El antimosquitos de Cheng

Hundido en su colchón, con el cuerpo destrozado después de todo el día persiguiendo a los niños en la playa o cargando bolsas o maletas, piensa que por fin ha llegado su momento.
Hasta mañana, mundo.
Pero entonces ese zumbido pasa a escasos milímetros de su oído durante un nanosegundo, tiempo suficiente para dejarle toda la noche en vilo.
Al maldito mosquito ni siquiera le hace falta atacarle, basta con la sugestión de su mera presencia para fastidiarnos toda la quincena de vacaciones.
En ese momento, ¿cuánto pagaría usted por un remedio que erradicara al momento y para siempre a cada zancudo despreciable que se atreviera a cruzar el quicio de su ventana?Alguien llamado Steven Cheng invirtió mucho dinero, y no solo eso, en ese noble propósito.En su demenciada espiral de odio e ingenio, dos caras de la misma moneda, y durante lo que denominó como «fase de recopilación de conjuntos de datos», Cheng dejó entrar a su vivienda a cientos de mosquitos con el afán de poner a prueba su máquina de muerte.En realidad, lo que hizo durante varias semanas a cambio de sufrir innumerables picaduras y extracciones de sangre era fotografiar a los mosquitos.
Cientos de imágenes, tomadas con una cámara réflex digital (DSLR) unida a una lente con zoom, con las que alimentar a su modelo, que cada noche ingería fotos de distintos tipos de mosquitos (más grandes, más pequeños, hembras, varones, zancudos) para, a través de sus herramientas de visión artificial y aprendizaje automático, ser capaz de reconocer instantáneamente a uno cuando entraba en su campo de visión.Los mosquitos tienen muchos enemigos, y lo peor es que entre ellos hay muchos 'makers' como Cheng, una mezcla entre el inventor tradicional y el niño rata de internet , dispuestos a invertir todos sus recursos en hacerlos desaparecer.
Antes que él, otros han intentado erradicarlos, pero la tecnología no estaba lista aún para salvar al mundo de una peste que lleva milenios perfeccionando su supervivencia.
Cheng observaba con desdén a sus precursores. ¿Un escáner LiDAR conectado a un galvanómetro?
Vulgar. ¿Un matamoscas eléctrico conectado a una Raspberry Pi?
Delirante.El proceso de enseñar a un ordenador a reconocer los mosquitos en el mundo real le llevó unos cuatro meses.
En su casa, los únicos ventiladores que hacían ruido eran los de la RAM de su ordenador, sometida a un sobreesfuerzo continuo.
Por fin, realizó varias simulaciones exitosas.
Era el momento de acoplar esa inteligencia capaz de detectar mosquitos por sí misma a un arma: unos diodos y una lente óptica con los que construyó un cañón láser.
Tras ajustar el voltaje, Cheng logró en las primeras simulaciones convertir a los mosquitos en ceniza.Los mosquitos tienen muchos enemigos, y lo peor es que entre ellos hay muchos 'makers' como Cheng, una mezcla entre el inventor tradicional y el niño rata de internet, dispuestos a invertir todos sus recursos en hacerlos desaparecerEso sí, tras algunos daños colaterales sufridos en su vivienda, el ingeniero acopló al sistema un gran angular capaz de desconectar el rayo justiciero siempre que se cruzaran por medio humanos o materiales inflamables.El siguiente paso era dotar de vida al arma.
Colocó el sistema en una platina giratoria industrial y le añadió una capacidad de 'tracking' para seguir al mosquito en su vuelo por la habitación.
Instaló un 'gimbal' o cardán —estabilizador— sobre la platina y ésta sobre un pequeño artilugio motorizado de cuatro ruedas que patrullaba su casa como un robot aspiradora, solo que en lugar de pelusas bajo el sofá buscaba eliminar alimañas aéreas.Cheng observó su creación fulminar a tres mosquitos de forma consecutiva.
Cualquiera en su situación habría aprovechado para construir un escenario en su salón, llenarlo de vasos de cerveza y cuencos de fruta madura —de los aromas, junto con el sudor, que más parecen atraer a estos dípteros— y sentirse como un Rudolf Höss en miniatura, regando las orquídeas dentro de la cúpula de hierro, pero no, Cheng no podía simplemente quedarse ahí, somatizando en oxitocina el zumbido agónico de los mosquitos al derretirse.Lo siguiente que se le pasó por la cabeza fue construirle al 'gimbal' un armazón de aleación de aluminio con una fresadora CNC pero, maldita sea, se había quedado sin presupuesto.
De repente, en la oscuridad de la habitación, la pantalla de su portátil se iluminó con un mensaje:«Gimbal: OFFFallo de 'tracking' detectado». ...
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