Un arma letal para cazar mamuts podría no pertenecer a la cultura Clovis y plantea que podrían haber sido carroñeros: "No tenemos ni idea de qué diantres utilizaban"
Corta distancia - El trabajo defendió que distintas poblaciones pudieron desarrollar soluciones parecidas en momentos diferentes tras afrontar problemas semejantes durante la caza
Un fósil mal etiquetado pasó más de 50 años en un cajón y resultó ser un tigre dientes de sable desconocido
Acercarse demasiado reducía el tiempo de reacción y obligaba a buscar un golpe capaz de atravesar piel, grasa y músculo antes de la embestida. Para derribar a un mamut, los cazadores debían atacar desde varios ángulos, aprovechar el terreno y dirigir las armas hacia zonas que limitaran su movilidad.
El tamaño del animal hacía poco útil una acometida aislada, porque una herida superficial podía enfurecerlo y dejar al grupo expuesto. La opción más eficaz pasaba por cansarlo, cortarle la retirada y repetir ataques hasta que perdiera fuerza.
Un estudio puso en duda la caza de grandes proboscídeos
Ese modelo de caza ha condicionado durante décadas la imagen de los Clovis, la primera cultura bien documentada que se extendió por Norteamérica hace unos 13.000 años. Un estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports revisó los 15 yacimientos donde aparecieron puntas Clovis junto a restos de mamuts, mastodontes o gonfoterios.
Metin Eren, investigador de la Universidad Estatal de Kent, y sus colegas concluyeron que ninguno permite descartar que aquellos grupos aprovecharan animales ya muertos. Los arqueólogos habían tratado durante años esa asociación como prueba de caza, aunque las mismas marcas podían proceder del despiece de un cadáver encontrado en el terreno.
Los investigadores analizaron varios yacimientos con restos de grandes herbívoros y concluyeron que las evidencias también podían encajar con el aprovechamiento
La dificultad nace de que procesos distintos dejan rastros casi iguales. Una punta rota, cortes en los huesos o un cadáver procesado podían proceder de una muerte causada por cazadores, pero también del aprovechamiento posterior de carne, piel, huesos y tendones.
Las fracturas de las puntas podían producirse durante el despiece, y el desgaste microscópico atribuido al uso como arma también aparecía al golpear el suelo o trabajar sobre una piel cubierta de barro.
En este sentido, ninguna punta Clovis se ha encontrado incrustada en el hueso de un proboscídeo norteamericano, mientras que varios yacimientos de Eurasia sí conservan puntas alojadas en restos de mamut.
El análisis del niño de Anzick recibió otra interpretación
La revisión también cuestionó una lectura publicada en 2024 sobre el niño de Anzick, un bebé de época Clovis hallado en Montana. El análisis isotópico situó la dieta de su madre en la parte más alta de la cadena alimentaria y la comparó con la de un felino hipercarnívoro extinguido, una conclusión que apuntaba a un consumo enorme de carne de mamut.
Eren y sus coautores consideraron que esa cantidad de proteína resultaba difícil de tolerar para un ser humano y propusieron otra explicación. Las larvas recogidas en cadáveres en descomposición tienen valores de nitrógeno muy altos y podían elevar la señal isotópica sin exigir una dieta basada casi por completo en carne.
Los Clovis pudieron usar armas distintas al propulsor
Otra investigación alteró además la imagen del arma que habrían usado. Durante años se dio por hecho que los Clovis lanzaban dardos con propulsor, un bastón con gancho que aumentaba la velocidad y el alcance.
Un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences calculó mediante modelos estadísticos que el propulsor apareció en Norteamérica hace unos 9.996 años, unos 4.000 años después de la desaparición de los Clovis. Los diez ejemplares más antiguos conservados en América tienen entre 9.300 y 6.100 años, y ningún propulsor apareció en un yacimiento Clovis.
Las pruebas revisadas cambiaron la visión sobre la caza Clovis
La ausencia de ese dispositivo obliga a considerar armas que exigían acercarse mucho más, como las jabalinas o las lanzas de empuje. Ambas podían transmitir más energía al cuerpo del animal que un dardo lanzado con propulsor, aunque aumentaban el peligro para los cazadores. Eren describió en declaraciones a IFLScience cuánto se desconoce sobre aquel equipo: “La cuestión es que no tenemos ni idea de qué diantres estaban usando”.
El estudio también defendió que el propulsor pudo inventarse de manera independiente en América, después de haber surgido antes en Eurasia, porque grupos separados hallaron soluciones parecidas ante problemas semejantes.
Los expertos mantuvieron abierto el debate sobre los Clovis
El debate recibió otra aportación con un trabajo publicado en Science Advances. El equipo examinó 50 yacimientos de América y calculó que los herbívoros de más de 1.000 kilos aportaban entre el 83% y el 88% de la biomasa comestible disponible para grupos de Beringia oriental, Clovis y poblaciones vinculadas a las puntas Cola de Pez.
Ben Potter, investigador de la Universidad de Alaska Fairbanks, defendió que esa especialización podía facilitar el avance por territorios desconocidos, ya que seguir y despiezar grandes animales requería conocimientos transportables de una región a otra.
Eren situó el límite de las pruebas en una afirmación que afecta a toda la discusión sobre la extinción: “Los investigadores no pueden distinguir ahora ambos comportamientos mediante la arqueología y, por tanto, no pueden calcular con fiabilidad cuántos yacimientos Clovis corresponden a caza y cuántos a carroñeo”. David Meltzer, investigador de la Universidad Metodista del Sur, añadió que resultaría raro que los Clovis fueran la única población humana conocida que renunciara a aprovechar cadáveres.
El equipo aceptó que pudieron cazar mamuts, aunque rechazó que los restos actuales permitan medir cuántas veces los mataron o atribuirles por esa vía la desaparición de los grandes proboscídeos. Potter calificó la revisión como especulativa y contraria a un conjunto amplio de datos, mientras que Eren acusó al otro equipo de seleccionar información y presentar de forma sesgada trabajos anteriores.
Los grandes herbívoros pudieron aportar buena parte de la comida y facilitar la expansión humana, pero los yacimientos conocidos todavía no permiten saber cuántos animales murieron por una lanza y cuántos ya estaban muertos cuando los Clovis llegaron hasta ellos. ...
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