Camping, refugio de montaña o vivac: guía para planificar unas vacaciones con niños en la naturaleza
Cada vez más familias cambian el hotel por unos días en plena naturaleza, pero no todas las formas de disfrutarla son iguales. Te contamos qué ofrece cada modalidad y cómo elegir la más adecuada para cada viaje
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Hay vacaciones en las que el mejor recuerdo acaba siendo una piscina o un bufé. Y hay otras en las que los niños vuelven hablando del zorro que vieron al atardecer, de la lluvia golpeando la tienda de campaña o de las estrellas que descubrieron lejos de cualquier ciudad. Cada vez más familias buscan ese tipo de experiencias, aunque no siempre tienen claro cuál es la mejor manera de vivirlas. Porque dormir en un camping, pasar la noche en un refugio de montaña o hacerlo en plena naturaleza no son lo mismo y cada opción ofrece una experiencia muy diferente.
La elección depende de muchos factores: la edad de los niños, la experiencia de la familia, el tipo de aventura que se busca o el nivel de comodidad al que nos podemos amoldar. Lo que para unos puede ser una escapada inolvidable, para otros puede convertirse en una experiencia demasiado exigente si no se ha planificado bien. Por eso, antes de preparar la mochila, conviene dedicar unos minutos a decidir cuál es la modalidad que mejor encaja con cada viaje.
La buena noticia es que no hace falta ser un montañero experimentado para disfrutar de unas vacaciones en la naturaleza. Empezar por un camping con todos los servicios, pasar después a un refugio o plantearse una noche de vivac cuando ya se tiene algo más de experiencia es una forma lógica de ir ganando confianza. Al final, no se trata de llegar más lejos ni de buscar la aventura más exigente, sino de elegir una opción que permita disfrutar del entorno y conseguir que toda la familia termine el viaje con ganas de repetir.
Camping: la forma más sencilla de iniciarse
Si es la primera vez que la familia se plantea unas vacaciones en plena naturaleza, el camping es sin duda la puerta de entrada más cómoda. Permite disfrutar del aire libre y dormir rodeados de bosque, montaña o playa, pero sin renunciar a servicios como duchas, baños, electricidad o un pequeño supermercado. Esa combinación de naturaleza y comodidad hace que sea una opción especialmente recomendable cuando se viaja con niños pequeños o simplemente cuando todavía no se tiene experiencia durmiendo al aire libre.
Preparando la ruta en el camping.
Elegir bien el camping también es fundamental. No todos ofrecen el mismo ambiente ni están pensados para el mismo tipo de viajero. Algunas familias buscan piscinas, parques infantiles y actividades organizadas, mientras que otras prefieren lugares tranquilos desde los que salir a caminar o recorrer el entorno. También es importante fijarse en aspectos como la ubicación de la parcela, si tiene sombra, si el suelo es duro o pedregoso, o si está razonablemente cerca de los baños, algo que siempre hay que tener en cuenta cuando viajamos con niños.
Otra ventaja del camping es que permite aprender sin demasiada presión. Si algo se olvida en casa o el tiempo cambia de repente, resulta mucho más sencillo adaptarse que en otros espacios naturales. Además, al disponer de un lugar fijo donde regresar cada tarde, puede convertirse en un excelente campo base para hacer pequeñas excursiones durante el día, recorrer senderos o visitar lugares de interés cercanos sin necesidad de cargar continuamente con todo el equipaje.
Refugios de montaña: una aventura con techo
Dormir en un refugio de montaña permite acercarse un poco más a la experiencia montañera sin tener que cargar con una tienda de campaña, ni con todo el material necesario para pasar la noche al aire libre. Muchos refugios guardados ofrecen literas, mantas, servicio de comidas e incluso información sobre el estado de las rutas, por lo que resultan una opción muy interesante para familias que ya disfrutan del senderismo y quieren vivir una escapada diferente.
Refugio de Vegabaño, en el Macizo Occidental de los Picos de Europa.
La clave está en no fijarse únicamente en cómo es el refugio, sino también en dónde está y cómo se llega hasta él. Hay refugios a los que se accede en menos de una hora por un sendero sencillo y otros que exigen recorridos largos, con bastante desnivel o terreno más técnico. Antes de reservar conviene estudiar bien el itinerario, calcular los tiempos con margen y tener presente que caminar con niños suele implicar muchas más paradas de las que aparecen en cualquier guía.
También es recomendable informarse sobre el funcionamiento del refugio. En muchos casos es necesario reservar con bastante antelación, especialmente durante el verano, y existen unas normas de convivencia que forman parte de la experiencia, como compartir habitación con otros montañeros, respetar los horarios de descanso o preparar la mochila para llevar únicamente lo imprescindible. Lejos de ser un inconveniente, todo ello suele convertirse en una buena oportunidad para que los niños descubran otra forma de viajar, más sencilla, colaborativa y conectada con la montaña.
