Betelgeuse no está sola: captan la mejor imagen de la escurridiza compañera de la estrella más famosa

No está sola.
Por fin, los astrónomos tienen pruebas firmes de que Betelgeuse, una de las estrellas más famosas del cielo nocturno, tiene una compañera.
Utilizando el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (VLT de la ESO), un equipo liderado por el investigador francés Miguel Montargès ha obtenido la imagen más nítida jamás vista de lo que, con toda probabilidad, es Betelgeuse B, la estrella que orbita a Betelgeuse. «Es la conclusión de una búsqueda que ha durado un siglo», afirma el investigador.Cualquiera que haya levantado la vista en una fría noche de invierno ha reparado en ella.
Situada a unos 724 años luz de la Tierra, en el inconfundible 'hombro' de la constelación de Orión, Betelgeuse es un auténtico 'monstruo'.
Hablamos de una supergigante roja cuyo radio es unas 1.400 veces mayor que el de nuestro Sol y que emite la luz de 100.000 soles juntos.
Si pusiéramos a Betelgeuse en el centro de nuestro Sistema Solar, su ardiente superficie engulliría a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y llegaría casi hasta la órbita de Júpiter.Hace solo unos años, entre 2019 y 2020, esta colosal estrella hizo saltar todas las alarmas en los observatorios de medio mundo cuando su luz, normalmente una de las más intensas del firmamento, cayó en picado de forma abrupta.
Este fenómeno, bautizado como la 'Gran Atenuación', desató la locura mediática: ¿Estaba Betelgeuse a punto de estallar?La respuesta sencilla es sí.
Pero el 'a punto' en la larguísima vida de una estrella no coincide con el nuestro, y traducido a escala humana puede significar, incluso, varios miles de años.
Desde luego, y como supergigante roja, la estrella se encuentra en la fase final de su vida y su destino ineludible es estallar como una violenta supernova.
Pero saber exactamente cúando lo hará es harina de otro costal.Si pusiéramos a Betelgeuse en nuestro Sistema Solar, su ardiente superficie engulliría a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y llegaría casi hasta JúpiterLo seguro es que, cuando ese momento llegue, el espectáculo desde nuestro planeta será sobrecogedor.
La explosión será tan colosal que brillará en el cielo con la intensidad de la Luna llena, siendo perfectamente visible a plena luz del día durante semanas.
Sin embargo, estudios posteriores demostraron que el 'apagón' no era el preludio del fin, sino que la estrella había expulsado una inmensa nube de polvo que la oscureció temporalmente.La pista del 'Betelbuddy'Pero el misterio en torno a la 'compañera' de Betelgeuse estaba lejos de resolverse.
Desde hace aproximadamente cien años, los astrónomos sospechan que los sutiles cambios en su ciclo de brillo (con un periodo secundario de unos seis años) delatan la presencia de un compañero invisible tirando gravitacionalmente de ella.
Ya el año pasado, un equipo dirigido por Steve Howell utilizando el instrumento 'Alopeke en el telescopio Gemini Norte (Hawái), logró una primera y prometedora detección directa de esta acompañante, bautizado cariñosamente en la comunidad como 'Betelbuddy' (el colega de Betelgeuse).Aquel hallazgo pionero apuntaba a que se trataba de una estrella joven y caliente, de tipo A o B, situada a unas cuatro veces la distancia entre la Tierra y el Sol respecto a la superficie de la supergigante.
Sin embargo, faltaba la prueba definitiva.
Y eso es exactamente lo que acaba de publicarse en 'Astronomy & Astrophysics'.«Salté de mi silla»Dos estudios matemáticos publicados en 2024 habían predicho que, en diciembre de ese mismo año, la compañera estelar se encontraría en el punto más alejado de Betelgeuse en su órbita, convirtiéndose en el momento ideal para intentar 'cazarla'.
De modo que Montargès y su equipo apuntaron el poderoso VLT hacia Orión y pasaron meses procesando unos datos extremadamente complejos.Cuando estalle como supernova, brillará en nuestro cielo con la intensidad de la Luna llena a plena luz del día«Salté de mi silla cuando vi las imágenes procesadas», recuerda Montargès, del Observatorio de París (PSL). «Honestamente, pensé que no teníamos la sensibilidad necesaria para detectar a Betelgeuse B tal y como se había predicho.
Pero debido a que es más masiva de lo previsto, ¡la vimos!».Los nuevos datos superan con mucho las estimaciones del año pasado.De hecho, las observaciones directas revelan que Betelgeuse B no tiene 1,5 masas solares como se pensaba, sino que alcanza entre dos y tres veces la masa de nuestro Sol. «El hecho de que todavía podamos descubrir a una compañera cercana, más masiva y brillante que el Sol, alrededor de una estrella tan estudiada, es extraordinario», subraya Montargès. «Estos son de los mejores momentos en la ciencia: ver algo nuevo, inesperado».Una aguja en un pajar... de luzCaptar esta imagen no ha sido una tarea fácil.
Equivale a fotografiar a una pequeña luciérnaga revoloteando junto a un inmenso faro desde cientos de kilómetros de distancia.
La hazaña se logró gracias al instrumento SPHERE del VLT (situado en el desierto de Atacama, en Chile). «Es notable ver cómo SPHERE y las técnicas avanzadas de posprocesamiento, desarrolladas originalmente para encontrar exoplanetas, también sobresalen al detectar a una compañera alrededor de una estrella masiva y evolucionada como Betelgeuse», explica el coautor Anthony Boccaletti.Lograr esta imagen equivale a fotografiar una luciérnaga revoloteando junto a un inmenso faro marítimo a cientos de kilómetros de distanciaSin embargo, y a pesar de que la imagen es la prueba más robusta lograda en un siglo, el equipo mantiene la cautela. «Para estar seguros de que la compañera realmente está ahí, todavía necesitamos observarla dentro de un año en el otro lado de la estrella, pero queda muy poco espacio para la duda», puntualiza Montargès.¿Y qué pasará ahora?
Pues, entre otras cosas, que el descubrimiento obligará a los astrofísicos a investigar cómo va a afectar esta enorme compañera a la esperada explosión de Betelgeuse. «La pregunta está verdaderamente abierta sobre si esta compañera va a tener un impacto en la evolución de la supergigante roja», concluye el autor principal.
De momento, habrá que conformarse con el hecho de que, al mirar hacia Orión, sabremos que esa intensa luz rojiza ya no viaja sola. ...
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