Memoria de aquellos días de julio

El 1 de julio de 1997, la Guardia Civil, tras una operación que duró 532 días, liberó a José Antonio Ortega Lara en un zulo de 3x2 metros, bajo las máquinas de una nave industrial en Mondragón.
Los responsables de este hito fueron los Servicios de Información de la Guardia Civil, que localizaron una primera pista con las iniciales BLN (Bolinaga) un año y medio antes de averiguar dónde lo estaban matando en vida.
Cuando el primer miembro del GAR bajó al zulo, Ortega Lara suplicó que le pegaran un tiro.
Pocas cosas molestaron tanto a ETA, que decidieron dar un golpe de efecto que sacudiera a la sociedad española y al Gobierno del Partido Popular.
Un concejal de Herri Batasuna de Eibar llamado Ibon Muñoa dio las claves para que, el 10 de julio de ese mismo año, se cometiera una nueva atrocidad.
Este sujeto compartía pueblo con Miguel Ángel Blanco.
Muñoa, desde su local en un taller familiar, veía cómo todas las tardes, a la misma hora, Miguel Ángel llegaba a la estación Ardanza procedente de Ermua.
Fue pasando la información a ETA y después acogió en su casa a Javier García Gaztelu ‘Txapote’, Irantzu Gallastegi ‘Amaia’ y José Luis Geresta ‘Oker’, para que ejecutaran la operación.
De su taller salieron las placas de matrícula falsas del coche en el que fue introducido Miguel Ángel en su secuestro.
Como no podía ser de otra manera, ETA utilizó a su periódico ‘Egin’, donde la hoy diputada de Bildu en el Congreso de los Diputados Merche Aizpurua era jefa de redacción, para dar un ultimátum de cuarenta y ocho horas al Gobierno de Aznar.
Tan solo una semana antes, la respetada representante tuvo también la ocurrencia de publicar en la portada de su panfleto que Ortega Lara volvía a la cárcel.
El 12 de julio se cumplió el plazo dado por los terroristas y se llevaron a Miguel Ángel Blanco a un descampado de Lasarte, donde lo maniataron, le pegaron dos tiros en la cabeza y lo dejaron agonizando doce horas, hasta que finalmente murió en el hospital Nuestra Señora de Aránzazu.
Otegui vivió esos momentos desde la playa de Zarauz mientras miles de agentes levantaban todas las piedras del País Vasco.
Pero ese día ocurrió algo insospechado hasta entonces, pues nació el Espíritu de Ermua.
Algunas dotaciones de la Ertzaintza y la Policía Nacional tuvieron que proteger las sedes de HB en varias localidades vascas porque la gente perdió el miedo con el que ETA destrozaba la democracia.
Hoy, 29 años después de aquel 13 de julio, Merche da lecciones de moral en el Congreso y Otegi consigue lo que demandaba ETA gracias a pactos secretos.
Las balas de los asesinos dejaron de silbar hace tiempo, pero el verdadero riesgo empieza cuando también deja de sonar la memoria.
No hay mayor victoria para el terrorismo que una sociedad que blanquea lo que hicieron todos estos hijos de puta. ...
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