La ruina política de Pedro Sánchez
Los magistrados la Audiencia Provincial de Badajoz que, por unanimidad, han condenado a nueve años de inhabilitación al hermano de Pedro Sánchez, como cooperador necesario de un delito de prevaricación, han descrito con claridad lo que sucedió en la Diputación provincial pacense: que una red de prevaricadores colocó a dedo a David Sánchez Pérez-Castejón para un puesto innecesario e injustificado, tras simular procesos de selección sin sentido porque la plaza estaba dada de antemano para 'el hermanísimo'.
El expresidente de la Diputación, Miguel Ángel Gallardo , muñidor de la trama, duplica la condena impuesta a David Sánchez.
También es condenado Luis María Carrero, exasesor de la Moncloa y amigo de David Sánchez, por beneficiarse de otro dedazo de Gallardo.
Además, una amplia nómina de colaboradores de Gallardo es también condenada.Básicamente, lo juzgado ha sido una trama socialista de prevaricación en masa que se apropió de la Diputación de Badajoz para dar empleo a David Sánchez y a un amigo procedente de la Moncloa.
Menciona la sentencia también la irrelevancia de unos testigos sometidos a la jerarquía interna de la Diputación y luego promocionados.
Las reacciones de ministros, del PSOE y de otros sectores políticos de la izquierda han sido tan desaforadas que se corresponden con el inmenso daño político sufrido por Pedro Sánchez.
El sanchismo, como método corruptor del ejercicio del poder democrático, cosecha su tercer revés judicial.
Primero fue la condena del ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
Luego llegaron los veinticuatro años de prisión a José Luis Ábalos.
Finalmente, la ola de corrupción ha saltado el muro de seguridad en torno a la propia familia de Pedro Sánchez.
En efecto, el cerco político se cierra en torno a Sánchez.
Se trata de una condena que las 'cloacas' socialistas, lideradas por Leire Díez y Santos Cerdán, querían evitar a toda costa, conviene recordarlo.
Es también una sentencia que retrata al Ministerio Fiscal por su decisión de no acusar a David Sánchez y ratifica la necesidad de que existan las acusaciones populares, sin las cuales habrían quedado impunes los prevaricadores de la Diputación de Badajoz.
Son muchas bajas encadenadas, que se suman a los muertos políticos que el presidente del Gobierno va dejando como estela de su agónica cuenta atrás en la Moncloa.
El sanchismo está perdiendo su batalla frente a un Estado de derecho que sabe defenderse cuando se le agrede.
La democracia se reivindica haciendo frente a personajes como Pedro Sánchez.La sentencia de la Audiencia de Badajoz está preparada para superar los recursos que interpondrán los condenados.
Sus magistrados han sabido discriminar ecuánimemente lo probado de lo no probado, absolviendo y condenando a la luz de unos indicios incontestables.
Todo lo hace con una motivación amplia y detallada, con la que descarta, por no acreditada, la injerencia de terceros en la contratación de David Sánchez.
Los magistrados plantean, eso sí, la conjetura de que «la actuación coordinada prevaricadora de los acusados» respondió «a una previa presión o influencia ejercida sobre ellos», y tampoco descartan que el trato de favor a David Sánchez tuviera el «propósito de congraciarse» con el jefe del Ejecutivo.La convicción judicial tiene sus requisitos; la convicción política, los suyos propios.
Y si no hay prueba judicial concluyente para señalar a Pedro Sánchez como instigador, sobran los elementos políticos para llegar a esa conclusión y a la exigencia ética de la dimisión del presidente del Gobierno .
El PSOE, el propio Sánchez y sus ministros desplegaron una infame campaña contra los jueces, la prensa verdaderamente independiente y las acusaciones populares.
Y en ella siguen, porque sus ataques a la sentencia son síntomas de un tránsito irreversible de los socialistas a un poder insurreccional, antidemocrático e iliberal.
Sánchez es un presidente ilegítimo por cómo ha degradado el ejercicio de sus funciones y por cómo ha supeditado el interés general al suyo personal.
Su miedo a las urnas es proporcional a la ruina de su biografía política.
Lo que entonces calificó como «bulo» y «máquina de fango» es hoy una condena a nueve años de inhabilitación a su hermano David Sánchez Pérez-Castejón.
Una condena que retrata al sanchismo. ...
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