Lo que gana España
Con independencia del resultado de la final del Mundial que esta noche disputará nuestra selección frente a la de Argentina, y esperando naturalmente el mejor desenlace, ya es posible constatar el éxito que este campeonato ha supuesto en lo deportivo y, sobre todo, el refrendo de que el concepto de nación funciona, resiste y avanza afortunadamente en el seno de nuestra sociedad.
Al margen del éxito puramente deportivo, del que debemos felicitarnos y que podría culminar en Nueva York con una nueva estrella sobre el escudo de las camisetas, el Mundial y el seguimiento masivo y entusiasta que ha despertado la selección en todas las capas de la sociedad demuestran que España ya ha ganado.
Nuestro país, sus símbolos –la selección nacional es, sin duda, uno de los más poderosos– y su bandera están muy vivos.
El Mundial ha dado un respiro al país, un paréntesis en medio de la consternación diaria y de una duda continua sobre la autoestima nacional.
Ha supuesto el único escenario internacional en el que el protagonismo español es admirable, el único en el que el nombre de España no queda asociado a casos de corrupción, a crisis institucionales, a pérdidas de oportunidad.Suceda lo que suceda en Nueva York, España ha avanzado en unión, en cohesión, en entusiasmo, en patriotismo –tan necesario–, en autoestima y también en la derrota de quienes pretenden patrimonializar, dividir o borrar del espacio público los símbolos de nuestra nación.
Algunos sectores han intentado utilizar de forma espuria a una selección que representa a todos los españoles para impulsar estrategias políticas.
No lo han conseguido.
Como ocurrió con la visita de León XIV, asistimos a fenómenos que trascienden a las maniobras interesadas y cortoplacistas que se arrastran por el terreno de la política.
España, representada en su magnífico equipo de fútbol, es mucho más que eso.
Simboliza una herencia compartida en la que pueden reconocerse ciudadanos de orígenes muy diversos, tanto geográficos como ideológicos.Hoy los ciudadanos se sienten más unidos y, en muchos casos, también más orgullosos de ser españoles, con independencia del resultado y de si finalmente se consigue una victoria histórica con la que nuestro equipo nos ha permitido soñar gracias a su esfuerzo, su talento y su espíritu competitivo.
Pero este partido se juega mucho más allá de un estadio de Nueva York.
El orgullo de pertenencia se ha manifestado en las familias, en las calles y en las plazas, donde miles de personas se han reunido bajo los colores de la selección incluso en lugares donde hacerlo no siempre ha resultado sencillo.
Incapaces de comprender esta expresión espontánea de ilusión colectiva, los enemigos de España han recurrido en algunos casos a las amenazas y a la violencia para tratar de impedir algo tan natural como mostrar públicamente los colores nacionales.
Aunque esas actitudes hayan intentado intimidar a muchos ciudadanos, lo cierto es que no han logrado su objetivo.
Lejos de plegarse ante esas coacciones, numerosos españoles han demostrado una admirable firmeza democrática al defender con normalidad su derecho a apoyar a la selección y a exhibir los símbolos que la representan.
Existen quienes rechazan la idea misma de España.
Pero la agresividad con la que reaccionan solo confirma el retroceso de unas posiciones excluyentes frente al avance de un patriotismo sereno, festivo, integrador y, cuando ha sido necesario, también valiente. ...
이 뉴스, 어떠셨어요?
탭 한 번으로 반응 · 로그인 불필요