La píldora Metchnikoff

Seguro que conocen la historia: ante la necesidad de diseñar un instrumento que fuese capaz de escribir en el espacio, la NASA gastó millones de dólares en crear un bolígrafo de alta tecnología; mientras tanto, en la URSS le dieron a sus cosmonautas un lápiz.
La pregunta ahora es, ¿qué hicieron ambas potencias con la caca de sus astronautas?Para darse aquel garbeo de dos horas y media por la superficie de la Luna, los integrantes de la misión Apollo XI tuvieron que pasar en órbita ocho días, tres horas, 18 minutos y 35 segundos.
Si lo detallamos con tanta precisión es porque, cuando un ser humano siente la llamada del inodoro, cada segundo importa.El caso es que Armstrong, Aldrin e incluso Collins, el célebre sujetavelas espacial, se veían obligados a emplear entre 45 y 60 minutos para defecar en el espacio.
En primer lugar, tenían que depositar los desechos en una bolsa de plástico especial llamada Dispositivo de Contención Fecal.
El orificio del dispositivo, con un diseño convenientemente ovalado, se alineaba con el recto del astronauta.
A partir de ahí, todo procedimiento se realizaba de forma manual, dado que no existían aún los modernos retretes de succión.
A continuación añadían un germicida y sellaban la bolsa.
Pero si pensaban que esta era la parte más engorrosa es porque desconocen la burocracia espacial.Cada dispositivo llevaba adjunto un formulario que era obligatorio rellenar, por supuesto, con el millonario bolígrafo de gravedad cero.
Cada una de las deposiciones llevaba una ID, se especificaba si el contenido era sólido, diarrea o vómito.
También había que apuntar el peso húmedo de la deposición, para lo cual había que (evidentemente) pesarla.Por último, había que adjuntarle la tarjeta de identificación que todas –todas– las partes sueltas de la nave espacial debían llevar para su posterior catalogación, en caso de que alguien quisiera realizar una inspección posterior y necesitara saber que el número de serie de una bolsa fecal utilizada el 9 de noviembre de 1972 era CH 1904.Al otro lado del muroEste ejemplo, totalmente real, pertenece a una de las pocas etiquetas que regresaron a la Tierra con sus bolsas, ya que aproximadamente un centenar de ellas permanecen en la superficie lunar.
Como sucedió con el bolígrafo, en aquellas primeras misiones espaciales, los ingenieros que vislumbraron tan sofisticado sistema no acabaron de parametrizar adecuadamente el peso extra que suponían los restos biológicos de la tripulación.
Así que lo dejaron allí.¿Y los rusos, qué hicieron?
Oficialmente, las píldoras de heces nunca existieron.
Para corroborar su existencia sería necesario que alguien se sumergiera en los archivos que Roscosmos, la Corporación Estatal, guarda de esos años de la Guerra Fría.
Por supuesto, nadie regresa de esos sótanos en condiciones de hablar libremente, pero algunos criptógrafos han encontrado en OGAS, el equivalente soviético de ARPANET que se desplegó al otro lado del muro, ciertos rumores al respecto cuyos detalles son extraordinariamente precisos, demasiado quizás como para ser inventados.Lanzamiento del cohete que transportaba la cápsula 'Apolo XI' en Cabo Cañaveral, Florida EFE Lanzamiento del cohete que transportaba la cápsula 'Apolo XI' en Cabo Cañaveral, Florida EFESegún parece, los comprimidos fecales de astronauta fueron designados oficialmente como 'píldoras de Metchnikoff', en honor del zoólogo ruso Iliá Metchnikoff, padre de los probióticos.Aunque hoy la terapia fecal se está imponiendo como tratamiento alternativo ante ciertas infecciones de superbacterias resistentes a los antibióticos, en los 60 la idea resultaba tan original como repugnante, aunque desde una perspectiva soviética no fuera lo más desagradable que un súbdito de Stalin podía llevarse a la boca en aquella época.Se adelantaron en más de medio siglo al conocimiento actual sobre la importancia de la microbiota, ¿o quizá no?Pero sin duda, era mucho más eficaz que su equivalente estadounidense.
Todos los astronautas defecaban en una única bolsa cuyo contenido iba siendo reducido por medios mecánicos hasta ser compactado en una especie de lámina.
Todo esto solo podía ser realizado con la complicidad de uno de los astronautas, encargado de aplicar una plantilla troquelada al residuo seco y, a continuación, llevar los comprimidos a dar un paseo espacial.
La temperatura fuera oscila entre los -270ºC y los 120ºC si el Sol está de frente, por lo que su exposición durante unas horas sirve para esterilizar.Las píldoras Metchnikoff se adelantaron en más de medio siglo al conocimiento actual sobre la importancia de la microbiota o la resistencia de algunas bacterias beneficiosas –como los lactobacilos– a la aceleración extrema, la radiación cósmica o la microgravedad.
De forma natural, e inconsciente, los cosmonautas estaban reforzando su inmunidad de grupo, estableciendo una microflora intestinal común.
Fue uno de esos inventos aparecidos demasiado pronto o demasiado dentro.
Su desaparición de los libros de historia fue convenientemente atribuida a la Caída del Muro. ...
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