Dejar de trabajar por el calor extremo es más frecuente en Canarias que en cualquier otra región de Europa
Un estudio de la revista The Lancet estima que cada trabajador europeo con un empleo al aire libre pierde una media de 24 horas al año por las altas temperaturas. Canarias registró la mayor pérdida de todo el continente y expertas reclaman medidas de adaptación
De mayor duración en La Palma, pero más frecuentes en Fuerteventura: así serán las olas de calor en Canarias, isla por isla
La primera ola de calor del año en Canarias ha pillado a Ciani, de 39 años, como de costumbre: trabajando como camarera en el bar de la piscina de un hotel del sur de Gran Canaria.
El termómetro supera los 40 grados y a ello hay que sumar la calima, que también se ha dejado notar. El aire está irrespirable. El sol cae a plomo. Pero el local no va a cerrar para que Ciani pase la tarde a la sombra, dice ella, algo resignada. La hostelería impone unos ritmos que ni siquiera el calor más extremo parece cuestionar. Aunque, si llega el momento, tiene claro qué hacer.
“El ajetreo te impide parar. Pero yo, personalmente, pongo primero mi salud. Y si tengo que descansar, lo voy a hacer, por mucho que mi jefe me exija que siga trabajando. Porque si no lo hago, me voy al piso”, asegura. “Y si me sancionan, pues ya es cosa de ellos y me defenderé como me tenga que defender”.
No es la única. Canarias es la región europea donde más se interrumpe el trabajo al aire libre por las altas temperaturas, cada vez más frecuentes por el cambio climático, según un estudio de la prestigiosa revista The Lancet. Le siguen Chipre y la región de Ática, en el sur de Grecia. La otra cara de la moneda la firman Salzburgo, en Austria; la provincia de Bolzano, en el norte de Italia, y Finlandia, donde ha aumentado la actividad.
El calor extremo provoca estrés térmico. La capacidad física y cognitiva de quien trabaja se reduce, y el riesgo de sufrir accidentes laborales aumenta, según un informe del Observatorio DKV de Salud y Medio Ambiente. Cuando el entorno supera la capacidad del cuerpo para autorregular su temperatura mediante la sudoración, pueden aparecer desde deshidratación y calambres hasta golpes de calor o fallos multiorgánicos potencialmente mortales.
“A veces no somos conscientes de que estamos sufriendo un problema de salud de estas características. Todo empieza con una taquicardia y puede llegar un momento en el que ya no eres capaz de llamar a emergencias, trasladarte a una zona de sombra o beber agua”, advierte Carmen Marrero, secretaria de Salud Laboral de Comisiones Obreras (CCOO).
Imagen de archivo de un hombre que se refresca en las duchas de playa Grande, en Puerto del Carmen (Lanzarote). EFE/Adriel Perdomo
La investigación publicada en The Lancet apunta que la temperatura media anual a partir de la cual empieza a resentirse la actividad laboral al aire libre se sitúa en torno a los 9,9 grados. A medida que ese promedio aumenta, disminuye la capacidad fisiológica del cuerpo para trabajar.
En Canarias, la temperatura media alcanzó los 18,8 grados en 2025, 0,4 grados por encima de lo normal. En la España peninsular fue de 15 grados, con una anomalía de 1,1 grados.
Una temperatura media anual cada vez más alta favorece episodios de calor más intensos y frecuentes. Y en Europa, eso se traduce en que cada trabajador al aire libre pierde en torno a 24 horas de trabajo al año por el calor extremo, según la publicación de The Lancet, que compara el periodo 2020-2023 con el promedio registrado entre 1965 y 1994.
Canarias es la región más afectada, pero el trabajo académico, en el que han participado una veintena de expertos, no aporta datos específicos sobre el Archipiélago. Los testimonios de quienes se exponen a las altas temperaturas en los servicios de limpieza, hostelería, mantenimiento o jardinería muestran, en cambio, cómo el bochorno lo cambia todo.
“El ritmo de trabajo, evidentemente, es menor. Hacemos más pausas, bebemos mucha agua… Si nos quedamos en un lugar concreto, ponemos una sombrilla para que no nos dé el sol directamente”, dice Paco, de 48 años, que se dedica al mantenimiento de urbanizaciones en el sur de Gran Canaria.
A partir de las 11.00, añade, el vapor que desprende el alquitrán hace que “te quemes los pies”. Por eso intentan alternar “media hora a la sombrita” y otra media al sol. A las 13.00 abandonan la calle y se refugian en la nave de la empresa para realizar tareas de interior y limpieza. Y si algún miembro de la plantilla se siente fatigado, tiene libertad para acudir al médico.
Pepe, por su parte, tiene 57 años y trabaja como jardinero en San Bartolomé de Tirajana. Cuenta que, durante los episodios de calor, comienza la jornada con “gimnasia preventiva” para activar el cuerpo y aprovecha las primeras horas de la mañana para realizar las tareas más expuestas al sol. A partir de las 10.30, el protocolo le obliga a trasladarse a zonas de sombra e incluso a descartar los trabajos junto al asfalto. Allí, agrega, el calor que irradia el pavimento hace que sea imposible trabajar.
“Es un sofoco increíble porque te vas agotando, te vas agobiando. Y son días en los que no se rinde igual”, remacha Pepe. Cuando a eso se suma la dificultad para que el cuerpo se enfríe durante la noche, los efectos (y también los riesgos) se multiplican.
“Si no tienes aire acondicionado, estás muerto”, afirma Ciani. “Y te pones de mal humor. Se nota en cómo tratas a los clientes y a los compañeros. Porque no es lo mismo estar a la fresca, cuando te atiendo con una sonrisa, que hacerlo con este calor. Lo intento igual, pero cada vez te encuentras peor, más cansada”.
Un hombre descansa bajo un árbol en plena ola de calor en La Laguna
Canarias no cuenta con un plan autonómico de prevención de riesgos laborales frente a las altas temperaturas. El Instituto Canario de Seguridad Laboral (ICASEL) impulsó recientemente una campaña preventiva, pero fuentes de la Consejería de Turismo y Empleo aclaran que las medidas dependen de lo que establezca cada convenio colectivo y de lo que acuerde cada empresa.
El Archipiélago no concentra un gran volumen de trabajadores en dos de los sectores más expuestos al calor extremo: la agricultura y la construcción. La primera representa el 2,2% del empleo y la segunda, el 6,2%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Pero las Islas sí tienen a una gran parte de su población ocupada en el sector servicios. En concreto, el 86,6%, el porcentaje más alto de toda España. Personas que sirven copas a pie de playa, limpian habitaciones de hotel o mantienen jardines bajo un calor cada vez más asfixiante.
A falta de un protocolo autonómico (y más allá de la normativa estatal, que obliga a las empresas a adaptar las condiciones de trabajo cuando hay avisos naranja o rojo por calor), Marrero, de CCOO, advierte de que las medidas no deberían limitarse al verano, sino aplicarse mucho antes, porque “estamos viendo temperaturas propias de julio o agosto ya en mayo o junio”.
Para la secretaria de Salud Laboral de Comisiones Obreras, los protocolos deben ser dinámicos y negociados, alejados de una actitud “paternalista” que ignore la realidad y el esfuerzo físico de cada puesto de trabajo. Como ejemplo, plantea evitar que los trabajos físicos o a la intemperie se realicen en solitario. Trabajar por parejas, sostiene, es fundamental para que un compañero pueda pedir ayuda si alguien empieza a encontrarse mal. ...
이 뉴스, 어떠셨어요?
탭 한 번으로 반응 · 로그인 불필요