Una excursión a Stirling desde Edimburgo: mucho más que la batalla que encumbró a William Wallace como héroe de Escocia
En esta ciudad a menos de una hora de Edimburgo se encuentra una de las residencias palaciegas vinculadas a la casa real escocesa. También es una excusa ideal para explorar los alrededores de la capital.
Hay pueblos que tienen una mística especial. Y las mujeres y hombres que habitan las inhóspitas pero bellísimas tierras de Escocia la tienen. Mucha mística. Escocia ha cimentado esta fuerte identidad nacional en torno a multitud de mitos y hechos históricos que se hunden en la noche de los tiempos. Historia en mayúscula en la que las grandes victorias comparten ese espacio identitario con severas derrotas que definen el espíritu de la nación. Una de esas victorias decisivas fue en un pequeño puente a poco más de una hora en coche desde el centro de Edimburgo. Y el protagonista de la gesta es otro mito escocés de primera magnitud: Sir William Wallace.
Las Guerras de Independencia de Escocia marcaron la historia del país desde el siglo XIII al XIV. Es un periodo crucial para entender no sólo la historia del país sino su propia idiosincrasia y su sentir. Fueron más de cien años de idas y venidas que mantuvieron a los ingleses al sur del Muro de Adriano hasta la unión de los dos reinos en 1707 tras el ‘Desastre del Dairen’, el fallido intento de establecer una colonia escocesa en América (una empresa que arruinó al país y precipitó la unión con el ‘enemigo’ tradicional). Pero aún estamos en el siglo XIII, en Stirling y en compañía de William Wallace.
Esta localidad situada a 65 kilómetros de Edimburgo está situada en uno de los escasos vados del Río Forth. Así que, desde siempre, este lugar fue una vía de comunicación vital entre las tierras bajas (donde se encuentran la propia Edimburgo y Glasgow) y las altas, patria indomable de los clanes. El Puente de Stirling fue siempre una pieza vital para el control del territorio y también una trampa mortal para un ejército de ocupación. El 11 de septiembre de 1297 una fuerza de escoceses al mando del mítico caudillo y Andrew de Moray aplastó a un ejercito inglés muy superior en número aprovechando el puente.
Torres del Castillo de Stirling.
Por eso no es mala idea empezar la visita yendo de manera directa hasta el Viejo Puente para ver el lugar donde tuvo lugar la batalla. Lo que se ve hoy es el resultado de una construcción integral en piedra del siglo XVI que sustituyó a las sucesivas pasarelas de madera anteriores. Pero el lugar es el mismo. Antes de subir al castillo anda hasta The Beheading Stone (acceso desde Back O’Hill Road), una piedra usada en la Edad Media como patíbulo para nobles. En su superficie pueden verse las huellas dejadas por el hacha durante las decapitaciones. En esta piedra perdieron la cabeza bastantes personajes ilustres de la historia de Escocia.
Calles con historia. Castillo de Stirling.
El Castillo de Stirling (Castle Wynd).- Residencia real de la monarquía escocesa desde por lo menos finales del siglo XI, este castillo es el resultado de obras y reformas que van desde esa fecha fundacional (la primera referencia escrita que menciona la fortaleza es de 1110) hasta principios del XVIII cuando se añadieron fosos y baluartes preparados para la artillería. La importancia del castillo tiene relación con la situación estratégica del puente sobre el Forth. Hay que destacar la zona palaciega que se construyó entre los siglos XV y XVI incorporando elementos renacentistas como símbolo de la pertenencia de los míticos Estuardo a las grandes corrientes de las dinastías europeas. La visita se centra en esta parte del castillo destacando el Gran Salón, la llamada Galería de Las cabezas (donde puedes ver tallas de los reyes y reinas de Escocia), la Capilla Real y los aposentos reales. Además, desde las almenas hay vistas brutales sobre Stirling y sus alrededores, destacando la Torre de William Wallace.
Sala decorada en el Castillo de Stirling.
Los alrededores del castillo también son lindos de ver. Antes de visitar la zona ‘moderna’ (siglos XVII y XVIII) puedes ver una exposición permanente de temática militar sobre el Regimiento de los Argyll and Sutherland Highlanders instalada en los antiguos barracones de la guardia y los jardines tienen varias curiosidades. Hay una estatua que rinde homenaje a los soldados que lucharon contra los Boers en Sudáfrica y otra dedicada a Robert the Bruce, otro de los héroes de las Guerras de la Independencia.
El Castillo de Stirling desde su cementerio histórico.
Qué ver en Stirling Village.- el Castillo se encuentra con el pueblo de Stirling a través de la Iglesia de The Holy Rude -rude es una expresión medieval que alude a la cruz de Cristo- (St John Street). Esta imponente construcción gótica del siglo XV que combina con maestría la piedra, la madera y el vidrio pintado. Este lugar ha jugado un papel importante en la historia del país siendo escenario de varias coronaciones y de eventos como la propia batalla de Stirling o la conspiración que desembocó en la Rebelión Jacobita del siglo XVIII. Junto a la iglesia podemos dar un paseo por el Cementerio de Stirling y ver el Cowane's Hospital (St John Street), antiguo asilo para comerciantes levantado en el siglo XVII. Ahí mismo está el otro gran edificio que hay que visitar: The Old Stirling Town Jail (St John Streel) antigua cárcel del siglo XIX que hoy explota de manera genial (las visitas guiadas están muy bien) haber sido ‘la peor cárcel del país’ durante la época victoriana.
