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Cobo pide al nuevo abad del Valle de los Caídos que mantenga el monasterio «libre del eco de los enfrentamientos del mundo»

ABC.es
Cobo pide al nuevo abad del Valle de los Caídos que mantenga el monasterio «libre del eco de los enfrentamientos del mundo»

«Cuando Cristo ocupa el centro, la reconciliación es posible; cuando Cristo ocupa el centro, la paz deja de ser un ideal para convertirse en un modo concreto de vivir».

Además de su interpretación más directa, las palabras pronunciadas este miércoles por el cardenal José Cobo al final de su homilía en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos añaden una marcada orientación programática.

El arzobispo de Madrid ha presidido, en la tarde de este miércoles, la bendición abacial del padre Alfredo Maroto, elegido el pasado 13 de mayo como nuevo abad de la comunidad benedictina después de más de una década en que el superior era prior.

Las palabras de Cobo, dirigidas a la comunidad benedictina y de forma directa al nuevo responsable del monasterio, inevitablemente han encontrado eco más allá de los muros de la basílica.

El Valle lleva años convertido en un escenario de confrontación política y eclesial en España, sometido a sucesivas intervenciones del Gobierno y, actualmente, a un proceso de resignificación que ha provocado diferencias entre la comunidad, el Ejecutivo y el propio arzobispado de Madrid.«Que, bajo tu cuidado, esta comunidad siga siendo una escuela de oración y de alabanza al Señor; una casa de reconciliación; una escuela de escucha; y una lámpara encendida para cuantos buscan a Dios», ha pedido el cardenal a Maroto.

En su homilía, Cobo ha insistido en que el monasterio sólo podrá cumplir esa misión si logra mantenerse «libre del eco de los enfrentamientos del mundo» y demostrar que «la verdadera paz se construye por el camino del Evangelio y nunca por otros atajos».La celebración de la bendición abacial certifica litúrgicamente la elección abacial de Maroto, hasta entonces prior administrador, y pone fin a una situación excepcional iniciada con la renuncia por motivos de salud del padre Anselmo Álvarez en septiembre de 2014.

Durante estos años, la abadía, que tiene el estatus de comunidad sui iuris y depende directamente de la Santa Sede, estuvo gobernada por priores administradores nombrados desde Solesmes.

Santiago Cantera desempeñó esa responsabilidad hasta marzo de 2025, cuando fue sustituido por Alfredo Maroto tras un «largo proceso de discernimiento».De la importancia de la celebración da fe la amplia representación del mundo benedictino presente en el acto.

Entre los concelebrantes se encontraban los abades de Solesmes, Leyre, Fontgombault, Quarr, Ganagobie, Donezan, Santo Domingo de Silos, Ligugé, Triors, Kergonan, Poblet y Santa María de Huerta, además del prior administrador de La Oliva y del abad presidente de la Congregación de Santa Otilia.

También han participado representantes de otras órdenes religiosas, numerosos sacerdotes de la archidiócesis de Madrid, responsables de Patrimonio Nacional y autoridades municipales de San Lorenzo de El Escorial, El Escorial y Guadarrama.

Los fieles han llenado la basílica.«La Iglesia nos reúne hoy para bendecir a quien ha sido llamado a este ministerio y para confiarle, no un honor ni una dignidad, sino una paternidad y un servicio», ha afirmado Cobo al comienzo de la homilía.

Unas palabras con las que el cardenal alejaba el ministerio abacial de cualquier interpretación mundana de la autoridad. «En un tiempo en el que abundan los políticos, los gestores y los técnicos, en la Iglesia seguimos necesitando paternidad», ha explicado.

Una paternidad ejercida mediante la escucha de las alegrías y heridas de la comunidad y capaz de impedir que esta «pierda el norte cuando llegan las dificultades».A partir de la Regla de san Benito, ha recordado que el abad «hace las veces de Cristo en el monasterio», no porque sea mejor que los demás, sino porque está llamado a transparentar la presencia del Buen Pastor.

De ahí que no se busque «un hombre fuerte según los criterios del mundo», sino «un hombre de Dios», capaz de enseñar más con la vida que con las palabras y de gobernar con prudencia y misericordia.La referencia a las vicisitudes vividas por la comunidad tampoco quedó fuera de la homilía. «Sabemos bien las dificultades de mantenerse aquí, siendo signos de paz y de reconciliación para todos», ha reconocido el arzobispo.

