Dos leones de piedra llevan 2.700 años vigilando Aslantaş y convierten esta tumba frigia en una pieza única
Arquitectura frigia - La fachada excavada en la roca volcánica mantiene las figuras enfrentadas junto a la entrada mientras siguen sin conocerse con certeza la fecha del monumento y la identidad del difunto
Las mandíbulas se abren, el pecho se adelanta y cualquier animal cercano entiende que acercarse puede tener consecuencias antes de que empiece el ataque. Esa capacidad explica por qué el león ha sido usado como protector de tumbas, puertas y recintos ceremoniales, donde su cuerpo transmite fuerza, vigilancia y autoridad.
Su cabeza ancha, la musculatura de las patas delanteras, las garras retráctiles y los colmillos permiten sujetar presas grandes, mientras la melena aumenta el volumen aparente de los machos y protege parte del cuello durante una pelea. El rugido completa esa impresión porque puede advertir de la presencia del animal antes de que aparezca, de manera que su figura termina asociada a un guardián capaz de intimidar y defender un acceso.
Aslantaş conserva dos guardianes frente a la cámara funeraria
Esa función protectora quedó tallada en Aslantaş, una tumba excavada en una roca volcánica del valle de Göynüş, en el oeste de Anatolia. Según La Brújula Verde, dos leones erguidos flanquean la entrada funeraria y dirigen sus fauces abiertas el uno hacia el otro, como si custodiaran todavía el paso hacia la cámara.
El monumento alcanza once metros de altura y suele relacionarse con los frigios, aunque la fecha de construcción y la cultura que lo levantó continúan sometidas a discusión. La identidad de la persona enterrada tampoco aparece en ninguna inscripción, pese a que las dimensiones del conjunto apuntan hacia alguien perteneciente a la nobleza o al poder local.
A unos 70 metros se encuentra Yılantaş, cuyo nombre turco significa piedra de la serpiente, aunque los restos pertenecían también a figuras leoninas. La fachada, mayor y más ornamentada que la de Aslantaş, se rompió probablemente durante un terremoto, y las garras desprendidas quedaron dispersas por el suelo.
Los habitantes de la zona las interpretaron como cabezas de serpiente, una confusión que acabó dando nombre al monumento. El derrumbe impide reconstruir por completo su aspecto, pero los fragmentos permiten relacionarlo con la misma tradición funeraria y con el uso de grandes animales como guardianes de los sepulcros.
La decoración de Aslantaş alimenta el debate sobre su origen
La cámara de Aslantaş fue excavada a media altura del bloque, después de que los canteros alisaran la fachada y los laterales. Cada león protegía entre sus patas a un cachorro, aunque la erosión ha borrado buena parte de estas figuras y apenas permite distinguirlas.
Sobre la entrada aparece un relieve parecido al árbol de la vida, coronado por dos discos solares alados, mientras unos escalones tallados en la parte superior pudieron utilizarse durante ceremonias celebradas ante la tumba.
Yılantaş perdió parte de su fachada tras un terremoto
Todo el valle está formado por una toba volcánica blanda, desgastada durante siglos por el agua y el viento, y alberga cerca de 40 sepulturas catalogadas, además de capillas bizantinas excavadas en la roca y formaciones parecidas a las de Capadocia.
Los rasgos arquitectónicos han llevado a muchos especialistas a colocar Aslantaş a comienzos del siglo VIII a.C. La entrada estrecha, el techo plano y la ausencia de lechos funerarios tallados encajan con una etapa temprana de la arquitectura frigia.
Sin embargo, la ornamentación abundante y el tratamiento de los animales apuntan para otros investigadores hacia el siglo VI a.C., cuando pudieron llegar influencias jónicas. El arqueólogo turco Ekrem Akurgal defendió esta fecha posterior a partir del estilo de los leones, aunque la falta de una inscripción impide fijar la cronología con seguridad.
Una propuesta acerca el sepulcro a la tradición hitita
La atribución cultural presenta otra dificultad. El investigador turco M. Çetin Şahin propuso en 1995, en un artículo publicado por Archivum Anatolicum, que el sepulcro podía proceder de una tradición hitita mantenida después de la caída de aquel imperio.
Los dos leones a ambos lados de la puerta recuerdan modelos hititas, mientras faltan el frontón triangular, las inscripciones y los adornos geométricos presentes en otras fachadas frigias.
La cámara, además, resulta muy pequeña frente a sepulturas posteriores. Şahin planteó así la posibilidad de que un gobernante de la zona encargara la obra durante una etapa en la que todavía convivían formas hititas y frigias.
Los primeros arqueólogos dieron a conocer estos monumentos
William Mitchell Ramsay fue el primer europeo que documentó Aslantaş y Yılantaş durante sus recorridos por Anatolia, realizados entre 1881 y 1888. El arqueólogo y geógrafo escocés viajó con J. R. S. Sterrett y publicó sus observaciones en 1882 en el Journal of Hellenic Studies.
Su propósito principal consistía en elaborar un mapa de la antigua Frigia que permitiera señalar dónde existían restos y dónde estaban ausentes, mientras los monumentos y las inscripciones quedaban como hallazgos derivados de aquella tarea.
A mediados del siglo XX, la arqueóloga neerlandesa Caroline Henriette Emilie Haspels exploró sectores de acceso difícil y localizó numerosas construcciones rupestres. Su obra The Highlands of Phrygia sigue sirviendo como uno de los totems literarios para estudiar la arquitectura funeraria regional.
M. Çetin Şahin defendió que varios rasgos encajan mejor con modelos heredados del mundo hitita
La importancia atribuida a los frigios también aparece en la Historia de Heródoto, que relata la prueba ordenada por el faraón Psamético I para averiguar cuál era el pueblo más antiguo. Dos recién nacidos debían crecer sin escuchar palabras, y al cabo de dos años pronunciaron bekós, término frigio referido al pan.
Psamético interpretó aquel resultado como prueba de que la lengua frigia era anterior a la egipcia, aunque Heródoto constituye la única fuente del episodio y no existe confirmación egipcia. La narración muestra, al menos, la antigüedad casi mítica que los griegos atribuían a Frigia, territorio ligado también al rey Midas y al culto de Cibeles.
Las investigaciones recientes amplían el conocimiento del valle
Las excavaciones iniciadas en 2021 despejaron la base de Aslantaş y descubrieron frente a la fachada un área de unos 300 metros cuadrados con restos de posibles estructuras ceremoniales. El valle forma parte desde 2013 del Camino Frigio, una ruta de más de 500 kilómetros que atraviesa Eskişehir, Kütahya y Afyonkarahisar.
Las roderas antiguas conservadas en la toba han alimentado teorías sobre civilizaciones perdidas e intervenciones extraterrestres, aunque los estudios geológicos las relacionan con el tránsito prolongado de carros sobre una roca fácil de erosionar.
Entre esas especulaciones y las dudas académicas, los dos leones continúan cumpliendo la función para la que fueron tallados, custodiando una entrada cuya historia todavía conserva varios interrogantes. ...
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