Elena Mayor, psicóloga: “Con supervisión y diálogo, el verano puede ser buen un momento para introducir el primer móvil”
Consultamos con una especialista qué factores tener en cuenta si vas a darle el primer móvil a tu hijo durante estas vacaciones
Los trucos de un psicólogo especializado para resistir la necesidad de mirar el teléfono todo el rato: “En verano se usa más”
Decidir cuándo dar el primer móvil a un hijo puede ser un motivo de preocupación y numerosas dudas para los progenitores. Muchos padres que llevan tiempo negándose a darle su primer móvil a su hijo se plantean si ahora, cuando están de vacaciones, es una buena época para hacerlo. A simple vista, puede parecer que sí. Y, en cierto modo, lo es.
“Las vacaciones pueden ser una buena oportunidad de hacerlo, pero solo si se cumplen determinadas condiciones”, asegura Elena Mayor, psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim. Repasamos con la especialista cuáles son estos requisitos que debemos tener en cuenta antes de dar el paso de entregar un teléfono móvil a los hijos.
Tiempo y dedicación, un punto a favor
Durante las vacaciones, se supone que todos tenemos más tiempo para dedicarnos a aquello que nos apetece, ya que estamos libres de las obligaciones diarias de trabajo y otras actividades. Si este tiempo de más lo dedicamos a “acompañar a nuestros hijos, puede ser un buen momento para iniciar el primer contacto con el teléfono móvil”, afirma Mayor.
La psicóloga puntualiza, sin embargo, que este tiempo debe dedicarse a “introducir el móvil de forma progresiva, enseñando al adolescente a usarlo correctamente y acompañándolo en el descubrimiento de las oportunidades y de los riesgos que conlleva”.
El móvil para mantenerlos entretenidos, un punto en contra
Si, en cambio, los padres se plantean dar el primer móvil a su hijo para que se distraigan y se entretengan, están cayendo en un grave error. “Corremos el riesgo de usar el móvil como una herramienta para mantener entretenidos a los hijos y tener que ocuparnos menos de ellos. Eso sería un uso inadecuado”, advierte Mayor.
Porque un móvil nunca debe sustituir una conversación ni un momento para estar juntos, y no debe ser “un sustituto de la presencia o del acompañamiento de los padres”, afirma la especialista. “Por tanto, lo importante no sería tanto la fecha, sino la preparación, en reservar un tiempo para hablar con el adolescente antes de entregarle el móvil”, añade.
Pasos imprescindibles antes de darle el móvil
Muchas veces, ante el dilema de dar el primer móvil a su hijo, algunos padres sienten que solo hay dos opciones: no dar ningún dispositivo o entregar un móvil completo, es decir, con llamadas, juegos, mensajes, vídeos, redes, cámara, navegador y aplicaciones. Pero hay una vía más equilibrada: introducir la tecnología poco a poco, no sin antes mantener una conversación sobre su uso.
Para Mayor, es fundamental explicarles las posibilidades y ventajas que ofrece el teléfono, los riesgos que implica, por qué necesitan el control parental, determinar sus derechos, pero también sus obligaciones, así como los límites que se van a establecer para proteger su desarrollo emocional y mental. Una opción es elaborar una especie de ‘contrato’ para que los padres pueden establecer consecuencias claras de antemano sobre lo que sucederá si se incumple alguna parte.
“La supervisión de los padres es imprescindible, sobre todo durante los primeros meses. Debemos revisar, cuando sea necesario y de forma acordada previamente, el uso que hacen del móvil y de sus aplicaciones”, explica Mayor.
Nada de esto es gratuito: de acuerdo con este estudio de Unicef, el uso intensivo del móvil en la adolescencia se asocia a mayor ansiedad, peor calidad de vida y mayor exposición a situaciones de acoso, que muchas veces viene motivada por el uso de redes sociales, diseñadas para captar la atención de los adolescentes con estímulos intensos y breves.
