미디어 커버리지1건1개 미디어
정치
보수 성향

Diario de los evacuados por el fuego: «Ni nos conocíamos y ahora nos cuidamos como hermanos»

ABC.es
Diario de los evacuados por el fuego: «Ni nos conocíamos y ahora nos cuidamos como hermanos»

Los vecinos de Cadalso de los Vidrios afrontan su tercera noche durmiendo en el polideportivo municipal Rafa Martínez de Móstoles.

Por otro lado, los vecinos de Aldea del Fresno acumulan un total de cinco noches durmiendo en camillas en el polideportivo municipal de Villamanta .

Todos ellos llegaron a sus destinos de acogida con la idea de pasar una noche, pero ahora la espera se ha convertido en el verdadero enemigo.

El fuego ya no es la única preocupación, las horas se han convertido en el verdadero enemigo.

Quizás por eso, el aire en Villamanta se percibe más denso y el agotamiento empieza a hacerse cada día más evidente.En ambos pabellones, decenas de ventiladores tratan de aliviar el calor, los alimentos donados se amontonan y los voluntarios se vuelcan en la atención de todos aquellos que la precisen.

En Villamanta, muchos buscan un respiro al aire libre y por eso trasladan las conversaciones al exterior.

En Móstoles, los niños han convertido las colchonetas de gimnasia artística en un improvisado parque de juegos mientras los adultos permanecen a la espera de cualquier novedad.

En ambos casos, entre camillas, mantas y sobremesas ha surgido una convivencia inesperada: vecinos que apenas se conocían antes del incendio hoy comparten confidencias, preocupaciones y una misma esperanza, la de volver a casa cuanto antes.

En el Rafa Martínez permanecen alojadas 97 personas desde la mañana del sábado.

A la entrada, la ropa secándose en tendederos improvisados es el reflejo del paso de los días.

En uno de los extremos del pabellón los diferentes hogares tratan de mantener un orden, a pesar de la poca distancia que separa a unos de los otros.

La otra mitad de la instalación todavía conserva los aparatos de gimnasia artística del club deportivo, que ahora sirven como una improvisada cancha de fútbol para los más pequeños.

Más de una decena de perros conviven también con sus dueños, otro de los efectos colaterales de una evacuación que nadie imaginó que se prolongaría tanto. «Las horas aquí no pasan».

La frase se repite con pequeñas variaciones en ambos espacios.

Yohanna, de 41 años, llegó desde Cadalso junto a sus dos hijas y su marido. «Sales, entras, das una vuelta...pero no mucho más.

El cúmulo de días y el cansancio afectan mucho», explica sentada en una de las mesas del polideportivo de Móstoles.

Aunque insiste en agradecer el trato recibido, reconoce que la rutina es lo que más termina pesando y con el paso de los días los ánimos van disminuyendo.

Su preocupación por el estado de la vivienda familiar se mezcla con su futuro laboral.

Trabaja como conductora de VTC y el teléfono corporativo quedó dentro de la casa evacuada, por lo que no ha podido avisar de su ausencia.

Nicolle, de 29 años, sostiene en brazos a su hijo Elías, de apenas un año.

Al llegar el pasado sábado, les ofrecieron una cuna y leche infantil para que el bebé estuviese en las mejores condiciones posibles. «Nos han tratado muy bien», repite mientras Elías no para de jugar con su camiseta.

Nicolle es peruana y la mayor alegría de estos días se la ha llevado al encontrar a una compatriota que vivía en el mismo pueblo y con la que jamás había coincidido. «Nos hemos unido mucho más, ahora nos tendemos la mano los unos a los otros», explica con la emoción en su rostro.

Sus días pasan más rápido porque Elías, que es un niño muy risueño, la mantiene entretenida. «En el polideportivo han adaptado una parte con juegos para los más pequeños, es donde más tiempo paso», comenta Nicolle. «Nos hemos unido mucho más, ahora nos tendemos la mano los unos a los otros» Nicolle Evacuada de Cadalso de los vidriosEse sentimiento de comunidad aparece una y otra vez entre los evacuados.

Harol, de 23 años, observa el pabellón desde las gradas acompañado por Cloe, su perra.

El sábado estaba convencido de que al día siguiente podría volver a su casa, pero ahora comienza a pensar que esto no va a tener final.

Aprovecha los días para descansar y pasear a su perra, horas monótonas que le aportan momentos de tranquilidad dentro de la situación terrible que tiene que vivir.

