Ya no se oye remar por 'Jot Down'

Aquellos tiempos del 15-M fueron tan extraños que hasta surgió una revista representada por una bola negra que aspiraba a ser el 'New Yorker' español .
Qué inocentes éramos todos.
Los millennials eran veinteañeros con ilusiones y aún veían la cultura como un atajo para situarse en el mundo.
Y ahí se coló una revista que publicaba textos largos, larguísimos, entrevistas aún más largas y fotos en blanco y negro, que siempre da prestancia.
La revista se llamaba 'Jot Down' , y en muy poco tiempo se convirtió en todo un fenómeno.
Publicar allí otorgaba una suerte de carné de periodista, en esos tiempos del Twitter progre, y todos –actores, escritores, futbolistas, narcisistas varios– suspiraban por ser entrevistados.
El encanto duró lo que duran las ilusiones.
La publicación del libro 'La bola' (Alfaguara), del periodista Daniel Verdú , nos ha venido a contar que nadie estaba revolucionando el periodismo cultural, sino que aquello fue más bien un autoengaño colectivo.
El mundo cultureta estuvo bailando al son que tocaba una mujer que se hacía llamar Mar de Marchis , a quien casi nadie conoció en persona porque tenía fobia a salir de casa y que en los foros del internet prehistórico había aprendido a imponer su voluntad sobre sus colaboradores, cuando no a manipularlos.
Con la ayuda de sus compañeros de foro, abrió un medio digital al que incorporó a periodistas veteranos rebotados de los grandes medios, con Enric González a la cabeza, a firmas que empezaban a despuntar y a otro buen puñado de jóvenes que encontraron en 'Jot Down' una agencia de colocación sin igual.
Mar les convencía con ingenio –era ingeniosa, arrolladora, creativa– y, a veces, recurriendo al viejo truco de la seducción: enviaba a sus interlocutores fotos subidas de tono de una mujer que no era ella, sino su peluquera de Santa Pola.
A cambio recibía munición de la buena –«un catálogo de pililas enhiestas», según ha escrito uno de sus primeros colaboradores, Javier Bilbao – con la que editar a su antojo la revista.'La bola' Autor: Daniel Verdú Editorial: Alfaguara Número de páginas: 19,85 euros Precio: 19,85 euros E-book: 9,49 eurosLo que Mar de Marchis consiguió tiene mérito, desde luego.
Atrajo a sus páginas –pues pronto empezó a salir en papel– a autores como Javier Marías, Juan José Millás o, qué sé yo, Fernando Savater.
Se permitió el lujo de rechazar textos de Vargas Llosa o Javier Cercas.
Engatusó a Juan Luis Cebrián para que se dejara fotografiar con el casco de Darth Vader en la peor crisis de despidos de Prisa.
Entre 2015 y 2019, publicó con 'El País' una versión mensual de la revista.
Todo con un producto de una calidad más que cuestionable –al bueno de Juan Cruz le parecía un coñazo– y sin que nadie supiera de ella nada más que el sonido de su voz.
Mar todo lo movía desde su casa, con llamadas y mensajes a todas horas, intercambiando chismes y cotilleos de manera frenética.
Antonio Caño , el director de 'El País' que apostó por la revista, la tenía como una consejera áulica, pese a que ella nunca se presentó a las reuniones que concertaron.
En realidad se llamaba María Jesús Marhuenda , vivía en Santa Pola y tenía tres hijos de un matrimonio del que salió malparada.
A Alfredo Pascual, el periodista que publicó esta información en 'El Confidencial', le cayó un buen chorreo por hacerlo, porque el periodismo, claro, no era eso.Mundo de aparienciasEl libro 'La bola' es algo cobardón.
Disfraza una investigación periodística de «narrativa basada en hechos reales» para evitar líos de más, solo pone nombres cuando estos no quedan del todo mal y un buen crítico literario le encontraría muchos peros.
Hay además muchos puntos ciegos en el retrato que quiere hacer de Mar de Marchis porque la familia de la editora y su socio de 'Jot Down' no han querido colaborar.
Pero, con todo, es una buena radiografía de cómo funciona el mundo cultural y periodístico de este país, tan preocupado siempre por las apariencias.
Vinieron a salvar el periodismo y siguen convencidos de que lo hicieron.
Javier Bilbao, viejo forero que publicaba en la primera 'Jot Down', en un artículo que funciona como un epílogo perfecto del libro, ha explicado en cambio que la intención primigenia era hacer «una versión digital del 'Interviú' o del 'Esquire'».
Lo del 'New Yorker' en español «fue una majadería que se dijo a posteriori porque sonaba bien, aunque naturalmente ninguno habíamos leído nunca aquella revista».
Lo que comenzó como una revista en la que alguna vez se colaban contenidos interesantes, lamenta Bilbao, derivó en una cuenta de Twitter que apoyaba «todas las gilipolleces de campus estadounidenses que luego pasarían a llamarse 'woke'».Lo del 'New Yorker' en español «fue una majadería que se dijo a posteriori porque sonaba bien», dice un antiguo colaboradorMar de Marchis murió en 2022, con 54 años , cuando vivía feliz en Roma, había superado esa agorafobia que le impedía salir de casa y trataba de convertir la historia de 'Jot Down' en una serie.
La revista sigue publicando, en web y papel.
Al frente está Ángel L.
Fernández , su socio de siempre, que ha dedicado estas semanas a replicar algunas críticas.
Del «dichoso libro» ha dicho Ángel L.
Fernández que transpira «resentimiento».
A Elvira Lindo la ha llamado «comisaria cultural» por criticar que la revista por la que un día bebió los vientos no paga las colaboraciones.
Y a Sergio del Molino lo ha puesto 'Jot Down' como un personaje ambicioso e hipócrita.
Parecen paladas desesperadas al agua.
Ya no se oye a nadie remar. ...
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