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El 14 de julio fue español

ABC.es
El 14 de julio fue español

El ritual se repitió y los españoles volvieron a saltar a las calles para apoyar a la selección en su aventura mundialista, en unas semifinales ante Francia, enemigo íntimo por antonomasia, y en un 14 de julio, fiesta nacional gala.

Sin embargo, el festejo se dio al otro lado de los Pirineos En total, fueron más de 70 las zonas habilitadas por los diferentes ayuntamientos de nuestra geografía para seguir el destino de los chicos de Luis de la Fuente.

Desde Galicia, territorio con mayor número de espacios por su fragmentada densidad de población, hasta Madrid, que acogió un total de 25, récord del país para una única urbe.

Así, miles de personas comenzaron a reunirse desde horas antes en Madrid Río, el segundo punto de encuentro oficial para los españoles en la capital, para vivir juntos el encuentro.

Familias enteras, cientos de grupos de jóvenes, turistas y aficionados llegados de distintos puntos de la capital fueron ocupando poco a poco el recinto hasta teñirlo de rojo y amarillo.A una hora del comienzo del partido, una larga cola rodeaba el acceso mientras dentro ya se respiraba ambiente de gran cita.

La fiesta comenzó mucho antes del fútbol entre las barras, el animador del evento y cánticos a favor de La Roja.

Y, como ya ocurrió en anteriores partidos del Mundial, los nervios se apoderaron de Madrid Río desde el pitido inicial.

Miles de aficionados vivían cada acción como si estuvieran en el propio estadio.

Cada recuperación se celebraba, cada pérdida arrancaba un lamento y cada decisión arbitral era recibida con una mezcla de aplausos, protestas y silbidos.Tras el gol, Francia dio un paso al frente y comenzó a monopolizar la posesión.

La tensión volvió a instalarse entre los aficionados, que siguieron el encuentro en un silencio solo roto por cada recuperación de España y por las intervenciones del guardameta.

Cada despeje era celebrado como un gol y cada ataque francés hacía contener la respiración a una afición que soñaba con volver a ver a la selección en una final.La explosión definitiva llegó en el minuto 22.

Digne derribó a Lamine Yamal dentro del área y el colegiado señaló el punto de penalti.

El silencio se hizo por unos segundos mientras Oyarzabal colocaba el balón.

El delantero no falló y desató la locura.

Gritos, abrazos entre desconocidos, bengalas, vasos de agua volando por los aires y una celebración que convirtió Madrid Río en una auténtica fiesta.

Más tarde, Porro duplicó el éxtasis y, acabado el tiempo, la noche se convirtió en eterna.

Aunque la efusividad no fue igual en todos lados.

En el País Vasco, cuatro horas antes del partido, varios grupos nacionalistas se congregaron en Irún, población cercana a la frontera francesa, para pedir la oficialización de un combinado vasco bajo el lema «Una nación, una selección», culmen de una serie de protestas y persecuciones que han tenido lugar en la comunidad autónoma en los últimos días contra personas o negocios que mostraban símbolos del equipo español.

Sin embargo, y pese a que en las grandes ciudades como Bilbao o San Sebastián no hubo pantallas gigantes para retransmitir el partido ante Francia, en Vitoria, la capital, sí se reunieron cientos de personas para seguir el duelo de semifinales.

Barcelona tampoco se unió a la iniciativa como es habitual, aunque sí hubo 20 pantallas a lo largo y ancho del territorio, como por ejemplo en Mataró, pueblo donde nació Lamine Yamal.

Pamplona, debido a San Fermín según su alcaldía, y Almería, de luto por los incendios de Los Gallardos , fueron las otras dos excepciones al apoyo masivo a la selección. ...

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