Detectan, por primera vez, una atmósfera en un planeta similar a la Tierra, potencialmente habitable

Se trata de un hito descomunal, de un auténtico paso de gigante para la búsqueda de vida en otros mundos.
Y es que por primera vez en la historia, un equipo de astrónomos ha conseguido detectar la atmósfera de un planeta rocoso similar a la Tierra, uno que orbita en la 'zona habitable' de otra estrella.
El hallazgo proporciona la evidencia más fuerte hasta ahora de que, más allá de nuestro Sistema Solar, pueden existir exoplanetas con condiciones similares a las terrestres en cuanto a composición y temperatura.
Y, además, con el potencial de albergar vida.Recién publicado en 'Science' , este descubrimiento supone un antes y un después en la astrofísica moderna.
Durante los últimos años, detectar exoplanetas terrestres en el vecindario cósmico se había vuelto algo casi rutinario.
Sabíamos que estaban ahí, girando a la distancia correcta de su sol para permitir la existencia de agua líquida.
Pero seguía existiendo un abismo infranqueable: nadie había sido capaz de demostrar empíricamente si estos mundos habían logrado retener una atmósfera, el sutil velo de gas indispensable para proteger la vida.Un mundo envuelto en misterioLHS 1140 b, el protagonista de esta historia, no es un cuerpo celeste cualquiera .
Descubierto en 2016 por un equipo internacional de científicos esta 'súper-Tierra' se halla a una distancia de unos 48 años luz de nosotros.
Su masa es 5,6 veces superior a la de la Tierra y su radio 1,7 veces mayor.
Medidas que apuntan ineludiblemente a una composición rocosa.Hasta ahora, nadie había logrado confirmar si los mundos rocosos ubicados en la zona habitable de sus estrellas tenían, o no, una atmósfera capaz de proteger la vida de la radiaciónEl planeta tarda 24,7 días terrestres en completar una órbita entera alrededor de su sol, una antigua estrella enana roja.
Y al hacerlo, recibe el 42% de la radiación estelar que nuestro propio mundo obtiene del Sol, lo que deja su temperatura de equilibrio en unos fríos -47 grados centígrados.
Sin embargo, no nos dejemos engañar por el termómetro, porque si LHS 1140 b posee un efecto invernadero activo, esa temperatura es ideal para mantener océanos líquidos bajo sus nubes.«Una atmósfera es esencial para que un planeta albergue vida tal y como la conocemos -afirma Collin Cherubim, de la Universidad de Harvard y autor principal de la investigación-.
Esta es la primera vez que alguien encuentra una atmósfera en un planeta rocoso en la zona habitable de otra estrella».El 'chivatazo' del helioPara poder 'ver' la fina envoltura de gas de un planeta a decenas de billones de kilómetros de distancia, los investigadores recurrieron a la espectroscopía de precisión.
Imaginemos que un exoplaneta pasa justo por delante de su estrella, un fenómeno conocido como 'tránsito'.
En ese crítico momento, la luz estelar es 'filtrada' por el aire del exoplaneta justo antes de emprender su largo viaje hacia la Tierra.
Y así, igual que un prisma de cristal descompone la luz en un arcoíris, los espectrógrafos analizan con el máximo detalle esa luz estelar, porque cada uno de los gases atravesados por ella deja una firma inconfundible, una 'huella dactilar' exclusiva (franjas oscuras donde absorbe fotones) que revela su 'código de barras' químico.Los astrónomos detectaron la fuga de helio analizando el tenue «código de barras» que los gases del exoplaneta imprimen en la luz de su estrellaCherubim y su equipo confiaron, contra la opinión de muchos, en sus complejos cálculos matemáticos, según los cuales LHS 1140 b tenía por fuerza que estar expulsando helio de su atmósfera hacia el espacio.
Después, para atrapar esa débil e hipotética señal, los investigadores recurrieron al instrumento WINERED acoplado al telescopio Magallanes Clay, en el Observatorio Las Campanas (Chile).El premio a su insistencia llegó en forma de un hallazgo asombroso en 2024.
Fue entonces, de hecho, cuando confirmaron sin asomo de duda la presencia de helio escapando al espacio.
Shreyas Vissapragada, coautor del estudio y astrónomo en el instituto Carnegie, lo describe así: «Fue una evidencia clara de una atmósfera en un exoplaneta de la zona habitable.
Fue una emoción absoluta ver los espectros de tránsito y darnos cuenta poco a poco de las implicaciones de lo que estábamos viendo».Un infierno de radiaciónLas enanas rojas, que son las estrellas más comunes de la Vía Láctea, son extremadamente turbulentas en su juventud.
Sus brutales erupciones estelares, de hecho, arrancan sin piedad las atmósferas de cualquier planeta que que tenga la mala suerte de estar demasiado cerca.
