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Después de Diego y Leo, el vacío

ABC.es
Después de Diego y Leo, el vacío

ONP Summary

The 2026 World Cup final saw Spain defeat Argentina, with Messi returning to his native Rosario on Tuesday to rest following the tournament. FIFA simultaneously published its Dream XI voting ballot featuring 28 candidates, with Messi commanding over 50% of votes and five Argentine players nominated, though controversy arose over the exclusion of Spain's championship-winning defenders.

Progressive:Loss and recovery — progressive outlets emphasize Argentina's defeat and frame Messi's return as a needed respite, focusing on the loss.

Moderate:Tournament conclusion — moderate outlets report the result, developments, and Dream XI voting objectively without partisan emphasis.

Conservative:Vindication amid defeat — conservative outlets celebrate Argentina's strong Dream XI representation (five nominees, Messi leading over 50%) despite the championship loss.

Es el fin de una era.

El adiós a Lionel Messi, quien se despidió con un escueto mensaje en sus redes sociales tras la derrota de la albiceleste en la final de la Copa del Mundo, duele en Argentina todavía más que el fracaso deportivo contra España.

Implica la muerte de un sistema de juego que supo conquistar los corazones de todo un país, acostumbrado durante tres largas décadas a esperar un triunfo que no llegó hasta 2022. «Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino», escribía con melancolía 'La Pulga' en la previa del partido del domingo.El jugador, que a sus 39 años llegó a acumular 47 títulos oficiales, no siempre fue amado en su tierra: sus primeros años en la selección tuvo que sobreponerse a las críticas mordaces de gran parte de la prensa bajo el argumento de que «en Barcelona juega mejor que aquí».

Con el paso del tiempo, el rosarino se fue ganando la confianza de sus compatriotas, al punto de convertir las victorias en el campo de juego en moneda corriente.

La Copa América, el Mundial de Qatar… a fuerza de triunfos, los argentinos volvían a creer en la posibilidad de ganar.

Pero esa era ha llegado ahora a su fin y se abre una incógnita con respecto al futuro.En Argentina, un país habituado al psicoanálisis, es corriente criticar a la propia familia.

También es habitual el enojo con los políticos de turno.

Pero hay casi una sola figura que nadie se atreve a cuestionar públicamente y es la de Lionel Andrés Messi.

Cuando comenzaba su largo recorrido en las filas de la albiceleste, se lo acusaba en su país de ser tibio.

Pero hoy toda Argentina lo ama.Ocurre que Messi –al igual que el técnico de la selección albiceleste, Lionel Scaloni- ha instaurado un nuevo modelo de liderazgo, muy diferente al que existía en los tiempos de Diego Maradona.

Entre las principales diferencias que suelen señalar los argentinos entre 'La Pulga' y el fallecido astro del fútbol se encuentra el hecho de que la admiración por Messi suele ser más uniforme en la sociedad, mientras que Maradona, ídolo de muchos en su tierra natal, no siempre recibía el beneplácito de sus compatriotas. «El primero es querido por todos, mientras que el segundo despertaba amores y odios», se suele escuchar en Buenos Aires cuando los argentinos comparan ambos liderazgos.Otra de las diferencias en la percepción pública de ambos jugadores tiene que ver con los rasgos del fanatismo que despiertan.

Mientras que la admiración por Messi suele estar circunscrita a su magia en el campo de juego, los 'maradonianos' –así se autoperciben- se enamoran de la figura completa, de la personalidad de su ídolo dentro y fuera de los estadios, de sus luces y sombras.

Es a él a quien han encendido velas durante toda la Copa del Mundo, convertido en deidad deportiva, con un carisma que a Messi se le exigió durante años en su país, ese mismo que otros llaman soberbia.

El fin de una eraUna vez secadas las últimas lágrimas de una final que no hizo honor al imponente desempeño deportivo que destacó a Messi durante todo el Mundial, y luego de una triste celebración en Buenos Aires que ni siquiera contará con la presencia de su jugador más brillante, comienza a oírse una pregunta que retumba en la mente de los argentinos con la fuerza de un tambor: «¿Y ahora qué?».La anunciada ausencia del 'Messías' –como se le llama en Argentina- no es solo la decapitación de un equipo que ha despertado pasiones en todo un país, que ha llevado a su pueblo a celebrar incluso una derrota, como un acto de gratitud pocas veces visto en otros momentos de su historia albiceleste.

Es también, sobre todo, el regreso a la incertidumbre, la sensación de orfandad de una nación que depositó en su ídolo máximo sus esperanzas de grandeza en el campo de juego.

Lo que duele este lunes en Argentina no es solo el triunfo que no fue y que, en muchos casos, tras la eliminación de Inglaterra se daba por hecho.

Duele aceptar la condición humana de Messi, que seguramente no tuvo el cierre con broche de oro que merecía, que no vendrá a Buenos Aires como estaba previsto.

Y su despedida del fútbol internacional después de una carrera llena de glorias deja un sabor amargo y un vacío existencial que excede el fútbol.

La sensación del adiós al 'Messías' abre una nueva herida y recuerda a una frase célebre del filósofo Friedrich Nietzsche: «Dios ha muerto». ...

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