Las secuelas 'no mentales' del maltrato infantil: «Saber que tras mis diez enfermedades está mi pasado me ayuda a combatirlas mejor»

Con solo 46 años, la historia clínica de María F. parece la de una paciente varias décadas mayor.
Escoliosis, hipertensión, artrosis, lumbalgia, síndrome del intestino irritable y otras dolencias físicas conviven con un diagnóstico psiquiátrico igualmente complejo: trastorno bipolar, síndrome de estrés postraumático, ansiedad, agorafobia y varios intentos de suicidio.
Durante años, cada nueva enfermedad fue tratada de forma aislada.
Nadie parecía preguntarse por qué una mujer relativamente joven acumulaba un catálogo tan amplio de patologías.La respuesta estaba mucho más atrás en el tiempo.
Tras un largo recorrido por consultas médicas, ingresos hospitalarios y cinco años de búsqueda de ayuda especializada, María llegó al Grupo de Investigación en Salud Mental del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB), en Barcelona.
Allí, el psiquiatra Benedikt Amann , investigador también del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam), identificó el hilo conductor de toda su historia clínica: el trauma sufrido durante la infancia y la violencia padecida posteriormente en su vida adulta.Su caso ilustra las conclusiones de un estudio publicado en la revista 'eClinicalMedicine', del grupo 'The Lancet', que demuestra por primera vez con una revisión global de toda la evidencia científica disponible que las experiencias traumáticas durante la infancia y la adolescencia aumentan significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades físicas años después.María creció en una familia condicionada por el alcoholismo de su padre y por una madre a la que define como distante y autoritaria.
"Era la teniente O'Neil", dice.
Aunque asegura que nunca presenció agresiones físicas en casa, recuerda un ambiente permanente de conflicto y una profunda sensación de abandono emocional.«En mi casa nunca vi malos tratos, pero sí muchas discusiones y siempre sentí que no contaba .
Al ser la pequeña, mi madre nunca me tenía en cuenta y eso me generó una enorme desconfianza que me ha acompañado toda la vida», explica en declaraciones a ABC.
Aquella falta de protección terminó, según explica, condicionando también sus relaciones afectivas.
Durante trece años convivió con una pareja que ejercía violencia física y psicológica de forma continuada. «Normalicé conductas que no eran normales.
Nunca tuve referentes, excepto mi padre y su capacidad de resiliencia, y eso me marcó profundamente», relata.
La situación desembocó en una espiral autodestructiva.«Consumí drogas, intenté suicidarme varias veces y siempre con la sensación de estar completamente sola», asegura la afectada.
Fue precisamente esa sucesión de traumas la que, según explica el doctor Amann , acabó repercutiendo tanto en su salud mental como en su organismo. «María sufrió un tipo de maltrato infantil.
Si hubiera crecido en un entorno protector probablemente hoy tendría una o dos enfermedades, no diez», resume el psiquiatra.«María sufrió un tipo de maltrato infantil.
Si hubiera crecido en un entorno protector probablemente hoy tendría una o dos enfermedades, no diez» Benedikt Amann Psiquiatra del Grupo de Investigación en Salud Mental del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB)Hasta ahora estaba sólidamente demostrado que haber sufrido experiencias adversas durante la infancia triplica el riesgo de desarrollar un trastorno mental en la edad adulta.
Lo que faltaba era una evaluación científica global que analizara si esa relación existía también respecto a las enfermedades físicas.
Ese vacío es el que pretende cubrir el trabajo liderado por el Hospital del Mar.Los investigadores recopilaron todas las revisiones sistemáticas publicadas en el mundo sobre esta cuestión hasta abril de 2025.
En total analizaron 36 revisiones que integran cerca de 250 estudios con datos de más de seis millones de personas.
La conclusión, según Amann, resulta difícilmente discutible.«Los resultados nos permiten proponer que los hechos traumáticos durante la infancia juegan un papel importante en el origen de muchas enfermedades somáticas.
Las personas que han sufrido un trauma infantil presentan una probabilidad significativamente mayor de desarrollar patologías físicas durante la vida adulta», afirma el especialista.Enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetesEl estudio examinó la relación entre distintos tipos de trauma —abuso físico, abuso sexual, abuso emocional, negligencia y acoso escolar— y quince enfermedades muy frecuentes en la población.
