Un demócrata de la amistad

Madrid conoce a Richy desde hace décadas, alcalde.
Richy es Richy Castellanos , de oficio relaciones públicas, demócrata de la amistad, titán con agenda.
Pertenece Richy a esa especie, ya casi extinguida, de hombres que no tienen oficina porque su despacho es Madrid entero.
Si le ves caminando solo por Serrano, por Princesa, por la Puerta del Sol, resulta que Richy ha resuelto en un pispás dos reconciliaciones sentimentales, ha encontrado mesa donde no había mesa y ha convencido a un actor argentino, un cantaor de Jerez y un ministro jubilado para cenar juntos como si se conocieran desde décadas.
Hay quien colecciona relojes, Richy colecciona personas.
Y las conserva contentas.
Lleva casi treinta y cinco años en el tajo, y puede pasar un año en Madrid, viviendo a fondo, pero sin pagar ni un euro.
Si un cocinero famoso quiere conocer a un torero retirado, Richy lo resuelve.
Si un cantante mexicano aterriza en Barajas y pregunta dónde se cena después de las tres de la mañana, también Richy resuelve.
Si una estrella de Hollywood desea probar un cocido de verdad, sin turistas de coro, Richy ya ha concretado la reserva.
Hay quien presume de tener el teléfono de medio mundo, pero Richy presume de no presumir .
Igual desayuna con un empresario que acaba cenando con un cantaor, un futbolista, una actriz, dos médicos y un camarero al que trata con el mismo afecto que a un forrado.
Ejerce la democracia sentimental, tan poco frecuente.
Tiene algo de cronista del foro sin escribir una línea, alcalde.
Si un día desaparecieran las revistas del corazón, media historia sentimental y festiva de este país tendría en la memoria de Richy un museo.
Abre las puertas, secretas y no secretas, de la ciudad insomne sin que nadie escuche la cerradura.
No vende contactos, regala amistad. ...
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