Reconoce que el ambiente ha cambiado con el paso del tiempo: «Al principio cada uno iba por su lado; ahora ya conversamos, hacemos bromas y nos vamos conociendo poco a poco».

Imágenes de diversos evacuados de Cadalso de los Vidrios y Aldea del Fresno.

Matías Nieto Algo similar cuenta Adoración, de 70 años, que comparte una pequeña sala del polideportivo con otras quince camas ocupadas por vecinos de Cadalso. «Estoy desubicadísima», admite.

Los nervios apenas la dejaron dormir las primeras noches, aunque el cansancio termina imponiéndose.

Lo que más le ayuda es intentar llevar una rutina, así que para comenzar sus días siempre sale a desayunar con su marido.

Aparte de los paseos que le permiten respirar aire fresco, el pasatiempo favorito de Adoración es conversar con sus vecinos, que le permiten alejarse de la tristeza.

En Villamanta el ambiente es distinto.

En el pabellón acoge a más de 200 desalojados, cada noche se acuestan deseando que sea la última.

Allí llevan más tiempo conviviendo y eso se percibe en el desgaste mental de todos entre estas paredes.

Los animales aparecen constantemente en las conversaciones.

Unos preguntan por los perros que conviven con ellos; otros recuerdan con angustia a los conejos, gatos o pájaros que tuvieron que dejar atrás.

Noches durasAurora, de 39 años, e Indelfonsa de 77, no se conocían, pero desde el jueves, no se separan.

No solo ellas, la hija de una y la nieta de la otra se conocían de vista y ahora piden dormir juntas. «No habían hablado nunca y se han dado la mano la una a la otra y eso me tranquiliza», explica Aurora.

Ambas reconocen que las noches son duras, están agotadas y «la cabeza no descansa».

Su tiempo evacuadas lo invierten en charlar, y esperan que su amistad ya no se rompa.

Jessica, de 41 años, también llegó desde Aldea del Fresno junto a sus hijos, de 5 y 12 años: «Cada día es más difícil.

Todas las noches pienso que al día siguiente nos dejarán volver y todas las mañanas llega otra decepción».

Ella pasa las horas hablando con sus vecinos, mientras la pequeña lo vive como un juego, algo que libera a su madre.

Después de tantos días encerrados, dice haber aprendido una lección inesperada: «Estamos aprendiendo a tener paciencia».

Profesores voluntariosMientras los adultos esperan noticias, los niños se divierten y juegan, para gran alivio de sus padres.

Nerea, Carlos y María, tres profesores de Educación infantil y Primaria de Móstoles, decidieron acudir como voluntarios para entretenerlos.

Ayer pasaron toda la jornada con ellos y hoy han vuelto, un gesto que tanto niños como padres les han agradecido.

Han jugado tanto con los menores que algunos se han despertado esta mañana con agujetas.

Otros, han cogido la suficiente confianza como para contarles lo sucedido. «Hablan del miedo que sintieron al ver las llamas, de la evacuación apresurada o de la preocupación de los animales que dejaron atrás», cuenta María.

Una niña incluso llegó a confesarles que seguía muy asustada, pero que sabía que le tranquilizaba saber que su familia estaba bien.

Por otro lado, en la parte trasera del pabellón de Villamanta, una treintena de vecinos han encontrado otra forma de combatir la espera.

Desde hace dos noches cocinan platos tradicionales marroquíes para compartir con todos los evacuados.

Ayer prepararon un estofado; hoy, msemen (una especia de masa hecha a base de harina, agua y mantequilla).

Entre todos repartirán cerca de 400 raciones que han preparado con ingredientes comprados aportando «lo que cada uno puede», explica Mourad. «Trabajamos tanto que yo ni siquiera conocía a los vecinos que también vinieron de Marruecos.

Ahora nos cuidamos como hermanos», relata Mourad entre las cocineras del día.

Los evacuados mantienen la misma rutina desde hace unos días : desayunar, esperar, comer, esperar, cenar y volver a esperar.

Un bucle que sienten interminable y cada vez perjudica más a nivel psicológico.

Lo único que no ha cambiado desde que abandonaron sus casa es que ya no esperan solos. ...

전문 보기

이 뉴스, 어떠셨어요?

탭 한 번으로 반응 · 로그인 불필요

관련 뉴스

관련 뉴스 제보는 로그인 후 가능합니다.