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La mina asturiana de 140 kilómetros de galerías y cuya visita incluye poder picar carbón o subirte al tren de los mineros

elDiario.es

Las visitas a Pozo Sotón se dividen en dos modalidades según la duración y el nivel de exigencia física: bajar hasta los 400 metros de profundidad o hasta los 600 metros
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Pozo Sotón no es solo una antigua explotación de hulla, sino que hoy se ha transformado en un reclamado destino turístico de primer orden. Esta “catedral” de la cuenca minera de Asturias permite a los que la visitan adentrarse en las profundidades de la tierra para vivir una experiencia muy auténtica. Situada entre las localidades de El Entrego y Sotrondio, es la primera mina del mundo que ofrece la posibilidad de participar activamente en una jornada de trabajo minero real. Bajo la gestión de la empresa pública HUNOSA, este enclave invita a descubrir los secretos mejor guardados del subsuelo asturiano.

Quienes se atreven a bajar aseguran que la vivencia supera cualquier expectativa previa por su realismo y dureza. Pozo Sotón es hoy un símbolo vivo de la Revolución Industrial y un homenaje permanente a toda una profesión. El origen de este pozo se remonta a finales del siglo XVIII, aunque su profundización actual se ejecutó entre los años 1917 y 1922. Para su construcción, fue necesario realizar la proeza técnica de desviar el cauce del río Nalón en San Martín del Rey Aurelio. En el año 2014, tras el cese de su actividad extractiva, fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Esta protección legal incluye elementos icónicos como sus dos castilletes metálicos de 33 metros de altura y el singular edificio de máquinas.

La estructura metálica que une los castilletes, conocida como réter, es otra de las joyas arquitectónicas que se conservan. El complejo destaca por su eficiente diseño tecnológico y una estética industrial que impresiona desde la superficie misma. Sotón representa la culminación del aprendizaje técnico de la empresa Duro Felguera en la explotación vertical de carbón. Hoy en día, sus instalaciones exteriores son un punto de referencia esencial para entender el desarrollo socioeconómico regional.

Descender a estas cotas permite comprender la magnitud de la “pirámide invertida” que se ha construido durante dos siglos

Uno de los datos más asombrosos del Pozo Sotón es que alberga una red de más de 140 kilómetros de galerías subterráneas. Esta inmensa obra de ingeniería bajo tierra forma parte de un entramado mucho mayor que suma miles de kilómetros en Asturias. Los turistas pueden recorrer una pequeña pero significativa parte de estos túneles a más de medio kilómetro de profundidad. Las visitas interiores se dividen en dos modalidades principales según la duración y el nivel de exigencia física deseado. La visita corta recorre dos kilómetros a unos 400 metros de profundidad, mientras que la larga llega a los 600 metros. Descender a estas cotas permite comprender la magnitud de la “pirámide invertida” que se ha construido durante dos siglos. Cada metro excavado es fruto del tesón de miles de hombres que trabajaron en condiciones de extrema dificultad. El silencio y la inmensidad de las galerías ofrecen una perspectiva única sobre el patrimonio industrial español.

Antes de iniciar el descenso, el visitante debe someterse a un riguroso proceso de preparación guiado por verdaderos mineros de profesión. Es obligatorio enfundarse el mono de trabajo, calzarse las botas adecuadas y ajustarse el equipo de seguridad pertinente. Cada “turista minero” recibe una lámpara de mina y un equipo auto-rescatador indispensable para cualquier emergencia bajo tierra. Tras una charla formativa sobre seguridad, el grupo se dirige a la jaula o ascensor minero para bajar al pozo. El descenso en la jaula es el primer contacto con la oscuridad y la sensación de aventura que define la jornada. Los guías, con su cercanía y buen humor, ayudan a mitigar los nervios iniciales de quienes se adentran en el subsuelo.

El momento más emocionante y exigente de la visita larga es, sin duda, el descenso por la chimenea conocida como “La Jota”. Se trata de una estrecha chimenea de ventilación de 100 metros de longitud excavada manualmente por los mineros. Su pendiente media supera los 43 grados y, en algunos tramos, el espacio de paso es inferior al metro cuadrado. Los visitantes deben bajar con precaución, manteniendo siempre tres puntos de apoyo según las instrucciones de los guías. En ciertos puntos, la angostura obliga a avanzar arrastrado o con los pies por delante para poder progresar. El ruido de la respiración y los latidos del corazón se intensifican en este pasillo vertical reforzado solo con madera. A pesar de la dificultad física, el recorrido se realiza siempre bajo la supervisión constante de profesionales expertos.

Una vez en los niveles inferiores, la actividad estrella consiste en participar en un taller real de picadores de carbón. Equipados con herramientas que superan los ocho kilogramos de peso, los turistas prueban su fuerza contra el frente de hulla. No es una simulación; los visitantes deben picar el carbón entre el polvo y el sonido ensordecedor de la mina. El esfuerzo físico requerido permite valorar en primera persona el coraje y la fuerza de los trabajadores del sector. Como recompensa al tesón demostrado, cada persona puede llevarse a su casa la pieza de carbón que ha conseguido extraer. Este souvenir mineral se convierte en un símbolo tangible de la dureza de una profesión que forjó la identidad asturiana.

Visita en tren

Además de picar, los visitantes aprenden sobre los métodos de sostenimiento de las galerías mediante madera o metal. El recorrido por las profundidades también incluye tramos que se realizan a bordo del auténtico tren de los mineros. Este transporte de personal traslada a los visitantes a través de galerías que, en ocasiones, pasan bajo montañas. Viajar en estos vagones permite experimentar cómo los trabajadores se desplazaban diariamente hacia sus puestos en los frentes. El trayecto ferroviario cubre los últimos dos kilómetros de regreso hasta la caña del pozo para finalizar la jornada. Durante el viaje, se pueden observar las complejas instalaciones de agua, aire y electricidad que mantienen viva la mina. El tren circula a profundidades que pueden superar los mil metros respecto a las cumbres de las montañas superiores. Es una oportunidad única para contemplar la infraestructura logística necesaria para una explotación de tal envergadura subterránea.

La experiencia se completa en la superficie con la visita al Centro de Experiencias y Memoria de la Minería, ubicado en la antigua casa de aseos. Este museo interactivo permite profundizar en la historia de HUNOSA y la labor de la mujer en la minería. El recinto también alberga el Memorial Minero, un espacio solemne dedicado a rendir homenaje a los fallecidos en accidentes laborales. Para las familias, el complejo ofrece actividades variadas que van desde talleres infantiles hasta un emocionante escape room. El Pozo Sotón ha sido reconocido internacionalmente con premios que lo sitúan como un referente del patrimonio industrial europeo, un enclave que ofrece una lección de vida y memoria colectiva. ...

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