Conocida como "ciudad bonita", se construyó en el siglo XI y está llena de ríos, lagos, puentes y casas flotantes
Además de su emblemático lago Dal, cada rincón de la ciudad de Srinagar, en la India, respira el encanto de los mercados tradicionales, mezquitas centenarias y una espiritualidad que cautiva
Construido en un acantilado a más de tres mil metros de altura, a este monasterio de difícil acceso se llega tras subir 800 escalones
La pasarela china construida a 140 metros de altura y que, al ser acristalada, da la sensación de estar flotando al cruzarla
Srinagar, capital de verano del territorio de Jammu y Cachemira, es todo un oasis de serenidad en el norte de la India. Conocida cariñosamente como la “ciudad bonita”, este enclave histórico cuenta con raíces que se remontan al siglo XI, época de la que datan monumentos como el templo de Shankaracharya. Ubicada a una impresionante altitud de 1.700 metros, la urbe se despliega en un valle rodeado por imponentes picos nevados y paisajes de ensueño. Su fisonomía está marcada por una red intrincada de canales navegables que le han valido el sobrenombre de “la Venecia del Himalaya”. Los antiguos puentes de madera conectan los distritos que se extienden a ambos lados de la corriente fluvial que divide el casco viejo. La historia y la naturaleza convergen en este lugar donde el agua es el elemento vital que define su identidad cultural única.
Cada rincón de la ciudad vieja respira el encanto de los mercados tradicionales, mezquitas centenarias y una espiritualidad que cautiva al visitante. Pero si hay un aliciente de esta ciudad es lógicamente el emblemático lago Dal, una joya acuática que refleja la grandeza de las montañas. Este cuerpo de agua no es solo un destino turístico, sino un microuniverso donde la vida cotidiana transcurre enteramente sobre el líquido elemento. Las shikaras, pequeñas y coloridas embarcaciones de madera, surcan las aguas transportando a lugareños y viajeros entre jardines flotantes y comercios. El murmullo de los remos es el único sonido que interrumpe la calma absoluta que se respira al navegar durante las horas del amanecer.
En el centro del lago, la actividad comercial cobra vida con el famoso mercado flotante, donde se intercambian productos frescos cada mañana. Los agricultores locales ofrecen flores, frutas y vegetales directamente desde sus barcas, manteniendo una tradición que se ha conservado por generaciones. Es un espectáculo visual fascinante donde los colores de los lotos y nenúfares se mezclan con la energía de las transacciones locales. El lago Dal representa la esencia misma de la ciudad, integrando la naturaleza, el comercio y la espiritualidad en un paisaje único.
Hoy en día estas embarcaciones están decoradas con intrincados trabajos en madera de cedro, alfombras y muebles tradicionales, ofreciendo a los huéspedes contemplar el reflejo de las montañas en la superficie cristalina
Uno de los símbolos más distintivos y fascinantes de Srinagar son sus centenarias casas flotantes, que funcionan como hoteles boutique sobre el agua. Estas estructuras de madera tallada tienen su origen accidental en la época colonial, cuando los británicos tenían prohibido comprar tierras firmes. Para refugiarse del calor de las llanuras, decidieron construir sus residencias directamente sobre los lagos Dal y Nigeen a finales del siglo XIX. La primera de estas naves fue bautizada como Victoria en 1888, dando inicio a un estilo de arquitectura sin igual.
Hoy en día, estas embarcaciones fijas están decoradas con intrincados trabajos en madera de cedro, alfombras de Cachemira y muebles tradicionales. Ofrecen a los huéspedes balcones y terrazas con vistas panorámicas que permiten contemplar el reflejo de las montañas en la superficie cristalina. Dormir sobre el agua es una experiencia poética que transporta a los viajeros a la elegancia del antiguo estilo de vida victoriano. El mantenimiento de estas joyas requiere de maestros artesanos que utilizan técnicas ancestrales para preservar el delicado patrimonio del valle.
