La masía que hizo a Josep Pla

Josep Pla (Palafrugell, 1897; Llufríu, 1981) nunca sufrió la angustia de no tener una habitación propia.
Pasó sus años de periodista recorriendo hoteles y pensiones por toda Europa, pero el Mas Pla, la casa de la familia, siempre estuvo ahí.
Allí enviaba manuscritos, documentos y libros.
Siempre pensó instalar en la masía su biblioteca y hacerla su hogar.
Que acabara viviendo en aquel caserón de Llufríu, en el Ampurdán geronés, era cuestión de tiempo.
Fue en 1947, ya pasada la agitación de la guerra.
Pla cambió el sombrero por la boina, asumió su nueva condición de propietario rural y se entregó a su 'Obra Completa'. «Hace ya muchos años –en realidad desde que me organicé una habitación y una biblioteca en el Mas Pla– que llevo la misma vida.
En este caserón, considerablemente destartalado, frío en invierno, agradable en verano, vivo completamente solo», escribió. «Me levanto entre la una y las dos, pero a veces estoy tan dormido que son las dos y media.
A causa de mis largos años de periodismo nocturno, siempre he considerado que la mañana era la parte inútil del día. [...] Una vez levantado, como bajo la chimenea.
Hasta el atardecer paso las horas escribiendo alguna cosa u otra, un artículo u otro, o leyendo lo que tengo entre manos o contestando alguna carta».
Hubo más casas en la vida de Pla.
Una es su casa natal, en el número 49 de la calle Nueva de Palafrugell, «que es una calle muy triste y larga, derecha como una vela», y actual sede de la Fundación Josep Pla .
Otra es la del número 56 de la calle Torres i Jonama, adonde la familia se trasladó cuando el niño Pla tenía 7 años: «¡Recuerdo tantas cosas de aquella época!
Los inviernos largos y fríos, más fríos que los de ahora, me parece».
Un restaurante estupendo, Pa i Raïm, mantiene viva esta memoria.El autor de 'El cuaderno gris' nació en una familia acomodada de Palafrugell, y a estas casas se unía el Mas Pla, «la clave de todo», según el biógrafo Xavier Pla.
Era el espacio que aseguraba la continuidad de la familia desde hacía siglos y que Pla convirtió en punto de referencia.
De joven, controló la contabilidad y participó en su sostenimiento económico.
Su padre fue el primero de la familia en no trabajar la tierra; prefería vivir en Palafrugell y Pla de tanto en tanto le mandaba dinero para pagar facturas pendientes.
A la muerte de su padre, en 1944, heredó todas las propiedades, pero como heredero gravado, sin margen para vender nada.
Tardó cuatro años en liquidar las deudas del padre.Vida austeraPla dejó escrito que el oficio de escribir no era una labor casera que se pudiera hacer a ratos perdidos, sino que exigía «el sacrificio de toda la vida».
Es a lo que se dedicó en los 34 años en los que vivió en la masía.
En su día a día apenas salía: caminaba hasta Palafrugell para recoger el correo, comprar algo o ver a algún amigo.
Sus viajes por el mundo se limitaron a los encargos de Vergés para los reportajes publicados en 'Destino'.
Nunca le faltó el dinero, pero vivía como si no lo tuviera.
Si salía una gotera, no lo reformaba; se cambiaba de habitación. «La paz de esta casa es deliciosa, literalmente reconfortante, pero todo está demasiado abandonado».
No instaló calefacción hasta el final de su vida.
Si la casa estaba a 7 o 10 grados, él lo solucionaba acercándose al fuego o poniéndose un jersey más.
Y a escribir.
Sobre la mesa, tenía siempre un fajo de cuartillas y una pluma.
Tampoco faltaban el tabaco, la cafetera y una botella de coñac o whiskyVivía y escribía en el primer piso, junto a la chimenea. «En esta casa estoy bien y trabajo.
Tengo algunos libros a mano».
Sobre la mesa, un fajo de cuartillas y una pluma.
Tampoco faltaban el tabaco, la cafetera y una botella de coñac o whisky. «Solo le ha interesado una cosa en la vida: escribir y, para escribir y animarse, beber, tomar café, hablar sin parar y fumar siempre», dijo Vergés.
Y siempre a mano periódicos.
Y revistas. «Lo único que me ha divertido en el curso de mi vida ha sido, primero, leer, segundamente, escribir».Sus años en la masía coinciden con la decisión de escribir en catalán y con el inicio de su 'Obra Completa'. «Mis escritos me han permitido enfrentarme con las cosas que me gustan: describir un paisaje, el enigma del mar, espiar la insensatez de la vida de los hombres y las mujeres, encontrar un adjetivo para el vuelo de un pájaro, para las piernas de una jovencita, qué decir ante la petulancia de una flor.
El resultado de todo esto no sé cuál es, pero se encuentra en [...] la 'Obra Completa'.
Casi nada, toda mi vida» Don Juan Carlos y Doña Sofía, cuando aún eran príncipes, durante su visita al Mas Pla en 1975 ABCEl éxito lo reencontró con los miles de lectores, de todas las generaciones, que ya lo leían como periodista.
Escritores, artistas y políticos empezaron a peregrinar a la masía.
Don Juan Carlos y Doña Sofía, siendo aún príncipes, lo visitaron en 1975.
Cuando se dejaba entrevistar, a menudo se presentaba ante los periodistas en batín, o en pijama. «La vejez es triste», escribió. «Y si de todas formas llegar a viejo es más recomendable que no llegar, a veces la cosa se equilibra y no está tan clara».
En esa travesía, el Mas Pla fue decisivo. «Esta casa me ha salvado la vida», dijo. ...
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