'Lawfare' o no 'lawfare' en la peluquería
Hay palabras que no nombran solo un lugar sino que activan un universo.
Está una en la peluquería con la mente absorta en problemas frívolos como si cortar solo las puntas o cortar, cortar, que en algún momento tendrás que sanear, y de repente cuatro letras, cuatro, me desbaratan la cabeza. «Vera».
Dice la clienta del tocador de al lado que se va de vacaciones a Vera.
No he querido escuchar pero he escuchado, que diría Javier Marías.
Y así, en una milésima de segundo, mi mente ha volado al informe policial, al auto judicial, a los párrafos de periódico en los que he leído estos días, estos meses, que Julio Martínez y José Luis Rodríguez Zapatero se conocieron por un chalé en Vera.
Los lugares son como las palabras, nunca sabes qué nexos pueden crear.
De Vera, Almería, refugio de veraneo, salió una conexión empresarial con dimensión internacional.
De un negocio pequeño –compraventa de un chalé– un negociazo ingente.
Cómo no van a fantasear los jóvenes con hacerse millonarios con los cursos de Instagram.
Nunca sabes dónde puede prender la mecha de la riqueza.
Claro que Martínez y Rodríguez firmaron en la Moncloa.
Los de Silicon Valley empezaban en garajes.
Si lo vuestro –económicamente hablando– arranca en la Moncloa, sólo el cielo es el límite… Hasta que se te cruzan los investigadores.Sí, hay que entender lo de matar al mensajero –de los investigadores a los periodistas–, porque destrozamos negocios.
Con ZP y sus socios se pasa del ¡qué bien les va!, de la envidia-admiración del empresario rico exitoso, al dolor nacional.
El dolor nacional se te pone entre la cabeza y el estómago y se siente como una losa de plomo y un vacío: ¿cómo es posible?
Como periodista, a ratos, no solo me quita la paz sino también el sueño porque digo esto lo leo mañana que si no me desvelo.
Quien dice desvelar dice darme la mañana en la peluquería, que había yo venido a ocuparme de lo mío y aquí estoy otra vez preocupándome de lo que no me toca.
O sí.
Porque es nuestro país y nuestro expresidente.
Lo mismo debe pasarle por la cabeza a Pedro Sánchez.
Y si a mí me genera angustia, indignación y preocupación tanta información sobre corrupción al calor del Gobierno y las instituciones ocupadas por el PSOE, peor debe andar él.
El pensamiento no sólo no me consuela sino que me roba la poca paz institucional que me queda.
Ahí entiendo que no hay más opción para cruzar este desierto que aferrarse al 'lawfare'.
Así que decido que me voy a convertir, al menos este verano, por higiene mental y egoísmo vacacional.
Porque si no, aquí no hay quien viva.
Ferraz, calle Desengaño.
Asumida mi metamorfosis al 'lawfarismo' como una liberación –Zapatero enjoyado, sé mi faro moral– regreso a mis asuntos capilares.Pero entonces me acuerdo de que en la Moncloa tampoco saben si cortar solo las puntas o entrar en fase de rapado. ...
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