Clemente, el jubilado que soñaba con vivir en el campo y al que el fuego desalojó 20 días después

En la urbanización de Pinar de Almorox, una llamativa masa forestal que linda con la Comunidad de Madrid por el suroeste, se ha instalado un silencio que anuncia la pesadilla que se ha vivido allí en los últimos días.
Una ausencia de sonido que solo lo rompe el zumbido de las cigarras, refugiadas en las copas de los pinos que sobrevivieron al incendio, y el incesante sobrevuelo de helicópteros de la Policía que vigilan la evolución del fuego.
La treintena de sus vecinos fueron desalojados el pasado miércoles, cuando se desató un fuego que acabó adentrándose en la región madrileña hasta unirse, este viernes, en un solo frente con el de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias .
Clemente, de 65 años, mira el paisaje desolador que ha quedado tras el paso de la llamas: «Mi mujer y yo nos jubilamos y decidimos dejar la gran ciudad y venir a vivir al campo hace 20 días».
El aire por momentos es irrespirable, sobre todo cuando sopla más fuerte el viento y levanta la capa de cenizas que se ha depositado en el suelo tras el paso de las llamas.
La urbanización está rodeada de pinos.
En algunos troncos continúan focos de llamas, que no ayuda a tranquilizar a los vecinos que, desde el jueves, están intentando volver a sus casas, una vez levantada la orden de evacuación en este núcleo.
Seis viviendas han quedado carbonizadas en la urbanización.
Clemente señala uno de esos árboles de los que todavía sale humo.
A primera hora de la mañana volvió a acercarse para comprobar cómo estaba la zona y descubrió que algunos pinos seguían prendiendo por dentro.
Los vecinos avisaron de nuevo a Emergencias, aunque les trasladaron que esos focos permanecían bajo control.
La sensación sobre el terreno calcinado, sin embargo, es muy diferente.
Las llamas que asoman entre los troncos ennegrecidos transmiten la inquietante impresión de que el fuego sigue vivo. «He dormido con la maleta hecha por si tenía que volver a salir corriendo», comenta otro de los vecinos, visiblemente preocupado por unas llamas que no acaban de desaparecer.
Los zapatos y los bajos de los pantalones se quedan negros al caminar por la zona que ha sido testigo del paso del incendio, ahora convertido en monstruo tras formar un solo frente en la Comunidad de Madrid.
Cada paso levanta una nube gris que recuerda que donde ahora hay ceniza, antes había vida.
Al menos así era hasta el miércoles, cuando la Guardia Civil se dirigió personalmente a la urbanización para avisar a sus vecinos de que desalojaran con la máxima rapidez la urbanización.
Los más precavidos ya se encontraban en la salida del asentamiento cuando vieron llegar a las fuerzas de seguridad.
Los vecinos tuvieron dirigirse al polideportivo del centro del pueblo, habilitado desde esa misma tarde para acoger a los evacuados.
Clemente y su mujer, procedentes de Parla, miran ahora cómo ha quedado su sueño de vivir al campo.
Se instalaron definitivamente en la urbanización a principios de este mes, apenas un tiempo después de jubilarse.
Su casa, al menos, no es una de las afectadas, pero el susto y el miedo quedan en el cuerpo.
A través de la cámaraLa casa de Carmen, de 41 años, ha tenido menos suerte.
Alrededor todo está quemado, se conservan solamente la copa de los pinos, pero todo lo demás ha sucumbido a las llamas.
De las tres viviendas situadas al otro lado de la carretera N-403 que las separa de la urbanización apenas se distinguen parcelas entre el paisaje negro.
Solo se conservan las copas de algunos pinos, demasiado altas para que las alcanzaran las llamas, aunque otros han ardido por completo.
Hay que cerrar los ojos para que las cenizas no te cieguen e intentar no respirar, porque el picor puede ser agobiante.
El olor a humo lo llena todo.
El paisaje es fantasmal.Carmen vive en Madrid, en concreto en Vallecas, y tiene su casa en Pinar de Almorox como segunda residencia para ir los fines de semana o en vacaciones.
El día en que se declaró el incendio trató de llegar rápidamente, pero la carretera estaba cortada y la Guardia Civil no le dejó pasar.
En su casa de Vallecas, se conectó a la cámara que tenía instalada y lo que vio le heló la piel, ya que comprobó en directo cómo entraban las llamas en su parcela. «Me enteré por la cámara de casa, vi cómo el fuego entraba la parcela».
Luego, de pronto, la imagen se cortó. «A partir de las ocho de la tarde ya no pudimos ver nada y eso genera todavía más ansiedad», explica.Este viernes ha tratado de regresar junto a su perra para ver el estado de su vivienda, pero un pino caído y atravesado en la entrada de la parcela le ha impedido el paso a la casa.
El árbol continúa desprendiendo humo y se conserva ascuas en su interior.
Carmen teme que una nueva racha de viento reactive el fuego y termine alcanzando la estructura de la casa, que al menos se salvó.
La escena resulta todavía más dolorosa porque apenas unos días antes todo era muy distinto. «El domingo estuvimos aquí celebrando la victoria de España con mi suegra y las perras», recuerda mientras sostiene en brazos a Kira.
Hoy ni siquiera se atreve a dejarla suelta por el terreno ante el temor a que se queme las patas sobre un paisaje que todavía conserva puntos calientes.
"Todos los años hay algo, estamos acostumbrados al humo, pero no imaginé que el fuego pudiera llegar a nuestras casas" Rubén, uno de los desalojadosRubén, otro de los vecinos, tiene 34 años y vive todo el año en esta urbanización junto a sus padres.
En su caso, ha ardido por completo el invernadero de su casa y todo el jardín exterior. «Todos los años hay algo, estamos acostumbrados al humo», comenta con cierta resignación.
Pero reconoce que no podían imaginarse que este verano fuese aún peor: «Nunca imaginé que el fuego pudiera llegar hasta nuestra casa».
En su vivienda, una persiana destrozada por las llamas cuelga como signo del paso del incendio por allí apenas unas horas antes.
El miércoles, cuando se desató el incendio y se acercó a la urbanización, no se creían que pudiera empeorar ni mucho menos que les llegase una alerta para abandonar cuanto antes su casa.
De hecho, su hermano y su cuñada iban al cine y se acercaron a la casa de los padres para dejarles la perra, para que la cuidaran.
Mientras se dirigían al cine, desde la carretera vieron un incendio de grandes dimensiones y llamaron de forma inmediata a los bomberos, mucho antes de que los forestales llamaran desde el punto de control.
Con el miedo en el cuerpoTampoco era la primera vez que tuvieron que desalojar la urbanización de Pinar de Almorox.
Hace dos años estuvieron tres días en el polideportivo, ante otra posible alarma, que quedó en un susto.
Nunca suele llevarse a su pájaro porque siempre piensa que las llamas no llegarán a casa.
Pero esta vez ha sido diferentes y por fortuna el miércoles pasado sí se llevó con él al pájaro.
El susto y el miedo se desató realmente el jueves por la mañana, cuando vieron el vídeo de las llamas alrededor de la urbanización y se dieron cuenta de las dimensiones.
Mientras habla, vuelve la vista hacia el monte.
A lo lejos se levanta otra columna de humo blanco. «Estoy pendiente porque igual tenemos que salir otra vez corriendo».
Los coches permanecen aparcados fuera de las parcelas y la maleta continúa preparada. «Si el miércoles hubiéramos salido diez minutos más tarde, no sé que habría pasado». ...
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