África, la joven con altas capacidades que empezará la universidad con 16 años: «Algunos profesores no lo entendían»

Con solo 16 años, África Mateos Bou comenzará el próximo curso el grado de Química en la Universitat Jaume I de Castellón después de obtener un 12,7 en la PAU y finalizar Bachillerato con Premio Extraordinario.
Llegará a la universidad dos años antes de lo habitual debido a las flexibilizaciones que se aplicaron durante su etapa escolar por sus altas capacidades , que le permitieron adelantar un curso en Primaria y otro en Secundaria.
Además de su excelente rendimiento académico, durante años compaginó los estudios con el Conservatorio de Música y con la gimnasia rítmica.Su caso también pone de relieve la realidad que viven muchos alumnos con alto potencial intelectual.
Escolarizada en un municipio pequeño como Almenara (Castellón), la falta de experiencia y de recursos específicos para atender este tipo de perfiles hizo que, en algunos momentos de su etapa educativa, no encontrara la comprensión ni las respuestas que necesitaba.Así lo explica a este diario Eva, la madre de África, quien confiesa que cuando su hija era pequeña, pensaba que «tenía un problema porque no hablaba».
De hecho, «llegamos a llevarla al médico y su pediatra nos tranquilizó, nos dijo 'ya hablará, no os preocupéis, que ya hablará'», relata.
Y así fue, pero no cómo esperaban, puesto que «pasó de no decir nada a hablar como una persona adulta, con una estructura en las oraciones de sujeto, verbo, predicado y sus complementos».Noticia relacionada general No No La medida olvidada para las altas capacidades: sólo uno de cada 600 alumnos superdotados salta de curso Beatriz L.
EchazarretaÁfrica era una niña que se caracterizaba por ser «autodidacta», explica Eva, quien añade que con apenas tres años sabía leer sin que nadie le hubiera enseñado.
Una anécdota que recuerda su madre es que en un supermercado leyó lo que ponía en un cartel, y al preguntarle cómo lo sabía, África respondió que «había juntado las letras». «En ese mismo supermercado compramos un libro de primeras palabras y en el trayecto de coche lo leyó perfectamente», recuerda.
También cuando África tenía cuatro años, mientras paseaban vieron una escuela de música en la que «estaban montando pianos», y ella misma entró y se puso a hablar con el profesor que había allí y le trasladó que quería tocar el piano. «Le dijo que le tenía que hacer una prueba porque era muy pequeña.
Allí mismo se la hizo y la apuntamos».
Fue en ese momento cuando les trasladaron por primera vez que la joven podía tener altas capacidades, por lo que les aconsejaron que hablaran con la psicóloga del centro y le hiciera un test.
En segundo de primaria llegó el diagnóstico de altas capacidades, algo que impactó en el profesorado, al ser el primer caso y no saber cómo abordarlo.
Tal como apuntan África y su madre a ABC, todavía existen pocos recursos para estas cualidades –por falta de profesores y de conocimiento al respecto– y tampoco existen centros especializados, por lo que la opción que les propusieron fue avanzarla de curso.
El primer salto fue de cuarto a sexto de Primaria, un cambio que, según confiesa África, «fue muy positivo», puesto que desde que le realizaron el diagnóstico en segundo curso hasta cuarto, su madre recuerda que «África iba perdiendo el interés, se aburría, incluso llegó en algún momento a portarse mal en clase, cosa que no era habitual para ella»."Algunos profesores no me veían preparada a nivel emocional y social para saltar de curso en Secundaria"Más tarde llegó su paso al instituto, donde tuvieron una orientadora, Ana Albert, que según traslada África, «fue su salvación» porque le ha acompañado en todo el proceso y ha llevado un seguimiento muy estrecho de su caso.
Ella fue quien propuso realizar de nuevo una aceleración de curso.
En un primer momento África no estuvo de acuerdo porque había hecho un grupo de amigos.
No obstante, tras notar que comenzaba a aburrirse en las clases y que no avanzaba, decidieron reunirse con los docentes y llevar a cabo este salto. «Esta flexibilización fue diferente porque había algunos profesores que no querían, no me veían preparada a nivel emocional o social y tenían miedo a que tuviera algún problema, pero hicimos una reunión donde les trasladé mi opinión, que al final es la más importante, y al final sí que subí de curso y fue todo genial».
En concreto, este avance fue de tercero de ESO a primero de Bachillerato.
