El Komsomolets sigue siendo un peligro: la historia del submarino nuclear que se convirtió en una "bomba de relojería"
Este submarino soviético se hundió en el mar de Noruega hace casi 40 años, pero todavía libera material radiactivo
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Entró en servicio en el año 1983 y lo hizo como uno de los grandes hitos de la marina de la Unión Soviética. ¿La razón? Que el submarino K-278 Komsomolets era único en el mundo. Este podía operar a más de 1.000 metros de profundidad, tenía un casco interior hecho de titanio y, además de varios torpedos convencionales, llevaba dos armados con ojivas nucleares.
Su final, sin embargo, estuvo marcado por la tragedia. El 7 de abril de 1989, mientras navegaba por aguas del mar de Noruega, se desató un incendio en uno de sus compartimentos. Aunque el submarino consiguió emerger a la superficie, el fuego se extendió, inutilizando numerosos sistemas, y tras cinco horas a flote, el Komsomolets se terminó hundiendo.
Mientras se hundía, una cápsula de escape lanzó a la superficie a cinco marineros atrapados, pero solo uno logró salir antes de que la cápsula se llenara de agua. Así, el accidente provocó la muerte de 42 de los 69 tripulantes que viajaban a bordo. El submarino descendió durante varios minutos hasta impactar contra el lecho marino del mar de Noruega, donde todavía hoy descansa.
En junio de 1989, dos meses después de su hundimiento, el pecio fue localizado. Al principio, los funcionarios soviéticos declararon que cualquier posible fuga era insignificante y que no representaba una amenaza real para el medio ambiente. Sin embargo, a una profundidad de aproximadamente 1.680 metros, el Komsomolets sigue siendo un peligro.
Los riesgos
“Es una bomba de relojería que lleva tiempo a punto de estallar en el fondo del mar de Noruega. Y a menos que se haga algo al respecto, y se haga rápidamente, todos estaremos en peligro”, señaló el activista ruso de Greenpeace, Dimitri Litvinov, en un reportaje de la BBC de 1993. Desde entonces, son muchos los expertos que han alertado de la situación y sus consecuencias.
En marzo de este mismo año, un estudio publicado en la revista científica PNAS volvió a incidir en los peligros asociados a que un submarino nuclear de las características del Komsomolets permanezca en el fondo del mar durante décadas. Los investigadores inspeccionaron el pecio y, tras los análisis, confirmaron que el reactor continúa liberando pequeñas cantidades de material radiactivo.
Aunque los torpedos permanecen sellados, el reactor se está degradando y libera periódicamente este material al mar, una fuga que no es constante, sino que se produce en ráfagas esporádicas desde puntos específicos del casco. No obstante, la corrosión del submarino con el tiempo podría afectar negativamente los niveles actuales de radiación. “Se prevé que las emisiones del reactor en Komsomolets continúen, por lo que se deben realizar investigaciones adicionales para determinar los mecanismos que las originan, los procesos de corrosión que ocurren dentro del reactor y sus implicaciones para futuras emisiones y el destino del material nuclear restante en el reactor”, concluyó el estudio. ...
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