Otra debacle mundial de Inglaterra: a la hora de la verdad, los tres leones fueron gatitos
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La FIFA tuvo la ocurrencia de llevar al estadio de Atlanta a Michael Buffer para presentar el partido.
Es el icónico anunciador de los grandes combates de boxeo en Las Vegas y voló desde la Ciudad del Pecado -el pecado es ante todo perder dinero de la manera más ridícula- a la Ciudad del Barro.
Porque eso era Atlanta en el partido que Argentina le planteó a Inglaterra, en una semifinal histórica, cargada de peso emocional para ambos.
Un partido al que deberían haber puesto dos rombos, si alguien se acuerda de ellos.
Un partido a cara de perro .
Un partido para crecer y decirle al mundo que llevas pelo en el pecho y estás listo para el mayor escenario.
Inglaterra llevaba seis décadas de adolescencia en el Mundial, incapaz de llegar a la final desde la que ganó en casa en 1966.Tendrá que esperar cuatro años más.
Inglaterra se hizo pequeña cuando tuvo la gloria a 25 minutos de fútbol.
En el momento de la verdad, se hundió de forma miserable.
La depresión futbolística inglesa se prolonga, al menos, otros cuatro años.
El 2-1 contra Argentina es una nueva página negra en la historia del fútbol inglés.
Cuarenta años después de la derrota contra la Argentina de Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca, pudo tener su revancha, pero se fue con otra derrota igual de dolorosa: 2-1.
Y con un castigo adicional: tener que jugar el deprimente partido por el tercer puesto contra la todopoderosa Francia.Argentina buscó intimidar desde el canto del himno.
Gritando a pleno pulmón, con el pecho hinchado, como los novios de la muerte de la Legión.
Hasta los periodistas argentinos reconocían que Argentina salió a «ensuciar» el partido.
Se contaban las faltas por minutos.
Y lo que no eran faltas, porque en cada balón parado el fútbol era un festival de lucha canaria, collejas, empujones y teatro.Inglaterra tenía que demostrar compostura, ser capaz de no desarmarse ante los bocados de los argentinos.
Jude Bellingham, los hombros sobre los que descansa el juego de Inglaterra, se rió la primera vez que Leandro Paredes acabó una falta con un golpe tardío.
Cuando Enzo Fernández remató otra infracción con un golpe en el cuello de Eliot Anderson , a Bellingham se le quitaron ya las ganas de reír y bajó al barro.En ese planteamiento, Inglaterra no pudo lucir su presunta calidad ofensiva.
Harry Kane, su baluarte ofensivo, estuvo desaparecido.
Tuvo que bajar en ocasiones casi hasta su propia área para lanzar alguna jugada de ataque.
Bellingham tuvo acciones aisladas.
Solo Anderson mostró cierto brillo en la destrucción, rebañando toda pelota que pasaba por su lado.
Por fin, parecía justificar, al menos en parte, los 135 millones de euros que el Manchester City ha pagado al Nottingham Forest.La cancha se limpió de barro en la segunda parte.
Hubo más fútbol, lo que debería convenir a Bellingham, Kane, Anderson y el resto de talentosos ingleses.
Pero quien dominó fue Argentina, más decidida.
Inglaterra tuvo la suerte de sorprender en una contra, muy bien iniciada por Kane, y con la fortuna de que el centro de Morgan Rogers cayera al flanco más débil de Argentina, el que defendía Nahuel Molina.
Lo aprovechó el nuevo culé Anthony Gordon.Era el momento de Inglaterra para acabar con la maldición, de hacerse mayor.
De cantar por primera vez con razón eso de 'It's coming home, football is coming home'.
Es decir, que la Copa vuelve por fin para Inglaterra.Pero no, no crecieron.
Se hicieron pequeños.
Los Tres Leones fueron gatitos.
Argentina se echó para adelante e Inglaterra se hundió en el peso de su historia.
En la historia de las seis décadas sin Mundial, en 'la mano de Dios', en la «cabalgada galáctica» de Diego Maradona, en los gritos de 'el que no salta es un inglés', en las alusiones a las Malvinas.Fueron hombres argentinos contra niños ingleses.
La defensa inglesa se movía como un flan.
A Jordan Pickford le cayeron dos goles, pero pudieron ser media docena.El partido dejó muy mal parado a Thomas Tuchel .
El técnico alemán no encontró soluciones o no fue capaz de contagiarlas a sus jugadores.
El seleccionador de exigencia, que se peleó con Bellingham por el desempeño poco brillante contra Noruega en cuartos de final, el maestro táctico, el loco de los detalles, se encontró sin argumentos.La maldición sigue para Inglaterra.
El inventor del fútbol no encuentra la manera de hacer algo grande con la pelota, Mundial tras Mundial. ...
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