La espiritualidad de la ciudad se eleva literalmente hacia los cielos mediante monumentos sagrados que dominan el paisaje desde las alturas de las colinas. El templo de Shankaracharya, dedicado al dios Shiva, se erige en la cima de una colina a más de 300 metros sobre la urbe. Construido originalmente en el siglo XI, este templo es un destino de peregrinación esencial para los seguidores del hinduismo en la región. Desde su posición estratégica, los visitantes pueden disfrutar de una vista panorámica incomparable que abarca toda la ciudad y el brillante lago Dal. No muy lejos, el imponente fuerte Hari Parbat se alza sobre otra colina, custodiando los secretos de la historia mogol y afgana. Iniciado por el emperador Akbar en el siglo XVI, el fuerte actual fue terminado durante el gobierno del imperio afgano.
En el tejido urbano de la ciudad vieja destaca la Jamia Masjid, conocida como la mezquita del viernes por su inmenso tamaño histórico. Fundada en 1394 por el sultán Sikandar, su arquitectura fusiona el estilo persa con la tradición local de Cachemira. Su estructura cuadrada se sostiene sobre 378 pilares de madera de cedro, capaces de albergar a miles de fieles. A diferencia de otras mezquitas, sus techos inclinados evocan influencias de la arquitectura budista y tibetana, reflejando una herencia cultural mixta. Otro punto de devoción fundamental es el santuario de Hazratbal, situado a orillas del lago y famoso por su mármol blanco brillante. Este edificio sagrado custodia una reliquia venerada que se cree que es un cabello del profeta Mahoma, traído hace siglos. Su cúpula blanca contrasta bellamente con las aguas del lago Dal y las montañas Zabarwan que sirven de marco natural imponente.
La atmósfera en estos lugares sagrados transmite una paz profunda que contrasta con el bullicio incesante de los bazares cercanos. Visitar estos templos permite a los viajeros acercarse al corazón espiritual de la población musulmana que habita el valle. La herencia del imperio mogol se manifiesta también en los espléndidos jardines que adornan las orillas de los lagos con simetría y belleza. Shalimar Bagh, diseñado por el emperador Jahangir en 1619, es conocido como la “morada del amor” en honor a su esposa. Estos jardines siguen el estilo tradicional Charbagh, con canales de agua, fuentes ornamentales y terrazas que evocan el paraíso terrenal islámico. Los majestuosos árboles son los protagonistas de este paisaje, transformando el entorno en un espectáculo de tonos rojizos durante el otoño.
Laberinto de calles y olores
Cerca de allí se encuentra Nishat Bagh, el “jardín de la alegría”, construido por el cuñado del emperador en 1633. Este jardín se organiza en doce terrazas escalonadas que representan los signos del zodiaco, permitiendo que el agua fluya en cascadas. Otros espacios como Chashme Shahi y Pari Mahal ofrecen rincones ideales para relajarse lejos del caos urbano de la ciudad antigua. Estos parques no son solo estéticos, sino que regulan el microclima local y ofrecen un refugio de aire fresco para los visitantes. Los jardines mogoles son una muestra de cómo la arquitectura persa se adaptó al paisaje montañoso de Cachemira.
La verdadera esencia de Srinagar se encuentra en sus laberínticas calles antiguas, llenas de vida, color y aromas intensos de especias locales. Los mercados de la ciudad vieja ofrecen desde el aclamado azafrán de la zona hasta finas alfombras y delicados pañuelos de pashmina. Los artesanos locales continúan trabajando el papel maché y la madera con técnicas transmitidas por sus antepasados para preservar su herencia. La gastronomía cachemir es otro pilar fundamental, influenciada por tradiciones persas y mogoles que resultan en sabores únicos y potentes. El famoso banquete wazwan consiste en múltiples preparaciones de cordero cocinado con especias locales que deleitan a cualquier paladar extranjero. Tampoco se puede dejar de probar el té kahwa, una bebida verde con azafrán, canela y almendras que simboliza la hospitalidad. La vida en esta parte de la ciudad es una mezcla vibrante de tradición comercial y espiritualidad diaria que se manifiesta constantemente. ...
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