Operación Periodo: así será la primera misión que estudie la menstruación en el espacio

Es un hecho que, antes o después, la Humanidad tendrá que ser capaz de reproducirse en el espacio.
La sola idea de tener bases permanentes en la Luna, en Marte o en algún lejano asteroide, hace inevitable que, en algún momento, surja la que será la primera generación de seres humanos 'espaciales'. ¿Pero estamos preparados para ello?La cuestión es mucho más seria de lo que parece.
Se trata de determinar si nuestros cuerpos están equipados biológicamente para concebir, gestar y dar a luz en gravedad cero, o en las superficies de la Luna o de Marte.
Y, hoy por hoy, la respuesta de la ciencia es un rotundo 'no'.
Nuestro inminente futuro espacial choca de frente con un entorno hostil que parece diseñado para aniquilar la vida, y lo cierto es que conocemos aún muy poco sobre los efectos de la microgravedad y la radiación en nuestras células sexuales.Las tres amenazas para la fertilidadUn reciente informe publicado en 'Reproductive Biomedicine Online' puso recientemente sobre la mesa la ausencia total de garantías para la reproducción humana fuera de nuestro planeta.
En aquel estudio, el investigador Giles Palmer y su equipo identificaron tres barreras fundamentales.
La primera es la radiación cósmica.
En el espacio profundo, en efecto, sin la coraza protectora del campo magnético terrestre, la radiación actúa como una lluvia incesante de 'balas' microscópicas capaces de atravesar el fuselaje de las naves y dañar irreversiblemente el frágil ADN de óvulos y espermatozoides.Noticia relacionada general No No Christina Koch, primera mujer en volar a la Luna, premio Princesa de Asturias de la Concordia J. de JorgeLa segunda amenaza, por supuesto, es la microgravedad, que altera la fisiología celular y los fluidos corporales.
Nuestro sistema circulatorio y celular es como una compleja red de tuberías, diseñada exclusivamente para bombear líquidos contra la gravedad terrestre.
Pero si quitamos esa gravedad de la ecuación, los fluidos se acumularán donde no deben, la presión interna cambiará y los delicados procesos que rigen la formación de células reproductoras perderán su 'brújula' y ya no sabrán dónde deben ir.
Y, en tercer lugar, aunque no por ello menos importante, está la disrupción de los ritmos circadianos.
No olvidemos que, a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), el Sol sale y se pone 16 veces al día.
Y si el simple hecho de viajar a otro huso horario en la Tierra ya nos causa jet lag, imaginemos qué no hará un reloj biológico en el que el amanecer y el anochecer ocurren cada 90 minutos.
Según los expertos, el resultado será un auténtico caos hormonal que trastocará por completo los ciclos que regulan nuestra fertilidad.El inquietante aviso de los ratonesHasta ahora, los experimentos previos han arrojado resultados que invitan, como mínimo, a la prudencia.
Hace unos años, el envío a la ISS de esperma liofilizado (congelado y deshidratado) de ratón confirmó la crudeza del entorno espacial: en menos de un año, la radiación indujo graves alteraciones y daños genéticos en las muestras.
Es cierto que, posteriormente, se lograron nacimientos de crías de ratón sanas al fecundar esos óvulos aquí en la Tierra, pero esto se debió a la asombrosa capacidad natural del óvulo terrestre para detectar y reparar el ADN dañado del espermatozoide.Sin la protección de la magnetosfera terrestre, concebir y gestar en la Luna o en Marte plantea un riesgo crítico de malformaciones o de fracaso reproductivo totalEste resultado, lejos de tranquilizarnos, plantea una duda que pone los pelos de punta a los biólogos: ¿Podría un embrión humano en pleno desarrollo reparar ese enorme daño genético si la concepción ocurriera en el espacio, sometido a una lluvia radiactiva constante?
Nadie lo sabe.
En pocas palabras, concebir en la Luna o en Marte supone un riesgo crítico de malformaciones o de fracaso reproductivo total.
Todo apunta a que las futuras colonias dependerán de biobancos fuertemente blindados, en cuyo interior se almacenarán embriones fecundados previamente en la Tierra, y de técnicas de reproducción asistida muy avanzadas.El elefante en la nave: los derechos de la mujerSin embargo, y a pesar de los los estudios con ratones, las simulaciones de gravedad y las células liofilizadas, faltaba una prueba, un test fundamental que había sido incomprensiblemente ignorado durante el último medio siglo de exploración espacial y que, por fin, alguien ha decidido llevar a cabo.
