El drama tras las evacuaciones de la Guardia Civil en los incendios: «Dejadme aquí solo con la pistola»

Las llamas se acercan a las poblaciones de Ávila como un río de lava que baja por la montaña devorando todo lo que deja a su paso.
La lluvia ya no es de agua sino de ceniza.
Con este escenario apocalíptico trabajan sin cuartel centenares de guardias civiles que luchan contra reloj para salvar vidas.
No está siendo nada fácil.
Se encuentran con historias desgarradoras de personas que no quieren abandonar sus casas.
No pueden hacer nada. «Dejadme aquí solo con vuestra pistola», fue una de las frases que les dijo un octogenario en una residencia de ancianos que se negaba a ser evacuado.ABC ha conocido de primera mano los trabajos de evacuación que se están realizando en las pequeñas localidades de Ávila.
Son las experiencias de uno de los guardias civiles de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia (Usecic) que lleva participando desde el inicio de las llamas en las labores de desalojo de las pequeñas localidades de la provincia.
Los agentes están exhaustos después de jornadas maratonianas sin descanso.
Las horas que les quedan libres las emplean en dormir.
Sin embargo, en uno de esos breves momentos, este funcionario atiende a ABC. «Perdón por la tos, pero ayer tuve que quitarme la mascarilla», expresa sobre el continuo carraspeo que le deja sin voz en múltiples ocasiones.
Usecic está trabajando mano a mano con los Grupo de Reserva y Seguridad (GRS).
Vigilan los pueblos fantasmas para evitar que sean saqueados en circunstancias similares a lo vivido con la dana de Valencia.
Y es que la desgracia puede ser utilizada por unos pocos para hacer el mal.
Por el momento no se han detectado este tipo de robos.Madrid, Ávila, Toledo y Castellón.
La Guardia Civil está presente con sus centenares de agentes en los puntos más complicados de esta oleada de incendios que asola toda la Península.
Cualquier ayuda es buena y se agradece.
Los agentes cuentan en sus patrullas en Burgohondo con la colaboración de un gendarme portugués.
Este policía estaba realizando el Camino de Santiago cuando fue sorprendido por las llamas.
Decidió arrimar el hombro y unirse al dispositivo español.
La magnitud del fuego obliga prácticamente cada día a adelantar su jornada laboral.
El turno se prolonga desde las once y media de la mañana hasta las tres de la mañana. «Estamos muy cansados.
Nuestra zona está compuesta por urbanizaciones que pasaron a ser pequeñas localidades de la zona baja del Valle del Tiétar», explica.La labor de estos agentes se centra en evacuar a todos los ciudadanos de las zonas que están bajo las amenazas de las llamas.
Otros efectivos del Instituto Armado se dedican a cerrar el paso a los pueblos.
También trasladan a los vecinos que no pueden desplazarse.
Uno de los detalles que más les ha llamado la atención es la disposición al auxilio de la gente de estas poblaciones.
Han tenido ayuda para desalojar hasta las residencias de ancianos. «La línea de fuego es muy extensa y necesitas sacar rápido a mucha gente.
Hay personas que pueden moverse por su cuenta pero otros son inválidos y van en silla de ruedas.
Toda la gente de los pueblos ponen su grano de arena.
Dan todo por salvarles y es algo admirable», detalla este agente.«Mucha gente no entiende por qué se tienen que ir de sus casas.
Sobre todo los ganaderos que se niegan a abandonar sus pueblos.
El ganado es su vida y su familia.
Les intentamos convencer pero en estos casos solo les puedes pedir los datos para identificarles por si pasa algo», lamenta este guardia civil.
A pesar de estas negativas, lo intentan por activa y por pasiva. «No podemos detenerles ni obligarles», subraya.Una de las patrullas de la Guardia Civile en el incendio ABCUno de los problemas que se están encontrando en sus intervenciones son las actitudes de algunos alcaldes de localidades que se «autoproclaman pequeños jefes de la incidencia y se ponen a dirigir a los voluntarios para desbrozar ciertas zonas» cuando las órdenes de los bomberos profesionales son otras: que se vayan del lugar. «No hacen caso ni entran en razón», critica este funcionario.
Las cervezas y el fin del mundoHay quien vive estos momentos con tensión y aprensión mientras que otros colectivos no son conscientes de la grave situación.
Una muestra de ello es cuando estaban recorriendo la zona de Sotillo de la Adrada para su desalojo. «En uno de los bares estaba la gente tranquila tomándose unas cervezas.
Son escenas dignas de las típicas películas del fin del mundo», compara.
Unas circunstancias que se producen cuando las propias autoridades inciden en que este fuego es «inapagable».
Y es que muchos de los auxiliados se ponen nerviosos y tampoco tienen donde ir.
Las escenas más dramáticas se viven en las residencias de ancianos. «Físicamente, no se pueden mover pero están muy lúcidos.
Es chocante ver a los abuelos llorando», relata.
En uno de estos centros vivieron uno de sus momentos más tensos.
Un octogenario les dijo «déjame aquí solo, déjame la pistola».
En estos momentos tan duros, los agentes tienen que hacer de tripas corazón mantener la calma y tratar de tranquilizar al hombre.
Uno de los focos activos del incendio ABC«Les tocas, les consuelas, les das ánimo y acabó tranquilo.
Usted tómeselo como una excursión con el resto de sus compañeros», le dijo a este anciano que partió del lugar que había sido su casa en los últimos años.
Por fortuna, y a pesar de todos estos obstáculos, los rescates han permitido salvar muchas vidas.
Y es que los propios guardias civiles se han visto inmersos en situaciones de riesgo.
Uno de los momentos más tensos se vivió durante la pasada noche cuando recibieron la orden inmediata de cobijarse en edificaciones o lugares seguros por una lluvia ácida.
De esta forma, los agentes vieron en la penumbra desde sus vehículos como avanzaba un río de lava.
La sequedad de la vegetación ayuda en este peligroso avance. «Esta zona es preciosa y las llamas han arrasado con todo», sugiere.
A pesar del gran trabajo realizado en estas jornadas, el relevo es inevitable.
El contingente lo conforman guardias civiles de diferentes puntos de España. «No puedes estar más de 24 horas con estas situaciones tan tensas.
No reaccionas igual y no tienes la misma empatía con los vecinos», explica.
El descanso llega pero pronto volverá la batalla contra el fuego, mientras en su cabeza sigue el eco de los lloros de los ancianos de las residencias.
Sus rostros reflejaban la tristeza por tener que vagar sin rumbo para salvar sus vidas. ...
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