Morante de la Puebla: «La primera vez que me puse delante de una becerrita fue con 5 años. Ya sentía el venenillo»

Hoy sabemos que Morante de La Puebla es uno de los mejores toreros de nuestro país.
En sus 25 años de alternativa ha superado ampliamente las 1.000 corridas de toros, ha superado el Récord Guinness de la faena más corta -35 segundos-, ha cortado un rabo a pie y su figura atrae una audiencia incomparable.
Pero no siempre tuvo el camino despejado.Nació en Sevilla el 2 de octubre de 1979 y se crió en una familia de La Puebla del Río que no tenía tradición taurina.
Su padre trabajaba en una empresa arrocera en un pueblo cercano y su madre se dedicó a las tareas del hogar.
En ese contexto, el pequeño José Antonio -que así es su nombre de pila- dio la sorpresa al decir que le gustaban los toros.«Mi madre cuenta que yo, muy pequeñito, pues lloraba por un traje de luces .
Eso sí lo sé y tengo reflejo de aquel recuerdo, muy distante, pero sí que recuerdo ese traje, que me compró y todas esas cosas», dijo en una entrevista que concedió en su juventud en una cadena de televisión.Tanto le apasionaba el toreo que durante años pidió aquel traje de luces que veía en El Corte Inglés: «Sí, yo me acuerdo.
Lo pedí a los Reyes y no me lo echaban y digo: 'pues entonces no quiero nada'».
No era una tozudez infantil sino una conciencia muy profunda de lo que le llenaba en la vida: «No sé si serán cosas de niño o de un niño que tenía las cosas bastante claras».Morante recuerda su primera vaquillaAsí pasó el tiempo y cuando cumplió lo 5 años se enfrentó a su primera fiera. «La primera vez que me puse delante de una becerrita fue con cinco años.
Y bueno, le pegué un muletazo, lo otro me embistió y ya me cogieron allí», explicó.
El sevillano «ya sentía aquello, ya sentía el venenillo » y desde entonces se dedicó a aprender más y más sobre esta vida. «Siempre he solido tirar para adelante», insistió.
Su aprendizaje no fue en escuelas taurinas, sino en el campo abierto aprendiendo de aficionados toreros de la zona, participando desde pequeño como oyente en las tertulias taurinas que se formaban en los bares locales, yendo como espectador a becerradas locales y plazas de Sevilla.
Con el tiempo, fue descubierto por Leonardo Muñoz , padre del torero Emilio Muñoz, quien fue su primer apoderado.«A medida que va creciendo uno y se va dando cuenta de las dificultades que va trayendo esta profesión, pues va uno madurando y se va uno poniendo más serio», añadió.
Sus compañeros de juego pensaban igual de sus respectivas pasiones, como el fútbol o la ciencia, aunque ninguno compartía su sueño de ser torero.
Insistió en que «igual que cualquier otro niño, no, porque yo vivía exclusivamente para el toro» mientras que «otros niños vivían exclusivamente para jugar al fútbol».
Reconoció que «mi infancia no ha sido una infancia normal , aunque ha sido la infancia que yo he querido.
Porque yo estaba, yo quería ser torero y lo que me gustaba era entrenar». ...
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