La turra televisiva del expresidente

Javier Ruiz ha entrevistado a Zapatero .
Y ha sido tan incisivo con el expresidente como un panda bebé con su peluche favorito rodando abrazados por una suave ladera de césped recién cortado.
Ha empezado implacable (ejem), disparando a la línea de flotación (ejem, ejem): «Presidente, ¿se ha corrompido usted?».
Y Zapatero, claro, contestaba que no.
Que en absoluto.
Que por quién me toma usted.
Y nadie podrá decir que Ruiz no fue a lo mollar ni que Zapatero esquivó la pregunta.
Repreguntar, lo que se dice repreguntar, ya tal.
Ambos estaban muy en su papel, porque ha quedado claro desde el principio que esto era un teatrillo , una representación pretendidamente solemne: Ruiz hacía como que era mordaz e implacable, Zapatero como que, pese a que le ponían contra las cuerdas, era capaz de resolver, y, nosotros, como que nos lo creíamos todo.
Pero no se lo creían ni ellos.
Y se notaba.
Esta tramoya se dirigía a un público muy concreto, al que ya antes de empezar estaba convencido de que RTVE es el único medio ecuánime, que Javier Ruiz es ejemplaridad periodística y, José Luis Zapatero, un hombre probo perseguido precisamente por su bonhomía y dispuesto a someterse, humilde e inocente, a la fiscalización del cuarto poder.
Porque no tiene nada que ocultar.Todo mentira: ni RTVE es independiente y rigurosa, ni Javier Ruiz pretendía nada más que facilitar un camino de rosas al expresidente en su particular versión autoexculpatoria , ni este buscaba algo que no fuera proclamar su inocencia con ese tono de curilla.
Apenas se ha tocado el tema de Plus Ultra (lo justo para que no se pueda decir que se ha esquivado), y sí el de las joyas.
Joyas que a Zapatero, pobre, le dan ya alergia.
A él, que jamás ha pisado una joyería, lo cual es lógico cuando son regaladas (a menos que uno sea esos con los que nunca se acierta y hay que dar ticket regalo).
Y aquí, sobre las joyas, es donde se nos ha hecho carne el Zapatero Poeta relegando al Zapatero Jeta: «Son fruto de una cortesía personal, sin uso, ni destino, ni afán patrimonial».
Detengámonos un momento en este ripio casi ismaelserranítico, de ranchera con despecho, que se ha marcado, espontáneamente y sobre la marcha.
Las joyas, nos indica, no tenían uso (no se las ponía ni Sonsoles ni las niñas para salir, rumbosas y emperifolladas al pasear), ni destino (no había para ellas un fin último establecido, fuera este el que fuera), ni afán patrimonial (no contribuían a incrementar el legado acumulado).
Esas joyas, parece, son poco más que una anécdota familiar, casi un incomodo.
Por no servir, no servían ni para decorar, pues escondidas en una caja fuerte, junto al móvil de Gertrudis, es descartado el afán exhibitorio.
Ni ha despejado ninguna duda, ni ha dado ninguna explicación, ni se le ha arrancado ninguna confesión.
Zapatero ha comparecido ante inquisidor amigo, que ponía caritas de tipo duro para hacer creible el sainete, a saber por requerimiento de quién (dudo que por iniciativa propia).
Para decir, en definitiva, que él, pio pio, no ha sido.
Sin mayor argumento que ese, que su viejo y querido «¿pero cómo podría usted pensar eso de mí?».
Un error, como entrevista y también como publirreportaje.
Si de esto gana algo alguien no es Zapatero.
Tampoco Ruiz.
Será, en todo caso, el de siempre. ...
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