Vivac, pernocta y acampada: la opción más aventurera también exige la mayor planificación
Pasar la noche en plena naturaleza es, probablemente, la experiencia más intensa de las tres, pero también la que requiere una mejor preparación. Antes de planteársela, además, conviene aclarar algunos conceptos que a menudo se utilizan como si fueran sinónimos y que, desde el punto de vista legal, no significan lo mismo.
La acampada libre consiste, de forma general, en instalar una tienda de campaña u otro elemento de cobijo con intención de permanecer en un lugar, una práctica que está prohibida con carácter general en España salvo en las zonas donde esté expresamente autorizada. El vivac, por su parte, hace referencia a dormir al aire libre sin montar una tienda convencional, utilizando únicamente un saco de dormir. Entre ambos conceptos se sitúa la pernocta, que suele permitir montar una tienda ligera únicamente durante la noche, desmontándola al amanecer y siempre bajo las condiciones que establezca la normativa de cada lugar.
Precisamente ahí está una de las claves. No existe una única regulación válida para todo el país. Cada comunidad autónoma cuenta con su propia normativa y, además, muchos parques nacionales, parques naturales y otros espacios protegidos establecen reglas específicas que pueden ser diferentes incluso dentro de una misma región. Por eso, antes de preparar la ruta, lo más recomendable es consultar siempre la regulación concreta del espacio natural que se va a visitar. Solo si ese lugar no cuenta con una normativa propia tendrá sentido acudir a la legislación general de la comunidad autónoma correspondiente.
El vivac consiste, en definitiva, en dormir al raso, sin usar tienda de campaña.
Una vez que tenemos claro el aspecto legal, llega la planificación. A diferencia de un camping o un refugio, aquí todo depende de lo que cada uno lleve en la mochila. Agua, comida, ropa de abrigo y una ruta bien estudiada dejan de ser simples recomendaciones para convertirse en cuestiones de seguridad. Cuando además se viaja con niños, conviene ser todavía más prudente, eligiendo recorridos sencillos, teniendo previstas alternativas si la meteorología empeora y asumiendo que el objetivo no es llegar más lejos, sino disfrutar del camino sin prisas.
Sea cual sea la modalidad elegida, hay una norma que nunca cambia: dejar el lugar exactamente igual que se encontró. Recoger todos los residuos, evitar alterar el entorno y enseñar a los niños a respetar la naturaleza forma parte de la aventura. Como se suele decir: “llévate únicamente recuerdos y deja solo tus huellas”.
Consejos útiles para cualquier escapada
Más allá de elegir entre camping, refugio o vivac, hay algunos consejos que ayudan a que cualquier escapada resulte mucho más cómoda y sencilla. El primero es no subestimar el tiempo. En la montaña, el calor del día puede dar paso a noches sorprendentemente frescas incluso en pleno verano, por lo que vestir por capas y llevar ropa de abrigo de sobra suele ser una decisión acertada. Si se va a dormir en un refugio, también conviene informarse previamente sobre el material recomendado. En muchos casos se utiliza una sábana saco por higiene, pero dependiendo de la altitud, la época del año o las condiciones del refugio puede ser aconsejable llevar además un saco de dormir que abrigue algo más.
Si hay una regla básica cuando se viaja con niños es aceptar que el ritmo lo marcan ellos. Habrá días en los que una excursión avance despacio porque alguien ha decidido observar un escarabajo durante diez minutos o entretenerse media hora lanzando piedras a un río. No pensemos que es tiempo perdido, suelen ser esos pequeños momentos los que terminan convirtiéndose en el mejor recuerdo del viaje.
La acampada libre está prohibida con carácter general en España, salvo en las zonas donde esté expresamente autorizada.
Tampoco conviene estrenar material importante durante el viaje. Montar una tienda por primera vez cuando ya está anocheciendo o descubrir que una mochila resulta incómoda después de varios kilómetros es un claro error de falta de previsión. Lo mismo ocurre con la comida y el agua, siempre es preferible llevar algo de más que quedarse corto, especialmente cuando los pequeños gastan más energía de la prevista. Y, por supuesto, no olvides confirmar cuándo y dónde se puede usar fuego, y cuándo y dónde no.
Por último, nunca está de más contar con un plan alternativo. La previsión meteorológica puede cambiar, un sendero puede resultar más exigente de lo esperado o simplemente puede haber un día en el que los niños no tengan ganas de caminar. Al final, el verdadero éxito de unas vacaciones en familia en la naturaleza no es tachar rutas del mapa ni dormir en el lugar más remoto. Es volver a casa con la sensación de haber disfrutado de la experiencia y con los niños preguntando cuándo será la próxima escapada. ...
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