De este modo, durante Bachillerato, aunque la alumna indica que «no ha tenido una dificultad excesiva» y ha hecho un grupo de amigos con los que siente que ha encontrado a sus «iguales», el mayor «reto» ha sido su «autoexigencia»: «He tenido que gestionar la frustración porque no me no me permitía fallar». «Piedras en el camino»Aunque la joven reconoce que ha tenido «bastante suerte» durante toda su trayectoria con compañeros y profesores, confiesa que ha tenido alguna «piedra en el camino», puesto que se ha «encontrado con algún profesor que no ha llegado a entenderlo», algo que achaca «a la falta de información que existe en la comunidad educativa sobre las altas capacidades».
En este sentido, África recuerda que su curiosidad marcó desde el principio su paso por las aulas. «Una de las particularidades es que preguntamos mucho porque somos muy curiosos, y eso algunos profesores no lo entendían», explica.
La joven asevera que ha hecho grupos de amigos en todas las etapas educativas y que siempre, salvo contadas salvedades, le han acogido "genial"También reconoce que, por parte de los compañeros, no ha tenido «grandes problemas», aunque «en el primer salto los que eran de mi clase se distanciaron cuando me subieron de curso».
Por suerte, reconoce, ha hecho grupos de amigos en las diferentes etapas educativas, donde le «acogieron genial».
No obstante, señala que sí que ha tenido compañeros concretos que han intentado utilizar la palabra 'superdotada' como algo despectivo, «pero a mí no me ha afectado nunca», asevera.
Por su parte, la madre de la joven reconoce que el camino no ha sido sencillo, especialmente por la falta de precedentes. «África fue la primera alumna del colegio de Almenara en ser diagnosticada y acelerada, y después de ella ha sido mucho más fácil porque ya se han diagnosticado más casos y se han acelerado más alumnos.
Hemos abierto la puerta y allanado el camino a las personas que vienen por detrás».
Su objetivo ahora es que esa experiencia trascienda.
Imagen de África Mateos MIKEL PONCEEl diagnóstico también supuso un proceso de aprendizaje para la familia. «Cuando nos dijeron que África tenía altas capacidades, yo recuerdo que me entró un calor por el cuerpo y pensé: '¿Y ahora qué? ¿No puede venir a este colegio?'», rememora su madre.
Sin apenas información, encontró apoyo en la Asociación Valenciana de Apoyo a las Altas Capacidades (AVAST), donde comenzó a formarse junto a otros padres y especialistas. «Mi formación la fui trasladando al centro y, entre todos, fuimos conociendo cómo ayudarla y cómo guiarla».
Gracias a iniciativas como talleres especializados, el proyecto Estalmat y las olimpiadas matemáticas, África pudo desarrollar un talento que, según su madre, «la educación pública no puede ofrecerle por completo».
Por ello, insiste en que «hay mucho camino que recorrer» y reclama una mayor visibilidad para las asociaciones que complementan la atención educativa de estos menores.«Quiero investigar para ayudar en el ámbito de la salud»Aunque la joven podría haber estudiado cualquier carrera, finalmente ha decidido estudiar Química en la UJI.
Su primera opción era Biomedicina, sin embargo, para cursar este grado tenía que irse a otra comunidad autónoma o estudiar en una universidad privada, dos opciones que no contemplaba.
Por ello, finalmente ha decidido optar a otra carrera pero con el mismo objetivo: «Quiero investigar para ayudar en el ámbito de la salud».En esta línea, África reconoce que tiene «muchas ganas de comenzar el curso» puesto que, según señala, en verano se «aburre» y siempre quiere «volver a la rutina». «Es un cambio bastante grande y tengo ganas de conocer gente nueva sobre todo, porque vivo en un pueblo bastante pequeño», subraya.«La música siempre ha estado en mi vida»Por otro lado, África relata que su vínculo con la música comenzó desde muy pequeña, cuando decidió por iniciativa propia apuntarse a clases particulares de piano.
Con el paso de los años, superó la prueba de acceso al conservatorio e inició antes de lo habitual los estudios profesionales en la especialidad de piano.
Su inquietud musical la llevó también a experimentar con otros instrumentos, como el violín y, más tarde, el saxofón, ampliando así su formación.
Actualmente, afronta el reto de compaginar el último curso del conservatorio con el inicio de sus estudios universitarios, consciente de la dedicación que ambos requieren.
Como ella misma afirma, «siempre la música ha sido algo que ha estado en mi vida», una declaración que resume el papel central que este arte ha desempeñado en su desarrollo personal y académico. ...
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