Casco histórico de Stirling.
La ‘Old Town’ es pequeña y se articula en torno St John Street y su continuación Spittal Street y King Street. En esta calle y sus alrededores inmediatos te vas a encontrar con todo lo que hay que ver en una localidad que queda eclipsada por su castillo. No dejes de ver lugares de interés como Glengary Lodge (Spittal Street, 56), una casona del siglo XVII que se conserva casi en su estado original, The Bastion (Thistle Centre, 44), una antigua torre del siglo XVI a la que se la conoce como ‘La Olla de los ladrones’ por haber servido de calabozo o la South Church (Dumbarton Road), otra preciosa iglesia medieval. A nosotros nos gustó mucho, también, la Central Library (Corn Exchange Rd, 3), una preciosa biblioteca pública instalada en una imponente mansión eduardiana del siglo XVIII.
El Monumento Nacional de William Wallace emerge entre los bosques de Stirling.
Ir hasta el Monumento Nacional de William Wallace (Hillfoots Rd).- Esta imponente torre de casi 70 metros de altura se erigió a principios del siglo XIX con aportaciones de ciudadanos y ciudadanas de toda Escocia para rendir homenaje al héroe nacional escocés por antonomasia. EL lugar elegido tenía una doble función: que Edimburgo y Glasgow no llegaran a las manos y dar relumbre a la victoria de Stirling. Más allá de su significado como epicentro del nacionalismo escocés el lugar está muy bien montado y guarda algunas reliquias épicas como la mismísima espada larga de Wallace (1,6 metros), que ejerce de santo grial local.
Reliquia nacional. Espada de William Wallace en su monumento de Stirling.
La torre gira en torno a la batalla de Stirling y los héroes de la Guerra de la Independencia de Escocia (más allá del propio Wallace se rinde homenaje a otros ilustres como Robert the Bruce o Andrew de Moray). En la llamada Sala Real hay una exposición sobre la propia batalla con una muy buena colección de armas originales y cuidadas réplicas de la época. Más allá del significado político e identitario de la torre, la visita es una buena manera de adentrarse en este importante capítulo de la historia del país.
Interior gótico de la Catedral de Dunblane.
La Catedral de Dunblane (Acceso desde Stirling por A-9; -10,6 kilómetros desde Stirling-).- La mayoría de los que se acercan a Stirling atraídos por la mística de la batalla y la figura de William Wallace no reparan en el pequeño pueblo de Dunblane. Y hacen mal. En este pequeño pueblo atravesado por el río Allan Water nos encontramos con una de las joyas arquitectónicas más importantes de Escocia. En una tierra que ha sido asolada por la guerra durante siglos es difícil encontrar grandes monumentos que han permanecido más o menos intactos. Y uno de ellos, pese a las restauraciones del siglo XIX, es la Catedral de Dunblane (The Cross), una maravilla del siglo XII que es una de las mejores huellas del gótico en estas tierras del norte.
Parque del Río Allan Water, en Dunblane.
Junto a la catedral también puedes visitar el Museo de Dunblane donde hay una curiosa colección de objetos históricos y arqueológicos vinculados a la localidad (desde piezas prehistóricas a restos de las guerras jacobitas pasando por medallas olímpicas de atletas locales). Otra cosa para hacer y ver en Dunblane es recorrer las riveras del Allan Water e ir cruzando los puentes que sirven para conectar las dos orillas del río. En Fairy Bridge (Puente de Las Hadas) hay vistas muy bonitas.
Muros del Castillo de Doune.
El Castillo de Doune (Acceso desde Dunblane A-820 -6,4 kilómetros desde Dunblane; 13,7 kilómetros desde Stirling).- Otra joya que merece la pena ir a ver por su valor histórico. Esta fue la residencia de uno de los personajes más controvertidos del siglo XVI en Escocia: Juan Estuardo, duque de Albany. Que ejerció la regencia del país durante la infancia de Jacobo V. Los seguidores de la serie Outlander podrán reconocer aquí al Castillo Leoch, casa matriz del Clan MacKenzie y hay hasta una audioguía con las voces de los actores del popular ‘culebrón temporal’. Este castillo también ha aparecido en la serie Juego de Tronos. En los alrededores del castillo hay varias cosas para ver: los restos de un antiguo fuerte romano (uno de los pocos que se construyeron al norte del Muro de Adriano), una de las mejores destilerías de whisky del país (Deanston Distillery) y las ruinas de una vieja abadía medieval (Kilmadock Church).
Fotos bajo Licencia CC: John Knight; David Bramhall; Maurice Smith; IMBiblio; Jaimie Wilson; Peter de Gree; Eric Kilby; Tim Regan; Giuseppe Milo; le Liz; dun_deagh; mariejirousek ...
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