Entre ellas figuran: enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiple, cáncer, síndrome del intestino irritable, obesidad, cefaleas, e infección por VIH.Los resultados muestran que quienes sufrieron algún tipo de experiencia traumática durante la infancia tienen 1,57 veces más riesgo de desarrollar cualquiera de estas enfermedades en su vida.
Las asociaciones más intensas aparecen en los casos de abuso físico, abuso sexual y acoso escolar.«Las personas que fueron víctimas de bullying presentan aproximadamente el doble de probabilidades de sufrir cefaleas en la edad adulta» Alicia Valiente Investigadora del Hospital del Mar Research InstituteSegún explica la doctora Alicia Valiente , primera autora del estudio e investigadora del Hospital del Mar Research Institute, algunas relaciones son especialmente llamativas. «Las personas que fueron víctimas de 'bullying' presentan aproximadamente el doble de probabilidades de sufrir cefaleas en la edad adulta», precisa la especialista. «También hay una asociación clara entre el abuso sexual y la obesidad, con 1,45 veces más riesgo, y entre la obesidad y la separación o muerte de los progenitores, con 1,58 veces más riesgo», añade.'Negligencia emocional'Uno de los aspectos que los investigadores consideran más infravalorados es lo que denominan 'negligencia emocional' durante la infancia. «Un ejemplo sería una persona de 45 años que explique que solo fue un día a la escuela o que nunca la llevaron al dentista o al pediatra», señala Amann. «Son niños que crecen en situaciones de desamparo y descuido emocional que también dejan una huella profunda», añade.Los investigadores recuerdan que alrededor del 60% de la población adulta ha vivido alguna experiencia adversa durante la infancia, lo que convierte este problema en un importante desafío de salud pública.
Para Amann, la principal conclusión práctica del estudio es que el sistema sanitario debe aprender a buscar el origen de muchas enfermedades, no solo sus consecuencias.«Hay que detectar el trauma infantil de forma precoz e intervenir con terapias específicamente centradas en el trauma» Benedikt Amann Psiquiatra del Grupo de Investigación en Salud Mental del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB)«Hay que detectar el trauma infantil de forma precoz e intervenir con terapias centradas en el trauma», defiende.
En este sentido, el psiquiatra reclama una mayor coordinación entre atención primaria, psiquiatría y servicios sociales para identificar antes estos casos y derivarlos a unidades especializadas. «Si en los CAPs, los psicólogos sanitarios no se limitaran a hacer intervenciones grupales y realizaran intervención focalizada individual con una formación y supervisión adecuada mejoraría sensiblemente la situación», indica.El psiquiatra del Hospital del Mar lamenta la escasez de recursos. «No puede ser que pacientes con el perfil de María tarden tantos años en acceder a un diagnóstico y a un tratamiento específico».
A su juicio, en la Unión Europea debería impulsarse un gran proyecto de investigación y prevención del trauma infantil, dada la enorme carga sanitaria y económica que supone.El precio del retraso asistencial: 12.000 eurosMaría conoce bien ese coste.
Calcula que ha gastado más de 12.000 euros en tratamientos privados intentando encontrar respuestas. «Me tocó la lotería en 2017 y casi todo el dinero se fue en buscar ayuda», recuerda.Ha sido ingresada en varias ocasiones por crisis de ansiedad y reconoce que el retraso en recibir un diagnóstico adecuado pudo tener consecuencias irreversibles. «Quizá se habrían evitado algunos ingresos y los intentos de suicidio si hubiera llegado antes a un servicio especializado», denuncia .Aunque asegura que el Hospital del Mar le permitió comprender finalmente el origen de su sufrimiento, considera que la atención sigue siendo insuficiente. «Tengo crisis casi todos los meses y solo dispongo de cuatro visitas al año.
Con eso es imposible avanzar.
Yo y otros muchos pacientes necesitamos más psicoterapia junto al tratamiento farmacológico».Aun así, siente que hoy dispone de una herramienta que antes nunca tuvo: entender que muchas de las enfermedades que la acompañan no surgieron por casualidad. «Saber que tras mis diez patologías está mi pasado me ha ayudado a combatirlas mejor», apunta.Su historia, concluyen los investigadores, demuestra que el trauma infantil no desaparece cuando termina la infancia.
En muchos casos permanece silencioso durante décadas hasta manifestarse, no solo en la salud mental, sino también en el propio cuerpo. ...
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