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Chapinería y Navas del Rey lloran por su tierra: «¿Quién va a querer volver a un pueblo quemado?»

ABC.es
Chapinería y Navas del Rey lloran por su tierra: «¿Quién va a querer volver a un pueblo quemado?»

La carretera delata lo que el pueblo cuenta.

El camino a Navas del Rey huele a quemado y el campo se torna negro por momentos.

Los coches vuelven porque la tarde de este martes se ha decretado que pueden regresar a sus casas quienes tuvieron que marcharse por culpa de los incendios.

Las calles poco a poco se llenan de quienes llevan días durmiendo en polideportivos o en casas de familiares.

Frente a ellos, la devastación.

En el polígono de Chapinería, Rita limpia los estragos que han causado las llamas.

Su camiseta de lentejuelas rosa contrasta con lo negro del fondo.

Por fortuna, para ella y su hijo, han sido pocos los daños sufridos en la nave que comparte con su hijo, David.

Pero no pueden decir lo mismo sus vecinos, cuentan mientras limpian.

Su rostro, sus manos, están cubiertos de ceniza. «Si ya la mitad de los pueblos están vacíos, más se van a quedar ahora. ¿Quién va a querer volver a un pueblo quemado? ¿Para acordarte de lo que era, para ver los restos?», sentencia ella, tras liberarse de la escoba y el recogedor que durante horas la han acompañado.

A ella, que ha llorado cuando veía Madrid y Ávila quemarse por televisión, no le queda más opción que hacerse cargo de lo que queda sin que la abandone el temor de un agosto que se espera también abrasador. «Dejé la manguera y los focos encendidos porque habían entrado a robar», cuenta David, que acudió junto a la Guardia Civil porque, a través de las cámaras de sus vecinos, habían visto a gente entrar.

No encontraron nada y su nave se salvó, pero en la contigua, de una empresa que alquila material para películas, se suceden los coches quemados.

Frente a ellos, el punto limpio también ha quedado reducido a cenizas.Ellos tienen luz, también agua.

No pueden decir lo mismo en varias urbanizaciones de Navas del Rey, muy próxima al pantano de San Juan, donde el incendio, al cierre de esta edición, todavía se propaga.

Caminar por ellas es recorrer parte de lo que el incendio se llevó.

Entradas de chalets, jardines destrozados, vecinos con futuros inciertos que no saben dónde pasar la noche porque no quieren abandonar de nuevo sus casas que carecen de suministro eléctrico. «Hemos visto muchos animales que han perdido la vida, es un poco amargo porque nuestra casa y la de los amigos más o menos se han salvado, pero sabes que hay gente que ha perdido mucho», cuentan Patricia y Miguel Ángel, dos argentinos residentes en Madrid.

Las llamas han consumido la entrada de su casa, que salvó el tronco de un árbol y que alguien, no precisan quién, entró para «sofocarlo un poco».La vivienda de otro vecino, en primera la primera línea junto al bosque, fue salvada por la acción de los bomberos mientras su gata todavía seguía dentro.

Su parcela está completamente calcinada.

Y así se suceden las historias de quienes regresan, que lejos de encontrar la paz se han topado con su nueva realidad, una a la que acompañan las cenizas y la reconstrucción.Volver a casa tras dormir en pabellonesCuatro días y cuatro noches.

Es el recuento de las jornadas que han pasado los vecinos de Cadalso de los Vidrios sin su techo, sustituido éste por el de uno de los pabellones de emergencia habilitados en Móstoles.

Allí, aunque algunos todavía deben permanecer, hay quienes muestran la exaltación del que vuelve.

No saben qué será de sus hogares, pues de ellos apenas tienen noticias, solo saben que ya es seguro volver.

Quieren descubrir qué se encontrarán allí, pero también darse una ducha, cenar, «y luego coger la cama».

Entre Mariano, José y Antonio, tres vecinos de Cadalso de los Vidrios, bromean con María, o 'la Mari', como ellos la llaman, una trabajadora social voluntaria.

Dicen que la echarán de menos, que los momentos que aquí han vivido los recordarán cuando sean ancianos, porque «esto se queda para siempre». «Hemos retrocedido, como antes, cuando la gente hablaba», cuentan, porque han alargado las noches hasta las tres de la mañana en el exterior del polideportivo los días en los que el descanso era complejo porque «trescientas personas aquí durmiendo es la sinfonía de Beethoven».

La tarde de este martes vuelven a sus hogares con la única certeza de que ya es seguro estar en ellos, pero vuelven en calidad de confinados y con la orden, dicen, de que abran puertas y ventanas para dejar el aire correr.

Recuerdan entonces el pollo que dejaron descongelando, las lentejas que calentaban y no les dio tiempo a guardar. «No sabemos cómo nos lo vamos a encontrar.

En nuestro pueblo no hay nada quemado, pero no sabemos cómo estará todo», cuenta Juan Carlos, también de Cadalso.

Llegó al polideportivo con «cuatro bolsas» que esta tarde se lleva de vuelta. «Aquí la primera noche se durmió muy mal, ya esta noche hemos dormido mejor, pero no es lo mismo estar en tu cama», asegura este hombre.El aire en los pueblos a los que vuelven todavía desprende un aroma que no permite olvidar.

Las emociones de los últimos días han sido tan intensas como imprevistas para quienes abandonaron sus casas con un futuro incierto.

Lo acogen, aunque no sin agradecimiento, con preocupación.

Pero para muchos, el alivio del volver todavía no llega y todavía pernoctan en polideportivos mientras ven a los demás marchar. ...

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