Se trata, demás, de una prueba que no solo tiene que ver con la reproducción humana en sí, que también, sino con un asunto mucho más 'terrenal': los derechos de la mujer y el diseño sesgado de la medicina aeroespacial.Hace 46 años, los ingenieros de la NASA llegaron a preguntarle a la astronauta Sally Ride si 100 tampones eran la cantidad adecuada para un vuelo espacial de seis díasDesde los albores de la era espacial, las astronautas han recurrido de forma sistemática a la supresión hormonal (mediante píldoras anticonceptivas o dispositivos intrauterinos) para evitar la menstruación durante sus misiones.
Lo cual, lógicamente, ha provocado un enorme vacío de datos.
No sabemos absolutamente nada sobre cómo funcionan los ciclos naturales en órbita ni qué le ocurriría a una mujer durante un viaje de años de duración a Marte.
El sesgo es tan profundo que, hace 46 años, en 1978, los ingenieros de la NASA llegaron a preguntarle a la legendaria astronauta Sally Ride si 100 tampones eran 'la cantidad adecuada' para un vuelo espacial de apenas seis días.Aunque hoy la anécdota nos haga sonreír, es el reflejo de una cruda realidad: jamás en la historia se ha realizado un estudio científico dedicado en exclusiva a investigar la menstruación en el espacio.
Hasta ahora.Operación Periodo: menstruar en gravedad ceroUna organización sin ánimo de lucro llamada Operation Period, liderada por jóvenes investigadoras de la Generación Z, ha decidido cambiar la historia.
De modo que en 2027, la misión suborbital Operation Period-01 (OP-01) volará a bordo de una nave de Virgin Galactic con un objetivo claro: realizar el primer estudio sobre la menstruación en microgravedad.Los vuelos espaciales tripulados se han construido históricamente en torno a una definición muy estrecha del cuerpo humano», denuncia la científica e ingeniera Manju Bangalore.La ingeniera, científica e investigadora Manju Bangalore, fundadora de la organización, viajará personalmente al espacio junto a la ingeniera aeroespacial Priya Abiram para llevar a cabo estos experimentos. «No se trata solo de una primicia científica -subraya Bangalore-, sino de corregir un fallo de diseño fundamental.
Los vuelos espaciales tripulados se han construido históricamente en torno a una definición estrecha del cuerpo humano.
Estamos trabajando para ampliar esa definición y asegurar que la futura exploración espacial refleje toda la diversidad de la experiencia humana».Actualmente, y ante la casi total falta de información, las astronautas apenas tienen opciones reales sobre sus propios cuerpos más allá de la supresión hormonal. «Aunque los datos que tenemos, aunque limitados, dicen que en general es seguro menstruar -advierte Bangalore- en términos de misiones de larga duración no tenemos datos cuantitativos».
Simple y llanamente no hay información suficiente para planificar misiones más largas con garantías pra las astronautas.Precisamente por eso, la misión OP-01 estudiará cómo se comportan los fluidos menstruales en un entorno sin gravedad.
De la misma manera que el agua en la ISS no fluye hacia abajo, sino que flota formando esferas perfectas debido a la tensión superficial, la ciencia necesita comprender la dinámica exacta de los fluidos uterinos para diseñar productos de higiene espacial que sean eficaces y seguros, evitando infecciones o complicaciones en el entorno cerrado de una nave.Un impacto directo para las mujeres en la TierraLa misión no solo sentará las bases para que la Humanidad pueda establecerse en el cosmos, sino que destapará graves deficiencias de la medicina actual, y no solo de la que se refiere al espacio .
Un ejemplo.
Durante su investigación preliminar, Operation Period descubrió que, hasta fechas muy recientes, las grandes compañías ponían a prueba la capacidad de absorción de sus productos de higiene íntima utilizando simples soluciones salinas (agua con sal) en lugar de sangre real, cuyos componentes y viscosidad son radicalmente distintos.Según Bangalore, esta falta de rigor científico ha llevado a que los médicos diagnostiquen de forma errónea o insuficiente el sangrado menstrual abundante, un problema que, en Estados Unidos, afecta al 20% de las mujeres. «Espero que todas las que menstrúan puedan vivir su vida con plena dignidad y alcanzar su máximo potencial, y eso incluye a las astronautas», señala la ingeniera, que reconoce que este primer vuelo no bastará para responder a todas las incógnitas de golpe. «Nuestra esperanza es continuar repitiendo esta investigación para poder realizar futuros vuelos suborbitales, así como vuelos orbitales, para continuar creando conjuntos de datos más grandes».Prepararnos para colonizar el Sistema Solar requerirá, sin duda, dominar los cohetes y los sistemas de soporte vital.
Pero si olvidamos estudiar la biología de la mitad de la población humana, el sueño de convertirnos en una especie multi planetaria podría terminar antes siquiera de haber empezado. ...
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