La capacidad de figura de Roca Rey rompe el maleficio de la puerta grande

Tuvo que asomar la capacidad de figura de Roca Rey para alzarse a hombros después de ser el primero en desorejar a un toro en esta feria.
De amable expresión era, chiquito para un torero tan grande, pero dio un juego estupendo, con mucho que torear, y el peruano lo exprimió con entrega desde el saludo, variado y con determinación.
Guardó silencio la plaza en las saltilleras, y hasta callaron los veinte antitaurinos que maullaban eso de que «la tauromaquia no es cultura».
Veinte pelagatos, siendo generosa -la pancarta abultaba más-, frente a los miles que abarrotaban los tendidos.
Toreaba el Cóndor y se palpaba en el ambiente.
Hasta en el Santemar, cuartel general de la afición, el hotel de Rosario y Francisco, se notaba.
Cartel de 'No hay billetes' en la plaza y los autobuses.
Sonaba el Himno Nacional mientras Roca hacía la señal de la cruz.
Para santiguarse después, como una señora del palco en el explosivo quite, rematado con dos de pecho y una espaldina.
Aquella firmeza presidió también su faena, con el repetidor Ermitaño loco por arrancarse.
Sin pestañear los estatuarios.
Y ligadas las series, con la búsqueda de aquel boyante viaje, donde masticó despacio unos naturales de mando.
Enloquecieron los tendidos con aquellos ochos sobre una moneda de un céntimo y la conexión creció aún más en las bernadinas: a milímetros del toro, pidió café con hielo mientras el graderío ardía.
La estocada -¡cómo hace la suerte!- fue la guinda para amarrar las dos orejas, las únicas del serial, a falta de la segunda cita de Morante, que colgará el tercer cartel de 'boletos agotados' en un ciclo de más público que toros, aunque la corrida de Juan Manuel Criado, dentro de sus amables y terciadas hechuras, al menos fue más bonita, y con algunos toritos con opciones.
Pero se fue Victorino y bajó de nuevo el trapío.La antítesis fue Jareño II, que nada que ver tuvo con aquel embestidor Ermitaño.
Manso y geniudo -con el defecto añadido de vencerse y desentenderse (el pase por alto lo dejó más a su aire)-, resultó muy desagradable para estar delante, pero Roca no le volvió la cara pese a esa incomodidad.
El descabello emborronó su labor.
Ejerció el limeño de padrino de la alternativa de Tomás Bastos, la ilusión portuguesa que apodera Cristina Sánchez.
Era el momento de soñar en grande, de hacer el camino donde la barba crece de verdad, aunque novillos mayores habrá despachado.
Lo hizo con un torito a modo, Jareño de nombre, de poder contado pero con calidad.
Por esa falta de fuelle se defendió de salida y le arrancó el fajín, pero su intención era embestir si no tocaba las telas.
Con dos pases cambiados descorchó su esperanzadora faena, con dos series con su aquel a derechas.
Muy pronto se rajó y Bastos quiso levantar los ánimos con unas bernadinas apretadísimas.
Lástima que el acero del toricantano viajase a los bajos.
Asomó el moquero verde en el sexto y salió un sobrero del hierro titular, con el que se arrebató en el saludo y en unas saltilleras en las que, si el animal no llega a doblar las manos, se lo lleva por delante.
Quiso mucho el luso en este Corrobla, al que cortó una oreja.
Ahí quedaron unos bonitos ayudados rodilla en tierra en un doctorado de luces y sombras.
Hay que verlo más.
Feria de Santander Coso de Cuatro Caminos Viernes, 23 de julio de 2026.
Séptima corrida.
Cartel de 'No hay billetes'.
Toros de Juan Manuel Criado, incluido el sobrero (6º bis), cuatreños, de amables caras y terciados en general; de juego desigual, los hubo con opciones; el mejor fue el estupendo 2º, Roca Rey, de nazareno y oro: estocada delanterita (dos orejas); estocada perpendicular que escupe y cinco descabellos (silencio tras asviso).
Pablo Aguado, de burdeos y azabache: estocada caída (silencio); pinchazo y estocada (saludos).
Tomás Bastos, de blanco y plata: estocada baja y descabello (saludos tras aviso); pinchazo y estocada caída (oreja).Toreramente lo bordó rodilla en tierra Pablo Aguado en el quinto, que se estrelló contra las tablas en la apertura sentado en el estribo.
De buena condición el de Criado, con un pitón zurdo por el que gotearon la sevillanía y la naturalidad.
Nada tan despacioso se vería como aquella trinchera de los inicios, de la que pocos se enteraron.
Luego pinchó y se esfumó la opción de cortar una oreja a un toro que la tenía, aunque le faltase mayor empuje.
Sin continuidad y con esa manera de venirse encima el tercero, al que sí cazó a la primera. «Lo hemos pasado bien», decía El Fundi al subir al bus mientras aupaban a hombros a Roca Rey, que rompía el maleficio de una puerta grande cerrada a cal y canto para los matadores. ...
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