Además de una espectacular cascada de 40 metros, en esta ruta podrás ver aves rapaces y pinturas rupestres
Cerca de de Aldeaquemada, en la provincia de Jaén, además de un gran salto de agua uno puede dar con un entorno en el que la dureza de las rocas se mezcla con la frescura de lagunas y pozas
Este parque natural alberga hasta 15 lagunas unidas por arroyos, torrentes o cascadas de aguas turquesas
Con 50 metros de altura y 300 de anchura, es considerada la cascada más grande de todo el Sudeste Asiático
Sierra Morena, en la provincia de Jaén, alberga un gran aliciente natural como es el Paraje Natural de la Cascada La Cimbarra. Este enclave destaca por un espectacular salto de agua de 40 metros de altura que se origina gracias a una falla transversal en el cauce del río Guarrizas, situado en la localidad de Aldeaquemada. El entorno ofrece un paisaje de contrastes, donde la dureza de la roca vertical se mezcla con la frescura de las lagunas y pozos erosionados por el paso constante del tiempo. Es un destino ideal para aquellos que buscan conectar con la naturaleza. Curiosamente la belleza del paraje es tan imponente que los lugareños usan el término cimbarra para sus saltos.
La geología de este lugar es una ventana abierta a un pasado remoto de hace 500 millones de años. La pared vertical de la cascada está formada por cuarcita armoricana, una roca muy resistente. En la superficie de estos estratos es posible observar fósiles y rizaduras u olas petrificadas. Estas marcas, conocidas como ripples, revelan que toda esta zona estuvo cubierta por el mar. Es sorprendente imaginar cómo el oleaje marino moldeó lo que hoy es un desfiladero interior. Esta riqueza geológica se extiende a zonas cercanas como Despeñaperros o el paraje de Los Órganos.
Al elevar la vista hacia los escarpados farallones de roca, el cielo se llena de alas majestuosas. El paraje es un refugio vital para una extensa población de buitres leonados y buitres negros. Además, es posible avistar águilas imperiales y reales que anidan en las grietas de los desfiladeros. Debido a esta gran diversidad, el espacio ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves. El búho real también encuentra aquí un hábitat perfecto entre los riscos y el matorral mediterráneo. La fauna no se limita al aire, pues en los ríos habitan nutrias y especies de peces autóctonos. Incluso se han documentado animales más esquivos como el zorro, la gineta y la cabra montesa.
La pared vertical de la cascada está formada por cuarcita armoricana, una roca muy resistente
Sin embargo, el valor de la ruta no es solo biológico, sino también un legado humano milenario. El paraje alberga una veintena de yacimientos de arte rupestre que son Patrimonio de la Humanidad. Estas muestras de la prehistoria se encuentran en abrigos de roca como la famosa Tabla de Pochico. Otros puntos de gran interés arqueológico son los abrigos de Monuera y la zona de la Desesperada. Las pinturas representan escenas y símbolos que conectan directamente con los primeros pobladores. Muchos de estos dibujos son difíciles de ver a simple vista si no se conoce la ubicación exacta. La UNESCO reconoció estos sitios por su excepcional importancia para la historia de la humanidad.
La flora que rodea el cauce del río Guarrizas es tan variada como los paisajes que atraviesa. Abundan los bosquetes de encinas y alcornoques, típicos del denso matorral mediterráneo local. En las áreas más sombrías persisten bosques de roble melojo, reliquias de épocas mucho más frías. A orillas del agua crecen fresnos, alisos y chopos, formando un aromático bosque de ribera. Existen especies vegetales únicas y amenazadas en la zona, como el singular jaramago de roca. En las grietas de los desfiladeros asoman helechos como la doradilla, con su envés de color oro. También hay plantaciones de pino piñonero y negral que aportan un aroma característico al lugar.
Aunque la Cascada de la Cimbarra es la protagonista, existen otros saltos de agua cercanos. Siguiendo el arroyo Martín Pérez se llega al Cimbarrillo, una cascada de singular y serena belleza. Más adelante aparece el Charco del Negrillo, cuya laguna es incluso más grande que la principal. Este último rincón destaca por su ambiente mágico, rodeado de grandes moles de piedra caídas. También existe la cascada de María Antonia, otro secreto oculto entre los pliegues del terreno. Para visitar estas joyas secundarias es necesario recorrer senderos como el del Arroyo Martín Pérez. Estos recorridos permiten descubrir molinos antiguos y ruedas de piedra abandonadas junto al agua.
Baño prohibido
La historia moderna del lugar está ligada a la fundación de Aldeaquemada en el siglo XVIII. Fue una de las Nuevas Poblaciones creadas por Carlos III bajo la supervisión de Pablo de Olavide. La villa conserva un trazado colonial y tradiciones que mezclan influencias andaluzas y centroeuropeas. Los colonos alemanes y suizos traídos entonces dejaron una huella imborrable en la cultura local. Hoy, el municipio es la puerta de entrada perfecta para explorar todo el paraje natural de la zona. En el pueblo se pueden encontrar servicios de alojamiento, gastronomía típica y guías expertos. Incluso existe un centro de interpretación dedicado a la figura histórica de Pablo de Olavide.
Para disfrutar de esta ruta se recomienda planificar la visita tras épocas de lluvias intensas. La cascada principal se sitúa a solo dos kilómetros de Aldeaquemada por un camino bien señalizado. Existe un sendero circular de 1,2 kilómetros que permite ver el salto de agua en unos 30 minutos. Hay dos opciones principales: ir a la Plaza de Armas para una vista frontal o bajar a la laguna. Es vital recordar que, aunque el agua invite al chapuzón, no es una zona habilitada para el baño. El terreno puede ser resbaladizo, por lo que se exige calzado adecuado y mucha precaución. Al ser un espacio protegido, se debe respetar la normativa para conservar este paraíso natural. La visita a la Cimbarra promete una aventura inolvidable que une geología, fauna y arte rupestre. ...
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