“El verano debería ser un tiempo para descansar y compartir más tiempo en familia y amigos y puede ser también una buena ocasión para enseñar que el ocio no depende del móvil”, afirma Mayor, que aconseja “aprovechar estos días para conversar con calma, compartir actividades y ofrecer alternativas de ocio, para que el adolescente entienda que el teléfono es una herramienta útil para comunicarse y aprender, pero no es imprescindible para divertirse ni para relacionarse”, advierte Mayor, que defiende además que “la diferencia no la marca el calendario, sino el acompañamiento que hagan los padres”.
¿Está mi hijo preparado para tener su primer móvil?
La pregunta no es solo el cuándo, sino el cómo. Una de las principales cuestiones que un padre puede hacerse es a qué edad debe darle el primer móvil a su hijo. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, “la madurez no depende solo de la edad, sino del momento vital de cada adolescente y de la capacidad de la familia para acompañarle en ese proceso”, afirma Mayor. Porque un adolescente puede estar más preparado que otro para gestionar el uso del móvil que otro de la misma edad.
Si bien no existe una edad concreta, en palabras de Mayor, “consideramos que antes de los 16 años conviene ser especialmente cautelosos con el acceso a un teléfono y, sobre todo, con el acceso libre a las redes sociales”. Muchas veces, existen alternativas al “todo o nada, como teléfonos que permiten mensajes y llamadas, pero sin acceso ilimitado a internet o a las redes sociales”, reconoce Mayor.
Otras veces, la madurez del adolescente “depende también de la implicación de los padres. ¿Lo estamos utilizando para supervisar su uso?”, advierte Mayor. No se trata solo de darles el móvil sin más, sino de “poner límites, supervisar, enseñar y acompañar, hasta que el propio adolescente sea capaz de autorregularse. De ahí que la madurez no se mida por la edad, sino por la combinación de desarrollo emocional, responsabilidad personal y una supervisión familiar activa”, afirma Mayor.
Cómo establecer pautas de desconexión
Recibir un teléfono móvil por primera vez puede ser una valiosa lección de vida para un hijo. Pero es importante que comprenda que tener uno conlleva una gran responsabilidad. Establecer un conjunto de reglas que tanto padres como hijos acuerden seguir puede ayudarles a comprender mejor esa responsabilidad. La primera condición es predicar con el ejemplo: debemos limitar el uso del móvil y priorizar la interacción familiar.
Para Mayor, también es importante establecer horarios de desconexión. “Una medida sencilla es dejar el móvil de toda la familia en un lugar común a partir de las diez de la noche y no volver a usarlo hasta las doce del mediodía del día siguiente. Se puede permitir un uso limitado de 45 minutos, al mediodía, y otros 45 minutos por la tarde”.
Este tiempo de desconexión debe servir también para evitar usar el móvil mientras se hacen actividades de ocio, como “durante las comidas, la playa, en el cine o al tomar algo porque el objetivo es vivir esos momentos y favorecer una atención de calidad a las otras personas”, explica Mayor.
También es importante establecer normas, es decir, que “no descarguen aplicaciones sin la autorización de los padres, que no publiquen fotografías suyas ni de otras personas sin su consentimiento, que no compartan datos personales, que se comuniquen solo con las personas que conocen y que informen a un adulto si reciben contenidos incómodos u ofensivos”, advierte Mayor.
¿Y si se resisten a cumplir con lo pactado?
Lo primero que podemos esperar ante las normas impuestas es que se enfaden. Cuando esto ocurre, debemos “escucharlos y transmitirles un mensaje del tipo: ‘Entiendo que te moleste dejar el móvil, pero este límite sigue siendo importante para ti’”. Como padres, debemos “comprender que el malestar forma parte del aprendizaje y que tolerar la frustración les ayudará a su desarrollo emocional”.
Aunque a veces cueste, es importante que estas normas se mantengan desde la calma, por lo que no suelen funcionar mensajes del tipo “’porque lo digo yo’ o ‘te aguantas’. Los adolescentes necesitan comprender el sentido de las normas y sentirse escuchados” y, con el tiempo, seguridad, escucha, paciencia, confianza y diálogo, llegarán a comprenderlo, porque son “elementos que contribuyen a un desarrollo emocional más saludable y les ayudan a afrontar mejor las presiones del entorno”, concluye Mayor. ...
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