España no falló ante la gran final

ONP Summary
Spain clinched the 2026 World Cup by defeating Argentina 1-0 in extra time, with midfielder Ferran Torres scoring in the 106th minute. The victory marked Spain's second World Cup title, 16 years after their previous championship, in a final featuring the tournament's debut Super Bowl-style halftime entertainment program.
Era un día para la historia, la segunda estrella estaba al alcance, y los españoles volvieron a responder a las mil maravillas con pasión desaforada e ilusión.
Desde bien temprano, el centro de Madrid se convirtió en un hervidero emocional repleto de banderas, bengalas, cláxones y patrióticos corrillos.
Como ha sido habitual desde el comienzo del torneo, la Plaza de Colón fue uno de los puntos neurálgicos de la previa, largas y tempraneras las filas para conseguir sitio en la pantalla gigante más transitada de la capital, que llegó a acoger la bárbara cifra de 26.000 gargantas pese al calor y la densidad del turismo en pleno julio.
La ola roja inundaba las calles, excitados los aficionados por las posibilidades de gloria, aunque el respeto casi siempre imperaba cuando miembros de la otra tribu lucían sus colores, pues no fueron pocos los argentinos que decidieron echarse a la calle para representar a la albiceleste.
El primer gran estallido de la tarde llegó a las 18:15 horas.
La Policía cortó el paseo de la Castellana y cientos de jóvenes echaron a correr en busca del mejor lugar frente a la pantalla gigante.
La cuenta atrás había comenzado.
A partir de ahí, la previa fue una fiesta.
Sonaron los himnos oficiosos de la selección, los grandes éxitos de los últimos Mundiales y canciones de artistas como Aitana o Quevedo, mientras los cánticos de «¡A por ellos!» y «¡Yo soy español, español, español!» retumbaban por toda la plaza.Con el pitido inicial cambió por completo el escenario.
La música dio paso al silencio y la tensión se apoderó del recinto.
Cada pase, cada recuperación y cada decisión arbitral se siguieron con máxima atención.
Los ataques de España levantaban a la afición de sus asientos, mientras que cada acercamiento de Argentina se vivía con un silencio absoluto.La primera media hora fue un constante sube y baja de emociones.
El conjunto de Luis de la Fuente dominó el balón y llevó la iniciativa, aunque sin encontrar el premio del gol.
Cada aproximación española despertaba un rugido en Colón, pero la amenaza de los argentinos mantenía en vilo a los miles de aficionados.En el minuto 40, la tarjeta amarilla mostrada a Lisandro Martínez fue celebrada casi como un gol, reflejo de la intensidad con la que se vivía cada acción del encuentro.
España transmitía mejores sensaciones sobre el césped y la afición era consciente de ello, aunque la falta de acierto general impedía transformar ese dominio en el marcador.
Al descanso, el pitido del árbitro dejó una sensación agridulce entre los presentes: confianza por el juego mostrado, pero también la inquietud de saber que, en una final, cualquier detalle podía cambiar la historia.
El arranque de la segunda parte mantuvo intacta la tensión de los primeros 45 minutos.
Los nervios seguían a flor de piel en Colón y cada ataque de España se vivía con la sensación de que el gol estaba al caer.
La selección de Luis de la Fuente volvió a salir decidida a imponer su juego y encadenó varias llegadas peligrosas, pero el premio seguía resistiéndose.
Cada ocasión terminaba con un «¡uy!» colectivo que recorría la plaza antes de convertirse de nuevo en un silencio cargado de incertidumbre.Pero el tiempo reglamentario se consumió sin que el marcador se moviera. «¡Prórroga, prórroga!», comenzó a escucharse en distintos puntos de Colón mientras los aficionados asumían que el desenlace tendría que esperar treinta minutos más.
Había confianza.
España había sido superior durante buena parte del encuentro y la sensación general era que el premio acabaría llegando, aunque el fútbol seguía empeñado en mantener el suspense.La prórroga arrancó con la misma intensidad.
Entonces llegó una de las acciones más polémicas de la noche.
España encontró el gol, pero el árbitro lo anuló.
En apenas unos segundos, la euforia dio paso a la indignación.
Un estruendo recorrió el centro de Madrid entre gritos de protesta y cánticos de «¡Manos arriba, esto es un atraco!».
La decepción fue enorme, aunque todavía quedaban veinte minutos para seguir soñando.Y el sueño terminó haciéndose realidad.
En el minuto 107 apareció Ferrán Torres para escribir su nombre en la historia.
Su gol desató una explosión de alegría imposible de describir.
Colón se convirtió en una fiesta gigantesca: abrazos entre desconocidos, bebidas volando por los aires, bengalas iluminando la plaza y miles de gargantas celebrando el tanto que acercaba la segunda estrella mundial a España.
Durante unos instantes, el centro de Madrid dejó de ser una plaza para convertirse en el escenario de una celebración inolvidable.Pero no solo llueve en Madrid, como se dice habitualmente, y todos los territorios que componen España se personaron para disfrutar y sufrir de la batalla por el trono mundial del fútbol.
Desde Camas (Sevilla) hasta Haro (La Rioja), hogar de nacimiento del seleccionador Luis de la Fuente, millones de personas evitaron vivir el duelo en la intimidad y llenaron los lugares más emblemáticos de sus aldeas, pueblos, villas o ciudades.
Incluso en lugares donde llevar una camiseta española puede trasladarte a territorio comanche.
Incidentes en BilbaoLos ayuntamientos de localidades como Barcelona, Bilbao, Pamplona o San Sebastián habilitaron zonas públicas para el visionado del encuentro por primera vez desde que el combinado nacional debutara ante Cabo Verde el pasado 15 de junio, y solo Getxo (Vizcaya) y sus dirigentes consiguieron esquivar la tendencia.
En la Ciudad Condal, por ejemplo, se emitió el partido en catalán; mientras, en una de sus homólogas vascas, las palabras de su alcalde Juan Mari Aburto («En Bilbao no hay necesidad ni demanda») cayeron en saco roto y la ciudad reunió a un buen montante de hinchas en el parque de Doña Casilda.De hecho, la iniciativa intentó ser saboteada por radicales abertzales, que lanzaron objetos a los aficionados en Bilbao, como vasos o vallas, e intentaron sabotear la retransmisión sin éxito.
Además, hubo manifestaciones en Pamplona, Vitoria y Eibar, donde aparecieron pintadas con las frases «Puta España» y «Combatir el españolismo» cerca de donde estaba situada la pantalla gigante del municipio.
Manchas que para nada empañaron una jornada fantástica: España no falló ante la gran final. ...
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