De pasar hambre al trauma de Qatar: Lautaro, el patito feo de Argentina

Se había cambiado la camiseta y había tenido casi media hora de festejo y de asimilación, pero la emoción no había desaparecido.
Apareció Lautaro en la zona mixta del Atlanta Stadium con los ojos aún llorosos, tras meter el gol más importante de su vida, y se acordó de su madre: «Ella estaba trabajando, pero es la primera persona a la que he llamado.
Cuando entro en la cancha solo pienso en mis hijos, mi mujer y mis viejos», desveló el ariete, muy agradecido también con su padre: «Es el principal responsable de que yo hoy siga jugando al fútbol y esté aquí con mi país».Lautaro disfrutó el miércoles por la tarde en Atlanta de su mejor momento, a nivel individual, con Argentina.
En el minuto 92 de la semifinal ante Inglaterra, con 1-1 y el pase a la final en el aire, elevó sus 174 centímetros entre los dos metros de Burn y el 1,90 de Stones y, como si tuviera un martillo hidráulico en su cabeza, impactó con violencia el balón para llevar a la red el centro de Messi.
El tanto de su vida: «Le dije a Mac Allister que iba a hacer un gol y a Medina, cuando estaba en el banquillo, que iba a entrar y lo iba a ganar.
Es muy fuerte.
Desde la primera vez que mi viejo me compró un par de botines (con los colores azul y blanco de Argentina) siempre soñé con hacer este gol.
Lo juro», comentó entre lágrimas a pie de campo.Sentimientos intensos de un futbolista que nunca lo ha tenido fácil en su selección.
Lautaro procede de una familia humilde y trabajadora de Bahía Blanca (novena ciudad más poblada de Argentina, ubicada en el suroeste de la provincia de Buenos Aires) que ni siquiera ha dejado de serlo una vez que su hijo ha llegado a la élite del fútbol.
Su padre fue mecánico de aviones antes de llegar a ser futbolista en Segunda, para acabar siendo cuidador de personas mayores.
Su madre, empleada doméstica: «Éramos tres hermanos y no nos alcanzaba el dinero en casa», desveló hace unos años en una entrevista en Italia. «De mi infancia recuerdo muchas cosas.
Una es tener hambre mientras esperábamos la cena y luego jugar con mis hermanos a ver quién «comía» más».Situaciones límite, como la de vivir durante dos años en una casa prestada ante la imposibilidad de que sus padres pudieran pagar un alquiler, curtieron la personalidad de Lautaro, cuyos primeros pasos en el fútbol los dio en el Club Atlético Liniers de su ciudad natal.
Ahí, sus padres destinaban algunos de los pocos recursos económicos de los que disponían para costear los viajes a Buenos Aires, donde disputaban torneos en los que los grandes clubes argentinos cazaban promesas, y eso hizo Racing de Avellaneda con él en 2014, cuando Lautaro ya tenía 16 años.
Luego, en 2018, lo vendió al Inter por 25 millones de euros: «Es un jugador de picar piedra, de ganarse cada salto en su carrera con trabajo y más trabajo, y de no rendirse nunca ante la adversidad», explican desde la concentración de Argentina, y así lo reconoció el propio jugador tras convertirse en el héroe ante Inglaterra: «Un futbolista siempre quiere jugar, esa es la realidad.
Así que yo siempre hago lo que me enseñaron mis viejos: agachar la cabeza, correr, tener humildad, sacrificarse y trabajar».El tanto ante Inglaterra fue su segundo gol mundialista, ambos aquí, en Estados Unidos, donde comenzó el torneo como titular, pero perdió ese rol desde el partido de octavos ante Egipto.
Un camino similar al de Catar hace cuatro años, aunque allí el puesto se lo quitó Julián por una lesión de tobillo que le martirizó desde la última jornada de la fase de grupos, tras jugar infiltrado ante Arabia y México: «El dolor no me permitía entrenar y me hacía ver las estrellas.
Era muy difícil jugar de esa manera.
Me encerraba en la habitación, lloraba, lo pasaba mal e hice venir a mi familia y a mi hija para que estuvieran cerca».
Un consuelo, pero no suficiente para que pudiera recuperar su sitio en el once ni para ver portería en los minutos que jugó desde el banquillo.Una frustración que ha sentido en más ocasiones, antes y durante esta racha triunfal de Argentina que le ha dado un Mundial y dos Copas de América desde 2021, por un cierto desapego mediático que incluso ha contagiado en ocasiones a un sector de la afición argentina.
Desde echarle en cara sus problemas físicos en Catar más el año y medio que estuvo sin meter un gol con la selección, hasta acusarle de tener un comportamiento soberbio y de no congeniar ni sacrificarse por Messi , algo que no ha sido así y que el propio Leo ha negado.
De todo este ruido también se ha levantado en silencio y a base de trabajo.
Lautaro Martínez, el patito feo de Argentina que ha metido a su país en la final del Mundial. ...
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