Por eso, el mero hecho de que LHS 1140 b, que tiene más de 3.000 millones de años de edad, haya conservado la suya, es un auténtico milagro.David Charbonneau, jefe del Departamento de Astronomía de Harvard, admite su escepticismo inicial frente al atrevido plan de Cherubim, basado únicamente en simulaciones de ordenador sobre algo que jamás se había observado en mundos rocosos. «Collin analizó los planetas que conocíamos y predijo que este tendría una atmósfera de helio -confiesa Charbonneau-.
Luego organizó el tiempo de observación en el telescopio, obtuvo los datos y la detección fue estadísticamente sólida como una roca».Jason Dittmann, por su parte, que participó en el descubrimiento de LHS 1140 b en 2016, explica que la mera detección del planeta ya fue, de por sí, toda una hazaña de análisis de datos.
Para lograrlo, de hecho, el científico tuvo que entrenar a una inteligencia artificial para filtrar las nubes y el clima de la propia Tierra que emborronaban las observaciones terrestres.
Dittmann califica de 'rompedor' el hallazgo actual, y afirma que «la parte emocionante de este artículo es que esta es la primera vez que vemos un planeta rocoso, similar a la Tierra, que podría tener una atmósfera».Resulta irónico pensar que hace apenas dos décadas aún nos preguntábamos si siquiera existían otros planetas de tipo terrestre.
Luego supimos que son comunes, y además encontramos algunos en la zona habitable de sus estrellas.
La siguiente pregunta era si alguno de ellos había logrado mantener una atmósfera.
Algo que el nuevo estudio acaba de contestar afirmativamente.
Puede que la siguiente pregunta sea, directamente, la de saber si en alguno de sos mundos pudo surgir la vida.Un clima estructurado en capasPero lo que cuentan los datos espectroscópicos del nuevo estudio de 'Science' va más allá de un simple rastro de gas, y nos desvelan un mundo complejo y estructurado.
Los investigadores, en efecto, sugieren que la atmósfera está sufriendo un proceso de fraccionamiento porque las observaciones apuntan a que la parte más alta de la capa superior está dominada por el helio y carece de hidrógeno, lo cual indica la presencia de una dinámica fascinante llamada 'trampa fría' en la tropopausa de LHS 1140 b.
Podemos pensar en un enorme (e invisible) colador térmico: si en la superficie de este mundo hay agua oceánica, su vapor intenta subir hacia el espacio.
Pero no lo consigue, porque a medio camino choca contra temperaturas tan extremadamente gélidas que se congela inmediatamente y 'llueve' de nuevo hacia abajo.
Solo el helio y otros elementos muy ligeros logran cruzar esa frontera, asomando la cabeza hacia el espacio para ser empujados por el viento estelar.
Esto significa que las moléculas portadoras de vida, como el H2O y el CO2, podrían estar perfectamente a salvo, atrapadas cerca de un suelo rocoso calentado por la presión.El misterio de la frontera cósmicaPero aún hay más.
Para asombro de los investigadores, cuando el equipo apuntó los telescopios de nuevo en 2025, la señal del helio se había difuminado.
Un comportamiento intermitente que revela que la atmósfera no se está perdiendo en un chorro constante, sino que se trata más bien de una fuga 'variable', ligada probablemente a los violentos 'latidos' periódicos de la estrella «¡Es un raro privilegio presenciar cómo la atmósfera de un planeta extrasolar cambia en escalas de tiempo humanas tan cortas!», señala Vissapragada.La confirmación llegó también por la vía de la negación.
Porque el hermano gemelo de este mundo, LHS 1140 c, orbita aún más cerca de la misma estrella, cumpliendo su año en apenas 3,7 días.
Sometido a un infierno de radiación cinco veces superior a la Tierra, los astrónomos han comprobado que es poco más que una roca inerte y desnuda.
Ambos mundos, por lo tanto, delimitan con precisión lo que la ciencia denomina la 'costa cósmica', es decir, la frágil línea divisoria que separa a los exoplanetas pelados y calcinados de aquellos afortunados que lograron retener un cielo sobre sus superficies.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Descubren un extraño mono con los labios naranjas en el Congo noticia Si La próxima gran tormenta solar será mucho peor de lo que se creíaCon todo, este indiscutible triunfo científico es sólo la avanzadilla de lo que está por llegar.
Con el helio confirmando la existencia del aire, la comunidad internacional tiene ahora claro el objetivo.
Durante los próximos cuatro o cinco años, a través del programa Rocky Worlds DDT, el poderoso Telescopio Espacial James Webb clavará su mirada en LHS 1140 b, escudriñando su atmósfera inferior a la caza del tesoro más grande imaginable: el rastro espectral del agua y el carbono.
Si lo logra, habremos encontrado, por fin, el que podría ser nuestro primer hogar potencial en las profundidades de la galaxia. ...
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