Ryan Fox saca la magia kiwi para ganar en Royal Birkdale

La ronda dominical reunió todos los argumentos que se esperan de un final del Open Británico.
El torneo más antiguo del mundo había visto, en sus 153 años de historia, cómo 91 jugadores distintos se alzaban con la victoria.
Solamente Scottie Scheffler podía sumarse a una lista de vencedores consecutivos que había quedado frenada en Padraig Harrington, en 2007 y 2008 (igualmente, las últimas doce ediciones habían visto coronarse a golfistas novatos en este pódium).
El número uno mundial quiso romper las rachas anteriores y, aunque lo peleó hasta el final (concluyó cuarto, a tres golpes del ganador), no pudo con un Royal Birkdale que mostró las garras de su diseño renovado.
Desde la última edición celebrada aquí hace nueve años se ha remozado su recorrido, algo que no ha sido del agrado de todos los jugadores y en especial de Jon Rahm, que tras firmar una tarjeta de cuatro sobre par en la última ronda, declaró que «Un campo de golf, que ya era difícil, lo han hecho aún más inaccesible.
Tuvimos que usar hierros 5 o 6 desde las salidas de los pares 5, 'drivers' y hierros largos en los pares 4, con lo que lo han hecho más duro de lo que ya era».El jugador español, que necesitaba una espectacular remontada para firmar el -10 con el que pronosticaba que se ganaría el campeonato, vio frustradas sus intenciones desde el principio.
Al igual que sucedió el día anterior, un mal 'drive' en el hoyo 1 le llevó a un doble 'bogey' para abrir boca y ahí acabaron todas sus opciones.
Lo de menos fue su arranque de mal genio –que le llevó a romper el guante con el que había ejecutado el nefasto tiro–, lo peor fue que estuvo a remolque desde entonces y no dio con la tecla para darle la vuelta a la tortilla.
Es cierto que realizó tres 'birdies' (hoyos, 5, 10 y 14), pero otros tantos pinchazos en el 6,7 y 9 le hicieron bajar los brazos.
Especialmente doloroso fue un nuevo 'doblata' con el que concluyó su participación en un 'major' al que acudía como favorito y en el que terminó relegado al puesto 46.º, a diez tantos del ganador.La Jarra de Clarete fue para Ryan Fox, un hombre que ya había hecho ruido el día anterior al igualar el récord de mejor vuelta de todos los tiempos en un grande, con 62 golpes, y que hoy no solo no se vino abajo, sino que mantuvo el temple con una vuelta muy sólida de 68 golpes (para un total de -10) que se fraguó con un final espectacular: cuatro 'birdies' en los últimos seis hoyos.
Especialmente relevante fue su forma de rematar la tarde, con un último 'putt' que embocó confiado justo al centro de la cazoleta, cuando ya esperaba en la cancha de prácticas Cameron Young (64) como líder en casa club, para un posible desempate.
Es el primer gran éxito del neozelandés que, a sus 39 años, contaba con dos victorias en el PGA Tour y cuatro en el Circuito Europeo como hitos más destacados.
Vestido con el negro de los 'All Blacks' (su padre, Grant Fox, fue una estrella del mejor equipo de rugby del mundo), sacó a relucir toda la garra kiwi en el momento preciso.Antes de ese instante cumbre se habían vivido interesantes alternancias en el marcador, ya que por momentos Sam Burns, Si Woo Kim y el propio Young ocuparon ese lugar de privilegio, pero al final, el diseño inglés puso a cada uno en su sitio.
Y en ese maremágnum de emociones, Fox no solo no se vino abajo, como los mencionados, sino que firmó un final de escándalo digno de la estrella que es.
Se convierte en el tercer neozelandés en ganar un 'major', después del mítico Bob Charles y de Michael Campbell.Los otros dos españoles en liza, los debutantes Eugenio Chacarra y Josele Ballester, concluyeron en el mismo puesto que el de Barrica, aunque con sensaciones diferentes.
El madrileño por fin pudo ganarle al campo (69) y reafirmó el buen momento que viene demostrando durante toda la temporada: «Los nervios de mi primer Open no son fáciles, sobre todo los acusé el viernes, pero aun así estoy satisfecho con lo que he hecho.
No he tenido mucha suerte con el 'putt' ni con algunos botes que se me quedaban en 'bunker' mal colocados… pero bueno, el golf es un juego que no es fácil.
Estoy contento con haber acabado bajo par, por primera vez en el torneo, y ahora a disfrutar de tres semanas de vacaciones y de trabajo con mi equipo», declaró al terminar.Por su parte, el castellonense, que jugó por la tarde, vio cómo las condiciones se endurecían con respecto a las rondas previas y, con la bola más trotona en esta ocasión, cayó hasta 73 impactos: «Saco conclusiones positivas; no es que mi juego haya sido brillante ni mucho menos, pero tengo muy buenas sensaciones.
La semana que viene vuelvo al LIV y nadie sabe lo que va a pasar hasta final de año, así que no está en mi mano y no estoy preocupado por ello.
La idea inicial es ganarme la tarjeta del Tour Europeo por la lista de no miembros, así que todavía tengo que sumar puntos y jugar todo lo que pueda en Europa», declaró. ...
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