lo que ve. ...
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