La cruz que recibe el abad, ha añadido, es «la de mantener la esperanza cuando llegan momentos de oscuridad» y «buscar la unidad cuando aparecen tensiones», renunciando a los intereses propios y a las visiones particulares para abrir el corazón «a la mirada amplia y verdaderamente católica» de la Iglesia.En ese contexto, Cobo ha presentado la vida benedictina como una llamada a ser «artesanos de paz en un mundo fragmentado, polarizado y herido».

Los monasterios, ha recordado, nacieron también en una época convulsa, pero «no fueron espacios de confrontación ni de repliegue en el pasado».

Por eso, ha advertido de que el monacato no puede convertirse «en un museo de tradiciones admirables ni en un refugio para unos pocos», sino que debe enseñar a escuchar voces distintas, acoger heridas diversas y sanar «lo que parecía irreconciliable». «Aquí se muestra que la reconciliación es más fecunda que la victoria.

Aquí se aprende que la escucha vale más que el ruido», ha resumido.Conflicto abierto con el GobiernoEl mensaje adquiere una significación especial por el papel desempeñado por Cobo en las negociaciones sobre el futuro del recinto.

Durante los últimos años, el arzobispo de Madrid ha participado, junto al secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, en las conversaciones con el Gobierno para la resignificación del Valle, rebautizado por la Ley de Memoria Democrática como Valle de Cuelgamuros.

Los monjes recurrieron el acuerdo por considerar que Cobo carecía de autoridad para firmarlo en su nombre y porque el proyecto afecta al atrio y a varios espacios de la basílica que consideran lugares sagrados y deben estar exentos de la resignificación.El conflicto forma parte de una década de «presión institucional y política», según explicaron a ABC fuentes cercanas a la comunidad cuando Maroto fue elegido.

En ese periodo, la abadía afrontó la exhumación y el traslado de los restos de Francisco Franco en 2019, la posterior salida de los de José Antonio Primo de Rivera y el procedimiento abierto para que las familias puedan reclamar los restos de fallecidos durante la Guerra Civil.

La elección de un abad devuelve ahora a los benedictinos un interlocutor con plena capacidad para representar a la comunidad en cualquier posible negociación.Durante la celebración de este miércoles, tras recibir la Regla de san Benito, el anillo, la mitra y el báculo pastoral, Maroto ha reconocido en sus primeras palabras la fragilidad de la comunidad, pero también su voluntad de continuidad.

La abadía, erigida por Pío XII el 27 de mayo de 1958, «ha sido y sigue siendo signo de contradicción», ha admitido.

Su misión singular, ha explicado, consiste en dar testimonio de la cruz de Cristo mediante la intercesión, la alabanza, la acogida y la promoción de la cultura y los valores del Evangelio.El nuevo abad ha recordado que la basílica conserva las reliquias de más de setenta beatos mártires y custodia también los restos de quienes «entregaron su vida por España». «Cada día pedimos al Señor por ellos y para que nuestra patria no vuelva a conocer el dolor del enfrentamiento entre hermanos», ha señalado.

Maroto ha evocado también las recientes palabras de León XIV durante su visita a España para defender «una paz fundada en la verdad y no en las ideologías».MÁS INFORMACIÓN noticia No Los obispos enmiendan a Bolaños y afirman que «no ha habido ningún firmante por parte del Vaticano» noticia No Luis Argüello: «Queremos que la basílica del Valle de los Caídos siga siendo basílica y tenga una entrada independiente» noticia No La abadía del Valle de los Caídos condena la vandalización de la maquinaria de las catas y pide defender la basílica «por medios legítimos»Antes de encomendar su ministerio a la Virgen, ha agradecido la presencia del cardenal, de los superiores monásticos, las autoridades y quienes han sostenido a la comunidad durante sus 68 años de historia.

Al final de la ceremonia, el abad presidente de la congregación de Solesmes ha leído la bendición apostólica de León XIV al nuevo abad, que ha enviado el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Parolin.

Un elemento simbólico al que se une la frase la promesa dirigida a los monjes con la que Cobo cerraba su intervención: «Contad con la colaboración de la Iglesia y con la colaboración de vuestro obispo».

Una frase que, en el actual momento del Valle de los Caídos, contiene tanto una oferta como un desafío. ...

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