'Body count'
Como las palabras nunca son inocentes, observen la mutación sufrida por este concepto anglosajón popularizado ahora por las redes.
Antiguamente, body count (literalmente 'conteo de cuerpos'), era un término proveniente del mundo bélico que hacía referencia al número de enemigos abatidos en combate.
Ahora, en cambio, se ha popularizado entre los jóvenes y en plataformas como TikTok o Instagram para referirse al número de parejas sexuales que ha tenido una persona.
En principio, se aplica tanto a hombres como a mujeres, pero penaliza más a las mujeres. «Por más que la sociedad ha enseñado a las mujeres que es muy cool acostarse con un montón de tíos –explica en TikTok un treintañero con millones de seguidores–, una de las cosas que más miramos los hombres es por cuántas camas pasan las tías».Lo único que importa es que el sexo sea seguro y consensuado.
El resto son películas«Por más que quieran engañarnos –apunta otro individuo con aspecto no precisamente de conservador o votante de Vox, sino de antisistema tapizado de tatuajes– esas cosas se saben.
Vosotras estáis en vuestro derecho de acostaros con quien queráis, pero nosotros estamos ciento por ciento en el nuestro de elegir con quién nos emparejamos».
Otro concepto que se está popularizando es «chicas cero kilómetro» versus «usadas», porque «las que han dado el regalo de su cuerpo a muchos tíos ya no valen».
Son muchas las voces femeninas que han denunciado esa peligrosa deriva poniendo el foco en la necesidad de subrayar que una chica tiene tanto derecho como un chico a su libertad sexual, lo cual es obvio.
Pero evidente es también que la modernidad va por un lado y, por lo que parece, ciertos resabios ancestrales van por otro.
Por eso, pienso que, antes de alarmarse y decretar que estamos involucionando y que el mundo es igual de machista que siglos atrás, habría que intentar estudiar un poco más el fenómeno.
En 2024, en los Estados Unidos se llevó a cabo un estudio que reveló que uno de cada cuatro entrevistados (personas de ambos sexos y en un rango de edad de 20 a 40) reconocía dar importancia al número de amantes anteriores de sus parejas.Cuando se les preguntaba qué número de amantes les parecía razonable tener antes de embarcarse en una relación seria, la respuesta general era, en el caso de una mujer, dos o tres, mientras que para los hombres la cifra subía a cinco o seis.
A continuación venía un dato curioso.
Todos los encuestados opinaban que no haber tenido ningún amante anterior no era aconsejable ni en hombres ni en mujeres, si bien estaba peor visto que un hombre no tuviera ninguna experiencia previa a que no la tuviera una mujer.
En lo que a promiscuidad se refiere, consideraban que esta daba un cierto atractivo y aire de ganador a un hombre, mientras que, en el caso de una mujer, puntuaba en contra.
Si quieren saber mi opinión, la conclusión que saco de estos datos es que, si bien es evidente que, en ciertos sectores, se está produciendo una reacción negativa con respecto al nuevo rol de la mujer en la sociedad, y muy en especial en el terreno de la sexualidad, si uno lee los datos anteriores, la situación no es tan extrema como parece.
Por supuesto que siempre habrá energúmenos que aboguen por que volvamos a aquello de «la mujer mejor en casa y con la pata quebrada».
Pero para la gente normal, entre la que impera el sentido común, lo que prima es la moderación.
No es fácil sacudirse milenios de apriorismos absurdos como que un hombre que no ha tenido experiencias sexuales previas es un «rarito», mientras que una mujer en su mismo caso es un dechado de virtudes.
Tampoco que la promiscuidad en hombres importe menos que en mujeres.
Porque, como tantas veces en la vida, en el punto medio está la virtud.
Ni sátiros ni devorahombres ni libidinosos ni viragos.
Los tiempos del sexo por el sexo y las muescas en el revólver, como en los últimos años del siglo XX, quedaron atrás y ahora los cánones son otros. ¿Que todo apunta a que volvemos a una sociedad pacata y retrógrada con virtudes y pecados de infausto recuerdo?
No lo creo.
Pienso más bien que, en general, priman cada vez más las relaciones que tienen vocación de ser perdurables.
En medio de la incertidumbre y la perplejidad del mundo en su conjunto, se nota un auge del neorromanticismo.
El amor ya no es gimnasia, es vocación de compromiso.
Y si para encontrar a la persona ideal hay que pasar por unas cuantas camas previas, ¿qué problema hay?
Lo único que importa es que el sexo sea seguro y consensuado.
El resto son películas (y bastante malas, además). ...
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